Variedades

Cine combativo, social y de memoria colectiva triunfa en Valladolid


Valladolid , España/EFE
El cine de raíz social, asimilado como un instrumento de denuncia y un espacio de reflexión sobre la memoria colectiva ha triunfado en la 51 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), cuya Espiga de Oro ha recaído en “Optimisti” (“Optimistas”), del serbio Goran Paskaljevic, y la de Plata en “Zemestan” (“Es invierno”), del iraní Rafi Pitts.
Paskaljevic clama en “Optimisti”, en clave de sarcasmo, contra el optimismo tan desmesurado como infundado que reina en su Serbia natal, donde ha advertido un repunte de los nacionalismos de orden fascista que amenaza con expandirse por todo el continente europeo como un efecto más de la globalización económica.
La precariedad laboral amenaza ya a los países más ricos, adonde llegan en busca de una mejor oportunidad de vida emigrantes de otras áreas geográficas menos desarrolladas, caso de Irán, donde Raffi Pitts sitúa su largometraje “Zemestan” e identifica las escasas perspectivas de progreso con el rigor, la oscuridad y la inmensidad invernal.
Si “Optimisti” ha sido galardonado por partida triple: Espiga de Oro, Premio al Mejor Actor y Premio de la Juventud, en “Zemestán” han confluido la Espiga de Plata y la Mejor Fotografía, lo que acredita una vez más el tradicional compromiso del Festival de Valladolid por el cine combativo, de reflexión social y de autor que le ha situado en primera línea internacional.
El talento y el mensaje por encima de los alardes y efectos especiales representa otra de las señas de identidad de la Seminci, que acaba de rebasar el medio siglo de vida en busca de nuevos referentes, pero sin perder por ello sus constantes vitales de origen.
Así ha quedado también testimoniado este año con “Zemestan”, un filme con limitaciones presupuestarias, precario en su producción, pero sólido en el concepto que desarrolla con unos intérpretes en su mayoría aficionados o escogidos para la ocasión, como los empleados del taller donde busca una oportunidad el desesperado trabajador en paro que encarna Ali Nicsolat, protagonista del filme.
“La señorita”
Otra historia de desarraigo y emigración, “Das Fraulein” (“La señorita”), de la suiza Andrea Sataka, ha merecido, en la misma línea que las anteriores películas, el reconocimiento del Festival de Valladolid, en este caso por parte de la prensa internacional acreditada (Fipresci), que ha destacado en su fallo “la sutileza en el acercamiento a la temática contemporánea de la inmigración”.
La memoria colectiva, un territorio de reflexión para evitar errores históricos, también ha figurado en la nómina de triunfadores de la 51 Seminci de la mano del realizador francés Rachid Bouchareb, distinguida con el Premio del Público en votación popular organizado por el rotativo “El Norte de Castilla”, decano de la prensa diaria.
Bouchareb, de origen argelino, restaura la memoria de los soldados de Argelia que no dudaron en alistarse en el ejército francés para tratar de impedir la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
El filme de Bouchareb, que se encuentra en Los Ángeles para promocionar la candidatura de su filme como Mejor Película de habla no inglesa en los próximos Oscar de Hollywood, se estrenará en España en febrero de 2007, anunció Xavier Rubí, representante de la productora Notro Films.
La hebra social de Valladolid también se ha dejado notar en el apartado de cortometrajes, cuya Espiga de Oro, compartida con una producción hindú, ha sido “Elobb-Utobb” (“Tarde o temprano”), del húngaro Itsvan Madarasz.
Es un alegato contra la barbarie y sinrazón del régimen nazi que durante la última contienda mundial practicó espeluznantes experimentos con prisioneros de guerra. Con el mismo hálito de advertencia o denuncia social, la Espiga de Plata en la sección de cortometrajes recayó en la mexicana Sofía Pérez Suinaga con “Estamos por todos lados”, una crítica a la inseguridad y la diferencia de clases existente en Ciudad de México.