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Enfermedad Cerebro Vascular

La Enfermedad Cerebro Vascular (ECV), también conocida como ictus o accidentes vasculares cerebrales, es una de las principales causas de mortalidad y morbilidad en el mundo

Neurólogo-Psiquiatra
La Enfermedad Cerebro Vascular (ECV), también conocida como ictus o accidentes vasculares cerebrales, es una de las principales causas de mortalidad y morbilidad en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, supone la tercera causa de muerte y la primera de invalidez en la población adulta. Mientras la mayoría de los países desarrollados muestra tasas estables de mortalidad por ECV, los países en desarrollo incrementan sus tasas anuales de prevalencia y mortalidad. 4.5 millones de los 10 millones de muertos anuales por ECV pertenecen a los países no industrializados. Hasta un tercio de los pacientes que sobreviven quedan con secuelas invalidantes, y un 25 por ciento presentarán después del ictus un deterioro cognitivo en mayor o menor grado.
El ictus supone un auténtico problema de salud que obliga a establecer las mejores pautas de prevención y tratamiento para reducir la incidencia y las secuelas. Además, teniendo en cuenta que aumenta en las personas mayores de 65 años y que, debido a la mejora en la calidad de vida, se está produciendo un incremento notable de la esperanza de vida y un envejecimiento progresivo de la población mundial, la prevalencia de esta enfermedad aumenta y, consecuentemente, también lo hace la magnitud del problema socio-sanitario.
Factores de riesgo
En general, los factores de riesgo de ictus son similares a los de la arteriosclerosis. Por definición, las personas que presentan cualquiera de estos factores de riesgo sufren una mayor incidencia de ECV que la población en general; es decir, tienen una mayor probabilidad de padecerlos.
Los factores de riesgo se han dividido en no modificables y modificables o tratables. Éstos suelen darse a la tercera edad, pues se ha demostrado que a partir de los 55 años se duplica la incidencia de ictus.
En el sexo masculino está más expuesto, especialmente porque su causa es la arteriosclerosis.
Raza y etnia también inciden, pues afroamericanos, hispanos, japoneses y chinos presentan un mayor índice de ictus. Por otro lado, factores de riesgo como la hipertensión y la diabetes son más frecuentes entre las personas de raza negra.
Las ECV pueden ser genéticas, aunque en la mayoría de los casos también incurren factores ambientales.
El conocimiento de los factores es de vital importancia, pues el correcto control de los mismos nos permite prevenir un ictus.
Si usted está padeciendo alguno de estos factores de riesgo, la recomendación es visitar al médico para que examine y dé tratamiento necesario; si ya está bajo tratamiento, siga estrictamente las indicaciones de su médico y tómese puntualmente los medicamentos.
La hipertensión arterial es, con excepción de la edad, el factor de riesgo más importante, tanto para el infarto como para la hemorragia cerebral, incrementando de dos a cuatro veces el riesgo de ictus. Su control reduce el riesgo y la incidencia de ictus en un 38 a 42 por ciento.
Con la diabetes mellitas se incrementa el riesgo de ictus tres veces, sobre todo en mujeres. Puede incrementar el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, especialmente hipertensión arterial. El adecuado control de la diabetes disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Con la Fibrilación Auricular (FA) la posibilidad de padecer fibrilación auricular se incrementa con la edad; así en menores de 65 años la posibilidad de padecerla es no excede el 0.40%, en mayores de 75 la posibilidad de padecerla es de 11%.
La fibrilación auricular es un trastorno en la actividad de las aurículas del corazón, acompañada de una irregularidad completa del ritmo ventricular que puede ser lento (bradicardia) o rápido (taquicardia), en los ancianos la causa es la arteriosclerosis y producen embolia que puede irse al cerebro.
