Variedades

Nuestra América


— Lesbia Espinoza Gutiérrez —

Tras el Quetzal, las estrellas y el amor.;


Amorosos divinos. Están bien, verdad? Estamos bien entonces.;
Hacia dónde vamos hoy, qué rumbo tomar? Bueno, ya estamos aquí;
reunidos y todavía no sabemos adónde vamos. ĄQué cosa más grande;
la vida, chico!. Sí igualito, así dicen los cubanos. Y cuál será;
esa cosa? Ehh? Bueno, la verdad es que estamos un poco;
anonadados. Como que el huracán Mitch no nos ha soltado todavía;
y nos está revolcando. Ahh, ca ira, ca ira; (sa yrá, sa yrá) como;
dicen los franceses. ;


Resulta que el amigo, Mario Flores, desea un viaje por los;
templos del arte, las catedrales y admirar la creación forjada;
con hierros y cementos. Como buen arquitecto al fin. Y la vedad;
que quisiéramos complacerlo. Igual nos pasa con el Ingeniero;
Enrique Brockman, a quien teníamos, uuhhh, tiempos de no ver.;
Desde que nos bachilleramos en el antiguo y gran Instituto;
Ramírez Goyena. Qué alegría volver a verlo. ;


Bueno, y así entre ingenieros y arquitectos, mejor le pedimos a;
los especialistas que nos preparen pronto un viaje especial para;
admirar la arquitectura de uno de nuestros países de América. No;
les parece?;


Estamos prestos a salir hacia lo más espeso del verde intenso del;
país. Pues ante la tristeza de no encontrar al recordado y amado,;
siempre amado Padre Antonio Gallo, ni a la querida Profesora;
Guillermina Herrera, qué otra cosa hacer ante la Cara Guatemala.;
Cuánta solidaridad, ternura y amor nos brindó este cura jesuita;
italiano que vino desde hace unas de treinta lunas, a echar su;
suerte al lado de los indígenas y los jóvenes guatemaltecos. El;
superamoroso de Machuca, nos acompańa a este encuentro con los;
viejos patios y salones de la Universidad Rafael Landívar. Ohh;
melancolía. Vámonos antes de padecer un paro cardíaco.;


Si estamos en el país de la eterna primavera; pues no perdamos;
continuidad a este viaje y sigamos acá por ahora. Perdónenme,;
pero la verdad que yo lo que quisiera, es adentrarme en una;
niebla espesa del bosque maya par ver si de una buena vez,;
termino por ver al menos un quetzal. Ańos de buscarlo sin poderlo;
encontrar. ;


El Pharomachrus mocinno, que quiere decir ave de gran;
luminosidad, pues viene del latín; Pharo, luz y macrus, grande.;
Supuestamente el quetzal habita en los bosques de niebla, donde;
la cubierta vegetal de los bosques es muy densa, con árboles;
siempre verdes, con plantas de helechos gigantes, algunos;
helechos llegan a medir más de 15 o 20 metros de altura. ;


Bueno, vayamos con cuidado por esta zona, lo más calado posible,;
digo yo, no vaya a ser que se espante al oírnos o vernos. Ahh,;
sí, porque estos animalitos tienen una vista increíble, y una;
percepción difícil de inigualar. Lo que dicen los campesinos;;
"son bien ariscos".;


Dicen que los machos, se entiende, las aves quetzal macho son más;
lindos que las hembras. Y sobre todo, cuando están enamorados;;
por la cantidad de piruetas que hacen en sus vuelos;
espectaculares. No digo yo, si cuando los machos están;
enamorados, son capaces de quebrarse la vida en el aire, con tal;
de conquistar a su amada. Ayy mamita. Pero una vez que ya la;
paloma cae, digo la mujer o la quetzal en este caso, no hay más;
pirueta ni salto doble. Se acabaron. Se le olvidó todo al;
supermacho.;


Bueno, y qué hacemos entonces? Nos quedamos cuánto tiempo por;
aquí, amores? A mí me apetece ver en estas alturas una mancha de;
mariposas azules, unos cuantos colibríes y otro tanto de;
quetzales. Claro, creo que no van a andar en bandadas, a;
excepción de las mariposas.;


Pero a lo mejor unos cuatro o seis colibríes y quetzales juntos,;
sí. Ay Dios santo, todo lo que despierta esta ave, cuya cola con;
su bello plumaje de colores, es casi tres veces mayor que su;
cuerpo. Todos sabemos, según se ha venido contando de generación;
en generación que el Quetzal era considerado por los;
meosamericanos como un símbolo de vida, fertilidad y abundancia. ;


Tanto así que Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566), afirmaba;
en sus relatos que el capturar o cazar un quetzal era considerado;
un delito de gran ofensa y ellos, los indígenas, castigaban este;
hecho con la muerte.;


Por hoy vámonos a descansar. Ya veremos si luego salimos a ver;
la fase final de la lluvia de estrellas y nos encontramos nuestra;
propia estrella perdida. Chao amores. No abandonen la ternura.;