Variedades

Ballet Kilandukilu


Doren Roa

Haciendo mérito al significado de su nombre, que en el dialecto Kimbundo significa diversión, el Ballet Nacional de Angola Kilandukilu arrancó palmas y desbordó energía en la presentación realizada en el Teatro Nacional Rubén Darío, con motivo de su gira por Costa Rica y Nicaragua.
La mencionada gira se debe a la 9na celebración del Festival de la Diáspora Africana, con sede en Costa Rica desde 1999, la cual pretende institucionalizarse en nuestro país.

En escena
En el espectáculo observamos que las características danzarinas son, sin duda, un tanto similares a los movimientos de los hermanos de la Costa Caribe cuando se entregan al baile del Palo de Mayo. El vestuario también se asemeja mucho, a excepción de algunos detalles: hombres con sus rostros pintados y las mujeres se adornaban con círculos color blanco en brazos, piernas y vientre.
“Oh Angola, Oh, Oh” fue el complemento a capella entre la ejecución de las percusiones y los silbatos. Distintas obras destellaron tradición, rituales y ritmos contemporáneos. Algunas de ellas fueron “O sonho da contemporaneidad de”, además de aperturas de percusión, “Tchianda”, una danza de fiesta relacionada con la ceremonia de percusión o de la amistad entre los pueblos de la región de Lunadas y Tchokwe, entre otras.
La coreografía dejó boquiabiertos a muchos, pues sin duda el profesionalismo y el esfuerzo se vieron reflejados en su sincronía y excelente coordinación en cada uno de los movimientos ejecutados en su tiempo y espacio. Los sonidos a base de instrumentos tradicionales de África, como el djembé, el reco-reco, batuque, gaietas, bate-bate y puita retumbaron al compás de sus pasos.
Nada los detuvo
Y a pesar del apagón que sufrió esa noche la zona del Teatro Nacional, que impidió que los cambios de luces fuesen puestos en escena para hacer aún más atractiva la presentación de Kilandukilu; la luz ‘plana’ que se utilizó no opacó la algarabía y la simpatía que cada uno de los integrantes del ballet transmitió al público presente.
En una de las intervenciones, los músicos africanos que ponían el ritmo a base de percusión hicieron su demostración individualmente. Cada uno de ellos, con su instrumento entre las piernas, bajó de la pequeña tarima diseñada y se acercó al público con el fin de demostrar sus habilidades al ritmo de palmas que convocó la puesta en escena.
La diversión no llegó hasta ahí. Algunos de los presentes subieron al escenario a compartir la danza y el amor por el arte y la cultura. Kilandukilu rompió el hielo desde su entrada hasta su salida. A través de la música y la danza demostró que no existen fronteras para unirnos.
Esta presentación, matizada en su totalidad con ritmos del corazón, fue promovida por la Fundación Arte y Cultura para del Desarrollo, una organización sin fines de lucro, y la Camerata Bach.