El tabaco provoca daño directo al endotelio vascular, incrementa la agregabilidad de las plaquetas y el hematocrito, es decir, aumenta la viscosidad de la sangre, al estar la sangre más espesa se aumenta en tres veces el riesgo de ictus en los fumadores. Asimismo, parece que los no fumadores pasivos tienen un 50 por ciento más de riesgo de ictus que los no fumadores.
Los accidentes isquémicos transitorios e ictus previos aumentan tres veces el riesgo de sufrir un ictus. Precede al ictus hasta un 15% de los casos. Tras sufrir un ictus, la probabilidad de volverlo a sufrir en los próximos 5 años es del 25 al 35%.
Con el colesterol es otro factor sobre todo para la cardiopatía isquémica, aunque el incremento del colesterol total y LDL-C y la disminución del HDL-C se correlacionan con el grado de progresión de la aterosclerosis carotídea.
El alcohol generalmente constituye más un factor de riesgo de hemorragia cerebral que de infarto cerebral.
La dieta inadecuada, sedentarismo y obesidad parece ser un factor de riesgo indirecto. Las dietas pobres en caroteno, vitamina C, frutas y verduras, parecen predisponer al ictus. En los obesos la dieta hipesódica es un factor del riesgo cardiovascular. Asimismo, la obesidad abdominal parece constituir un factor de riesgo independiente de ictus en los varones.
Alteraciones respiratorias durante el sueño son un factor de riesgo de enfermedad cardiaca y cerebro vascular.
El estrés favorece la aparición de hipertensión arterial, lo que facilita el desarrollo de ictus.
¿Qué es un ictus?
Es una enfermedad causada por una lesión en los vasos sanguíneos cerebrales, que comienza bruscamente. Puede producirse por un deterioro o falta de circulación en una zona del cerebro, que se traduce en una isquemia o infarto cerebral, o porque se rompe una arteria, lo que origina una hemorragia o derrame cerebral.
El ictus puede manifestarse con síntomas de gravedad y duración variable. Así, puede haber ictus que cursen de forma transitoria, con síntomas como pérdida de fuerza en la mitad del cuerpo, dificultad para hablar, etc. que duran minutos u horas y luego desaparecen. El reconocimiento de estos síntomas y su tratamiento representa una de las formas más importantes de poder prevenir el infarto cerebral definitivo.
Pero también existen trastornos que aparecen con síntomas graves desde el principio y que, si no se tratan adecuadamente, puede llevar a la muerte del paciente o quedar con secuelas muy graves.
Los síntomas que puede presentar un ictus se presentan con pérdida de fuerza o de la sensibilidad en la mitad del cuerpo, pérdida de la visión transitoria o permanente en un ojo, dificultad para expresarse, dolor de cabeza muy intenso y de comienzo brusco, vértigo intenso, dificultad para hablar, entre otras. Algunos de estos síntomas pueden, en ocasiones, ir acompañados de pérdida del conocimiento. Es importante que el paciente sea llevado de urgencia a un hospital para su debido tratamiento.
Consejos médicos
El ictus con frecuencia puede prevenirse o reducirse el riesgo de padecerlo. Al ser un problema que aparece súbitamente, la gran mayoría de las veces sin síntomas de aviso hace que sea estrictamente necesario controlar los factores de riesgo, eso quiere decir que si usted sufre algún factor debe visitar urgentemente al médico. El ictus mata a muchos y las que logran sobrevivir tienen secuelas y limitan muy seriamente su vida personal, familiar, social y laboral.
Es importante prevenir a cualquier edad, pero sobre todo a partir de los 45 años, e identificar los factores de riesgo para que puedan ser controlados.
Estimado lector, su cerebro es un órgano como el riñón, el estómago o el corazón, en cualquier momento puede enfermarse, las complicaciones de la mente no se deben a debilidad o a incapacidad, recuerde que estas enfermedades deterioran su entorno.
Dr. Javier Martínez Dearreaza, neurólogo-psiquiatra.
Clínica San Francisco, de Camas Luna Montoya 90 varas arriba.
Telfs. 222-2494/877-1894.