Variedades

La personalidad

¿Qué es la personalidad? Existen centenares de definiciones de esta compleja palabra, pero en términos generales, pueden clasificarse en tres grupos: basadas en el efecto exterior, en la estructura interna y desde el punto de vista positivista

Neurólogo-Psiquiatra
Parece que todo el mundo sabe qué es la personalidad, pero si yo le digo a usted: Señor, ¿cómo me puede definir la personalidad?, lo pondría en un aprieto, pues no me podría dar una definición convincente. Piénselo por un momento y se dará cuenta de que tengo la razón.
Existen centenares de definiciones de ese término. En términos generales, pueden clasificarse en tres grupos: según el efecto exterior, de acuerdo a la estructura interna y desde el punto de vista positivista. Trataremos en primer lugar las basadas en el efecto exterior.
Efecto exterior:
Decimos de una persona que conocemos “que no tiene personalidad”; decimos de otra “que tiene una gran personalidad”. Queremos significar, evidentemente, que la persona a quien nos referimos produce o no produce un cierto efecto o una cierta impresión en los demás.
Frecuentemente, cuando nos piden una información sobre una persona, desean que expresemos un juicio sobre su personalidad, es decir, quieren que les digamos si ésta impacta o tiene atracción social.
Lo que popularmente se conoce como personalidad se refiere pues a un conjunto de cualidades que resulta socialmente agradable y eficaz.
No podemos aceptar la afirmación de que una persona posea más o menos personalidad que otra. Los que no resultan atrayentes a los demás están tan dotados como los que resultan atrayentes.
Definiciones más refinadas, pero con la misma orientación, son las que plantean algunos psicólogos: “El modo de comportarse o de actuar que influye con éxito sobre otras personas”, “lo que los demás piensan de una persona”.
Hay argumentos a favor de estas definiciones basadas en el efecto exterior como: “Únicamente por los juicios formados por otras personas sobre un individuo puede conocerse su personalidad”. ¿Cómo podría conocerse a un individuo si no por el efecto ejercido sobre otros? Pero en contraposición de estas afirmaciones podríamos preguntarnos: ¿qué diríamos si el efecto es distinto en diferentes personas? ¿Será que tenemos muchas personalidades?, ¿o será que una persona que nos conoce se forma una impresión correcta de nosotros y otra persona se forma una impresión errónea? Si es así, debe haber algo en el interior de nosotros que constituya nuestra “verdadera” naturaleza. Las definiciones sobre el aspecto exterior de la persona confunden la personalidad con la reputación. Una persona puede tener muchas reputaciones.
La personalidad según la estructura interna:
La mayoría de los filósofos y psicólogos prefieren definir la personalidad como una entidad objetiva, como algo que existe realmente. Reconocen que la persona está abierta al mundo circundante, que es influida por él y lo influye a cada instante. Pero la personalidad tiene una existencia y una historia propias; no debe confundirse con la sociedad ni con las percepciones que otros individuos tienen de nosotros.
Algunos autores añaden a esta definición una nota de valor: “La personalidad es algo que debe ser valorado”. Gothe habla de la personalidad como de la única cosa del mundo que tiene un “valor supremo”. En la misma convicción se basa la filosofía moral de Kant. Todo puede ser usado en la vida por los hombres como medio para un fin. Todo, menos la personalidad. Nadie puede explotar a otra persona. La integridad de la personalidad ha de respetarse siempre. La ética judeocristiana inició esta línea de pensamiento.
Estimados lectores, su cerebro es un órgano como el riñón, el estómago o el corazón, en cualquier momento puede enfermarse, las enfermedades de la mente no se deben a debilidad o incapacidad. Si usted o un miembro de su familia se enferma de la mente, recurra al médico para recibir el tratamiento adecuado; recuerde que estas enfermedades deterioran su vida personal, familiar, laboral y social.

