Variedades

Parramplanes ratamplanes y pirrimplines ritimplines


— Por Porfirio García Romano —

Para el 14 y 15 de septiembre, las bandas de guerra, ahora bandas musicales, la Ťimpecable elegancia de las guapas palillonas cual doncellas de amorť, las coreografías y monumentales desfiles colegiales nos hacen reflexionar sobre algunos aspectos imperceptibles de nuestra cultura nicaragüense.;


Nuestra cultura es un fenómeno dinámico y cambiante, que consolida y define nuestro ser nicaragüense contemporáneo. Paradójicamente, es en las máximas fiestas de un país, las que supuestamente exaltan el concepto de patria: conjunto de personas asociados entre sí de corazón y voluntad a una nación, donde aparecen efectos totalmente contrarios a lo que se pretende hacer valer y destacar de nuestra identidad nacional.;


Las bandas de guerra colegiales, que tienen en el fondo fomentar las formas más oscuras del militarismo, sino ¿cuál era su objetivo en cuarenta ańos de dictadura somocista?, lamentablemente se han hecho tradición y parte de nuestra cultura. Más con formas y marchas que le pararían los pelos a quienes tuvieron la desgracia de vivir en algún momento de su vida los estragos del fascismo.;


Bandas de guerra tocando e imponiendo marchas gringas foráneas, pero que a fuerza de la costumbre parecerían a algunos lo más auténtico de la cultura de su país. Más de alguno al son de estas marchas en algún momento fácilmente vituperearía: Ąmuera Japón! ĄViva la Victoria del Golfo! Y no sería difícil que alguna parte del desfile luzca como boina verde.;


MALA IMITACION;


Padres de familia, sobre todo familias de escasos recursos, hacen su mejor esfuerzo para comprar el vestido de gala, para que su hijo luzca de quepis y charreteras verdes, kakis o azules mal imitando un lenguaje militarizado que elogia, no los mal vestidos soldados de San Jacinto o Sandino, que llegaron a defender esta tierra con una piedra, sino para citar a Otto René Castillo, la arrogancia y petulancia de los coroneles que orinan los muros de la patria.;


Y qué decimos de las muchachas, las hijas humildes o de clase media de nuestro pueblo, vestidas para lucir con su falda chinguita la enseńanza de su fresca juventud. Si las bandas de guerra están en el ejército para exaltar y levantar los ánimos, qué decir de las palillonas, asediadas por los fotógrafos de los diarios para alegrar el ojo enseńando el tronco de los muslos con el glúteo o la punta del calzón.;


Horas de práctica en ensayos diarios en nuestros colegios, algunas prácticas que sin exagerar duran todo el ańo. Todo para ir un día vestidos a lo militar, en marchas militares, el tambor, el clarín, marcando el paso a saludar a quienes hoy en la patria propugnan civilismo a ultranza, hasta la eliminación del ejército. ¿Qué sentido tiene todo esto?;


¿Qué actitudes? ¿Qué tipo de formación se están creando aquí? ¿Qué pueden dejar a nuestros jóvenes estas prácticas marciales ya eliminadas incluso en algunos países de al lado, que inculcan entre otros el amor a los símbolos por los símbolos, mientras la patria toma una definición abstracta idealizada e inasequible?;


¿Cómo se puede hablar de los verdaderos valores de una Patria que es la tierra pero también el pueblo, y su cultura se ve asediada por despiadados procesos de aculturización entronizando supuestos símbolos de progreso desde los templos y altares de hamburguesas diciendo que con ello ya no volveremos a andar en taparrabos?;


¿QUE NOS DEJAN?;


¿Qué cosa además de más pobreza en los bolsillos de los orgullosos padres pueden dejarnos los desfiles y bandas de guerra? En muchas oportunidades me he preguntado sobre este fenómeno desde el punto de vista cultural. ;


Me he preguntado si no hay algo más que el insulso cansado y atontador Ąrataplán pan plan! Y me parece que en el fondo hay un tanto de burla inconsciente en cierta creatividad que los jóvenes han infundido en estas pretendidas marchas marciales y Ťmagnasť maniobras. Parece que sí, hay algo de creatividad que se puede comentar como hecho cultural.;


Creo que hay dos factores que intervienen en la asimilación y propuesta de estas audaces intromisiones que fomentan la guerra y niegan la forma y hasta la letra de paz de nuestro himno nacional, además de que esta actividad se vuelve en una vía de entretenimiento juvenil que aleja a la muchachada de las drogas, pero también de los estudios.;


INTEGRACION ECLECTICA;


Uno de estos factores es la integración ecléctica a las marchas de música de todo tipo de música. Desde la música del Güegüense, el palo de mayo, el atabal de la Gigantona de León, alguna que otra mazurca y polka nicaragüense, que nos puede llenar de cierto orgullo, hasta otro tipo de música que incluye hasta ĄAy cosita linda mamá! de la Sonora Matancera a la última balada del Hit Parade actual ŤSi te pudiera mentirť, cantada por Marco Antonio Solís.;


La otra forma es la integración de formas bailables en la marcha. A la entrada de la lira que introduce una cumbia, un merengue y no es capaz de negarnos ningún estilema musical que va desde ŤEl huamaqueńoť hasta una balada de Juan Gabriel, llega también pases de baile no marciales pero sí tropicales de humildes muchachas.;


Ellas en cumplimiento del mando del Ministerio de Educación, nos hacen olvidar, un día cualquiera de prácticas, por la gracia con la que bailan y no por el morbo, de lo que en verdad encierran estos parramplanes no tan ritimplines.;