Variedades

Algo pasa con Britney Spears

La antigua reina del POP JUVENIL ES AHORA ‘CARNE’ para la industria del escándalo

Diego A. Manrique
El País / Madrid

No falla. Cada semana, las agencias distribuyen noticias, fotos, filmaciones de Britney Spears. El eco de sus ocurrencias llega incluso a España, donde se cuenta con un frondoso bestiario de personajes autóctonos que viven cara a la galería.
Pero ni siquiera esos impresentables se atreverían a proclamar que dejan el sexo durante los próximos seis meses, como aseguran que ha dicho ella.

Entre el clan Hilton
Esa promesa de celibato tiene sentido en EU, donde podrían quitarle la custodia de sus hijos: cualquier juez quisquilloso dictaminaría que ejercer de madre es incompatible con integrarse en esa pandilla que encabeza Paris Hilton.
Hilton y la mayoría de sus amigas pertenecen a la categoría de celebridades de la era Internet: aunque ocasionalmente hagan el esfuerzo de lanzar un disco o animar un reality show, son famosas por encajar en la insaciable demanda mediática.
Pero Britney es una estrella --ha vendido casi 80 millones de discos-- que parece atrapada por el alegre estilo de vida de hijas-de-papá como las Hilton, Nicole Richie o Kimberley Stewart.
Como ellas, Britney (Misisipi, 1981) está encuadrada en la generación Madonna: desde que tiene uso de razón, está pendiente de la material girl, a la que admira por el control que ejerce sobre su imagen y su carrera. Sin desarrollar las antenas de Madonna, Britney cree que la longevidad comercial consiste en cambiar regularmente de onda estética y mantener a los medios en estado de ansiedad.
Cuando se dejó besar por Madonna ante las cámaras de MTV, creía estar recibiendo el testigo, y puso cara de sorprendido deleite; su maestra informó fríamente de que aquello estaba ensayado y que deseaba poner en evidencia la alta sexualidad de Spears.
Para los estadounidenses, ninguna sorpresa: la mayoría sospecha que Britney finalmente es white trash o ‘basura blanca’.

El estereotipos white trash
Económicamente, Britney nació en un peldaño superior: es hija de un contratista de obras y una maestra. Pero su comportamiento se ajusta a los estereotipos de white trash: ignora las buenas maneras, no esconde sus deficiencias culturales, arma follones en público, bebe y se droga, tiende a la promiscuidad mientras alardea de religiosidad.
Es puro white trash el casarse en Las Vegas con un amiguete por ‘saber lo que se siente el estar casada’ (siguiendo el manual del control de daños, su manager logró la anulación tres días después). En verdad, está siendo más sincera que en sus inicios, cuando intentaba compatibilizar un discurso de adolescente casta con un repertorio picante y un show calenturiento.
Una chica white trash siente atracción por los hombres equivocados. Britney se acercó a Fred Durst, el machista cantante de Limp Bizkit; al bocazas le faltó tiempo para presumir de haberla seducido. Mientras aseguraba que seguiría virgen hasta su noche de bodas, mantenía una relación intensa con Justin Timberlake. Más que verdadera hipocresía, su especialidad consiste en meter la pata. No faltó la polémica en su matrimonio con el bailarín Kevin Federline: debieron celebrar dos ceremonias, ya que la primera carecía de valor legal.
Típicamente, Britney pidió el divorcio de Federline sin avisarle, justo cuando éste preparaba su lanzamiento como rapero. Antes, protagonizaron un reality titulado Chaotic. En una de las secuencias, Kevin riñe a una deprimida Britney por su inclinación a irse de marcha; ella amenaza con usar la máquina del tiempo de “Regreso al futuro”, aparentemente convencida de que tal artilugio realmente existe.
En cuanto a su profesión, Britney vive de las rentas. Hace más de tres años que no pública música nueva: en 2004 sacó grandes éxitos; en 2005, una colección de remezclas. Pero sería prematuro enterrarla: también a Mariah Carey se le fundieron los plomos y sufrió la indignidad de ser despedida por su discográfica; sin embargo, se recuperó gracias a productores que conocían sus puntos fuertes. De momento, Britney es un tren a punto de descarrilar ante la mirada morbosa de todo el planeta.