Variedades

Ramadán: Un mes de fiestas y sin trabajo

Conciliar el mes sagrado con el trabajo es empresa poco menos que imposible, aunque en algunas oficinas estatales no faltan las recomendaciones para que la gente haga lo posible para justificar su salario.

En el mes de Ramadán, los comerciantes extranjeros que trabajan en Túnez no se lamentan de que éste sea sinónimo de fiestas nocturnas, pero sí sienten que también se caracterice por el escasísimo trabajo. El Ramadán tiene aquí, como en el resto del mundo árabe, dos caras como Jano. Por un lado es el mes sagrado del recogimiento, del ayuno y del afecto hacia el prójimo, y por otro lado la gente se olvida de que hay que trabajar para participar en comilonas y fiestas.
Bernardo, un comerciante español que no desea ser identificado y que tiene un importante negocio de textiles, respeta y admira el lado religioso del Ramadán, pero se tira de los pelos al comprobar que sus operarios "no dan ni golpe". "Mire usted, ¿cómo quiere que trabajen si el horario oficial se reduce a media jornada? Aquí en la empresa, a partir del mediodía los únicos que nos quedamos somos el guardián y yo", afirma con tono enfadado.
Es cierto que la economía de los países musulmanes y árabes, en particular, sin excepción, se resiente mucho durante este mes, y no es de extrañar que Bernardo y otros comerciantes se pregunten si el Gobierno se da cuenta de ello. "Naturalmente, nadie dice que no se respete el Ramadán, pero por lo menos se podría suprimir la jornada partida y aconsejar que la gente no duerma en el puesto de trabajo para recuperar las horas de jolgorio nocturno", insiste el empresario español.

En Túnez, además del Ramadán, el horario del mes de agosto es también de jornada partida, y si a ello unimos la larguísima lista de fiestas oficiales a lo largo del año, el panorama para los extranjeros que tienen aquí negocios es poco halagüeño. Y menos mal que en Túnez el fin de semana es el clásico del sábado y domingo, porque en aquellos países que se respeta el calendario islámico, es de jueves y viernes, como en Argelia, lo que significa que en la práctica sólo se trabaja tres días a la semana.
Las anécdotas no faltan, como la del corresponsal extranjero que fue enviado a Túnez en ramadán y al acudir al centro internacional de prensa le pidieron que diera de noche, en esa sede, un concierto de guitarra. Al extrañarse le recordaron que en ramadán es habitual que los representantes de la prensa árabe ofrezcan recitales de poesía o de prosa, y los de la prensa occidental acudan por lo menos con una flauta.
Como es natural, los comercios cierran de día y abren de noche, lo que es otra curiosidad del ramadán, y ello contribuye a que, a medida que transcurre el mes, aumenten las caras de cansancio. Por ello, conciliar el mes sagrado con el trabajo es empresa poco menos que imposible, aunque en algunas oficinas estatales no faltan las recomendaciones para que la gente haga lo posible para justificar su salario.
Los ricos regalan dinero

Pero, lógicamente, el ramadán también tiene muchos aspectos positivos como las atenciones hacia las personas menos favorecidas, que pueden alimentarse en los numerosos comedores sociales abiertos en este período. Cumpliendo las recomendaciones del Corán, los ricos regalan dinero y comida a la puerta de sus domicilios a todo aquel que acuda a solicitarlo. Y las colas que pueden observarse denotan que se está delante de la casa de uno de ellos.
Tan sólo una ínfima minoría de tunecinos se atreve a comer y beber o fumar durante las horas de ayuno, por lo habitual acudiendo a los bares del aeropuerto o a alguno de los hoteles donde se atiende a los clientes extranjeros. Y en la memoria de las gentes parece que se ha ido diluyendo el recuerdo del "revolucionario" presidente Habib Burguiba que, en pleno ramadán, apareció en la televisión tomándose un refresco y diciendo que entre el trabajo y el ayuno se aconsejaba elegir el primero, pero aquellos eran otros tiempos.