La personalidad según el punto de vista positivista
Algunos psicólogos contemporáneos se oponen enérgicamente a las definiciones esencialistas. Dicen que la “estructura interna” es inaccesible a la ciencia. La estructura interna, si es que de veras existe, no puede ser estudiada directamente.
Lo único que sabemos de la personalidad está constituido por nuestras “operaciones”. Si administramos un test de personalidad y obtenemos una puntuación determinada, se trata de nuestras operaciones, de nuestro método. Por consiguiente, desde el punto de vista positivista, la personalidad interna es un “mito, una cosa que se ha construido con diversos elementos unidos por un nombre”. A lo sumo debemos contentarnos con conjeturas.
Hallamos aquí una semejanza con las definiciones a base del “efecto exterior”. La personalidad no sería una cosa que existe en el sujeto, sino la percepción que tiene otra persona, que en este caso es el científico. Es decir, la personalidad sería meramente “una construcción, algo que es pensado, que no existe realmente, que no está allí”.
Algunos psicólogos que se adhieren a esta corriente llegan incluso a exagerar en sus afirmaciones, pues dicen que no debería nunca recurrirse al concepto de personalidad. Si conocemos los “estímulos” y las “respuestas”, no es necesario que nos preocupemos por una “variable intermedia” como la personalidad.
Cabe preguntarse si siguen este camino por ejemplo el estudio de la ciencia en la antigüedad. Los astrónomos en la antigüedad cuando estudiaban una estrella, ¿creían que este astro era una mera construcción de su mente, un conjunto de datos unidos por el nombre que se le daba al astro? No. Para ellos, la estrella era un cuerpo celeste, que existe realmente y posee una composición y una estructura que tratan de conocer científicamente.
La personalidad es todavía más difícil de estudiar que los astros, pero la situación es la misma. Ni el psicólogo ni los que no son psicólogos llegan a comprender completamente una personalidad, ni tan sólo la propia, pero no se deduce de ello la negación de la existencia de la personalidad.

¿Qué entendemos por personalidad actualmente?
Se define la personalidad a partir de los rasgos, entendidos como “pautas duraderas de percibir, pensar y relacionarse con el ambiente y con uno mismo y que se hacen patentes en un amplio margen de importantes contextos personales y sociales”.
En otras palabras, esto quiere decir que la personalidad es todo aquello que identifica a la persona a lo largo de toda su vida.
Esta duración lleva a la propuesta de una tabla de equivalencias entre trastornos de la niñez y adolescencia, por un lado, y trastornos de personalidad en los adultos, por otro, en la idea de que se trata de estructuras estables y prácticamente inmodificables que se pueden detectar ya en los primeros años de la vida de un ser humano. De ahí la afirmación de que las “manifestaciones de los trastornos de personalidad son reconocibles generalmente en la adolescencia, o incluso más temprano, y continúan a lo largo de toda la vida adulta”.
Para que la forma de ser de una persona (personalidad) adquiera el carácter de convertirse en trastorno de la personalidad debe poseer ciertas características: “en el caso de que los rasgos de personalidad sean inflexibles y desadaptativos, causen incapacitación social significativa, disfuncionalismo ocupacional o malestar subjetivo”, se habla entonces del trastorno. Dicho en otras palabras, la persona manifestará sufrimiento personal, problemas laborales o problemas sociales.
Esta concepción moderna, usada por el DSM-IV, sigue --como hemos visto-- la línea de pensamiento que considera a la personalidad como una estructura interna.

¿De dónde se origina el término personalidad?
La palabra personalidad se parece estrechamente al latín medieval personalistas. En latín clásico sólo se usaba persona. Todos los autores concuerdan en afirmar que el significado primitivo de esta palabra era máscara. Esta etimología es tal vez del agrado de los que prefieren definir la personalidad por el efecto exterior. Lo importante es la apariencia, no la organización interior. Pero persona, incluso en tiempos antiguos, pasó a significar otras cosas, entre ellas el actor que la máscara ocultaba, es decir, el verdadero conjunto de cualidades internas y personales. También significó una persona importante. Se empleó esta voz para designar a cada una de las tres personas de la Trinidad. La definición que de persona dio Boecio en el siglo VI es quizá la más famosa: “Persona es una sustancia individual de naturaleza racional”.
Como vemos, ya en latín tenía esta palabra diversos sentidos; algunos de los cuales preludiaban las definiciones a base del efecto “externo”; otros, las definiciones de “estructura interna”.