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Violencia intrafamiliar

Queda, por lo general, dentro del núcleo familiar, afecta a millones de personas en el mundo y las principales víctimas son las mujeres (I parte)

Cuando hablamos de violencia intrafamiliar nos referimos al maltrato de tipo psicológico, sexual o físico que una persona da a otra en el ámbito familiar. Éste se puede propiciar a niños, mujeres, ancianos u hombres.
La violencia intrafamiliar es un problema mundial que afecta a millones de personas y crece año con año. En nuestro país muchas veces permanece oculta dentro del núcleo familiar y quienes más la sufren son las mujeres.
De los maltratos que se dan a lo interno de la familia, el físico es el más evidente. Entre las acciones que efectúa el agresor: puede golpear, jalar del pelo, agredir con objetos, etc. Por lo general el agresor es de sexo masculino, aunque existen casos en los que la mujer es la agresora.
El maltrato psicológico aparece, por lo general, antes del físico. Comienza con insultos, continúa con intimidaciones, desprecios y en algunas ocasiones con el aislamiento de la víctima, hasta llegar a convencerla de que es merecedora de las agresiones que sufre; con esto el agresor garantiza que la agredida no comunicará lo que le sucede.
Muchas víctimas de la violencia doméstica definen el maltrato psicológico como peor que el maltrato físico. Los moretones y los golpes desaparecen con el tiempo, pero el dolor y el resentimiento que les causa el maltrato psicológico puede que no desaparezcan nunca.
Violencia sexual
Por violencia sexual entendemos la imposición por parte de uno de los miembros de pareja, mediante intimidación o agresión, a la realización del acto sexual en cualquiera de sus formas. Otra forma de violencia sexual que se comete con bastante frecuencia es obligar a tomar o a no tomar anticonceptivos, así como hacer que la mujer se someta a abortos.
Uno de los casos más dramáticos y dolorosos que me ha tocado atender en mi ejercicio profesional fue el de una joven de 28 años quien desde hacía tiempo venía sufriendo maltrato psicológico y físico de parte de su marido; resultó que su hijo menor de dos años enfermó de neumonía, luego fue hospitalizado y a los pocos días falleció.
Como todos podemos imaginar, la madre se encontraba muy adolorida. Después de los funerales, por la noche, el marido la obligó a tener relaciones sexuales, después de este acontecimiento la mujer cayó en un profundo cuadro depresivo y además de rechazo comenzó a sentir odio hacia el marido, pero también experimentaba mucho temor debido al carácter violento de éste.
La violencia intrafamiliar puede presentarse a cualquier nivel social, en cualquier creencia religiosa, a cualquier grupo de edad, en matrimonios o uniones de diferente o igual nivel de educación, en personas pertenecientes a la misma o a diferente cultura.
Hay ocasiones en las que la violencia inicia en la etapa de noviazgo y continúa en el matrimonio. Es importante que los padres vigilen los noviazgos de sus hijos, principalmente si son adolescentes, para que se den cuenta si existe violencia de tipo psicológica o física en la relación y así poder aconsejar adecuadamente a sus hijos.
El establecimiento de la violencia
Cuando se establece la violencia intrafamiliar en el matrimonio es muy probable que ésta continúe cuando ya estén separados o divorciados, lo que perjudica mucho la estabilidad emocional de los hijos.
En los casos de los maltratos más violentos, las agresiones físicas comienzan durante el embarazo.
¿Qué mujeres pueden ser objeto de maltrato?
• Las que podrían tener problemas de autoestima anterior a su relación con el agresor.
• Quienes provengan de hogares desestructurados donde ocurría violencia intrafamiliar.
• Mujeres con trastornos de personalidad.
• Afectadas por trastorno obsesivo-compulsivo, lo que hace que mantengan la relación de pareja aunque estén viviendo situaciones de maltrato.
• Como producto de la situación de maltrato durante años desarrollan sentimientos de miedo, impotencia, aislamiento, culpa, vergüenza y muchos trastornos psicológicos.
La mujer tolerante
El agresor procura que la persona agredida dependa económica y psicológicamente de él. Esto lo lleva a cabo con amenazas directas, agresiones o por la compleja situación de dependencia que poco a poco ha creado; es muy hábil para hacerle creer a la víctima que no existe escapatoria posible. Pero no sólo la convence, sino que trata de demostrárselo, frustra cualquier iniciativa de solicitud de ayuda o cualquier forma de escape a su control. Finalmente, la mujer llega a pensar que cualquier intento por evitar la situación de maltrato es inútil.
En muchos casos, el agresor se encarga de que la víctima permanezca lo más aislada posible, ella no sale a trabajar, permanece las 24 horas del día en casa cuidando a los niños y haciendo todos los trabajos de casa, a él no le gusta que tenga amigas y la ha aislado de su familia. Cuando va al supermercado o a otro tipo de compras no se puede tardar, él controla el tiempo; si se tarda un poco más al llegar comienza el interrogatorio y las expresiones de su cara indican enfado.
Tiene que tener la casa en orden, cualquier error desencadenará las agresiones. Aun así, tras pasarse todo el día intentando evitar que algo lo pueda molestar cuando llegue a casa, él encontrará una excusa. Quizá los niños hacen mucha bulla, o algo quedó mal cocinado, o alguien derramó algo en la mesa, ella no lo puede evitar, sólo puede esperar que suceda, que él salte y comience el maltrato verbal y luego las agresiones.
En nuestro medio, es frecuente que el hombre se vaya a tomar con amigos y cuando regresa a casa comienza el maltrato, que por lo general es verbal, pero si ella le contesta entonces salta la chispa, comienzan los golpes y así el ciclo se reproduce una y otra vez.
El agresor se encarga de recordarle a la mujer que:
o Estás sola.
o Tu familia no te cree nada.
o No tenés amigos.
o Te voy a quitar a los niños y demostraré que estás loca.
o Vos tenés la culpa de que yo reaccione así.
o Si te vas, arruinarás el futuro de tus hijos.
o No tenés trabajo.
o Cómo vas a sobrevivir si no tenés un centavo.
o Sos una inútil.
o Si te vas, te encuentro y te mato.
o Si me denunciás, rapidito salgo y entonces te alistás.
o Si contás algo, atenete a las consecuencias.
En otros casos, la dependencia es puramente afectiva; la mujer piensa que las explosiones de ira son porque él esta muy enamorado de ella, posiblemente ella tiene una falsa idea de lo que es el amor o está enferma psicológicamente.
Es frecuente que la mujer después del maltrato se presente a la Comisaría de la Mujer a poner la denuncia, pero sucede que a los pocos días regresa con su agresor. Muchas justifican este comportamiento argumentando que no tienen dinero para subsistir, que tienen los hijos pequeños y que él garantiza su seguridad y la de sus hijos. Abandonarle requiere un valor que ellas no son capaces de encontrar. Sólo cuando en alguna de las peleas se ve al borde de la muerte decide abandonarlo.
Tanto el hombre como la mujer en una situación de violencia intrafamiliar necesitan ayuda psicológica, es importantísimo que ambos se den cuenta de sus problemas y busquen cómo resolverlos.
Dr. Javier Martínez Dearreaza.
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