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Las memorias del secretario de Juan Pablo II


Roma / EFE -Las memorias del secretario de Juan Pablo II, el cardenal Stanislao Dziwisz, donde se cuentan los recuerdos de su vida junto al Pontífice, serán presentadas esta semana en la Feria del Libro de Francfort (Alemania) y saldrán a la venta el próximo año, informó la casa editorial italiana Rizzoli.
Las memorias de Dziwisz, al que Benedicto XVI nombró cardenal de Cracovia (Polonia), llevarán el título de “Una vida con Karol”, y fueron recogidas por el escritor Gian Franco Svidercoschi, periodista que ya colaboró en un libro sobre la vida de Juan
Pablo II.
Al lado del Papa
El libro, informó la casa editorial italiana, recorre la vida del cardenal polaco desde el momento en el que Juan Pablo II le pidió que fuera su secretario, cuando Wojtyla era arzobispo de Cracovia.
Era 1966 y desde entonces el fiel don Stanislao estuvo al lado de Juan Pablo II, viviendo los años de la Cracovia comunista y los 27 del Papado, en los que le tocó vivir el atentado de plaza de San Pedro del 13 de mayo de 1981, la larga enfermedad y la muerte del Pontífice.
Dziwisz fue el encargado de colocar el velo sobre la cara del Pontífice difunto.
“Era la última vez que veía su rostro, pero sobre todo su mirada, porque era la mirada lo que más te impresionaba de él. Por eso hacía todo muy lentamente para que ese instante durase mucho más (...). Tomé el velo blanco y se lo puse sobre el rostro con miedo de que ese paño de seda le pudiese pesar, molestar”, cuenta don Stanislao, con emoción, en el libro.
El atentado de 1981
Un capítulo especial es el dedicado al atentado de la Plaza de San Pedro en 1981, en el que Dziwisz da detalles inéditos sobre las horas posteriores a los disparos y las graves condiciones en las que el Papa llegó al Policlínico Gemelli de Roma, distante varios kilómetros del Vaticano.
Dziwisz, que viajaba junto a Juan Pablo II en el “papamóvil” descubierto en el momento del atentado a manos del terrorista turco Ali Agca, narra cómo Karol Wojtyla fue tumbado en el suelo en los pasillos de los servicios sanitarios del Vaticano y sólo allí se dieron cuenta de la gravedad de las heridas al ver la gran cantidad de sangre que perdía. “La sirena de la ambulancia no funcionaba, había mucho tráfico y el conductor hacía sonar la bocina continuamente.
El Papa que estaba perdiendo las fuerzas, pero era todavía consciente, murmuraba: ¿por qué lo han hecho?, rezaba y susurraba palabras de perdón para quien le había disparado”, continúa relatando el actual cardenal arzobispo de Cracovia.