Variedades

La infidelidad

Entre los argumentos más comunes nos encontramos con el deseo de variedad en la experiencia sexual, venganza, rebelión o una nueva satisfacción emocional, entre otros

El infiel, según las definiciones, es quien falta a sus compromisos, especialmente matrimoniales. En nuestro medio es muy común escuchar hablar de infidelidad, y principalmente en las personas del sexo masculino. Esto no quiere decir que la mujer no sea también infiel, pero ella es muchísimo más reservada que el hombre cuando se trata de comentar esta situación.
La respuesta parece estar condicionada por el género, ya que para una mujer lo más doloroso de la infidelidad es que su pareja se enamore de la otra persona. Para los hombres la sola idea de un encuentro sexual, así sea ocasional, de su pareja con otro hombre, los mortifica enormemente. Son pocas las mujeres que sufren al pensar que sus maridos pueden tener relaciones sexuales casuales con otras mujeres.
La monogamia
La monogamia evolucionó durante un período de varios miles de años, y en su afianzamiento contribuyó el de esperanza de vida, el cual ascendió según el desarrollo humano, de los 20 a los 40 años.
Por la elevada tasa de mortalidad materna, la mayoría de los hombres sobrevivía con dos o tres esposas. Por tanto, un hombre podía estar atado a exclusividad sexual con una mujer durante pocos años.
El adulterio
Ha sido condenado prácticamente en todas las culturas occidentales, el adulterio, por la amenaza que plantea para la unidad familiar. Además se le condena de modo unánime en la teología judío-cristiana, considerándolo la ruptura de un lazo sagrado. Sin embargo, en la historia nunca ha sido castigado el coito extramarital de los hombres y ni siquiera se le ha controlado, mientras tanto a las mujeres se les ha sujetado bajo un código de ética sexual mucho más rígido.
Estas diferencias en actitudes son primordialmente el resultado del hecho de que si las mujeres se implicaran en el coito extramarital, éste amenazaría la estabilidad económica de toda la sociedad, se reflejaría sobre la masculinidad y el prestigio social de sus esposos y en el caso de embarazo plantearía la duda de la responsabilidad paterna.
Argumentos del hombre para la infidelidad
En estudios realizados sobre la motivación para el adulterio, se encontró que los argumentos más comunes para la infidelidad sexual eran: el deseo de variedad en la experiencia sexual, venganza, rebelión, una nueva satisfacción emocional, evolución inesperada de la amistad a la participación sexual con otra mujer, la tolerancia de la esposa y el factor de la edad.
El estudio citado sugiere que la infidelidad marital (sexual o emocional) no necesariamente está relacionada con relaciones maritales insatisfactorias o débiles, ni con inclinaciones o personalidades neuróticas.
Parece ser que en las relaciones extramaritales prolongadas, la satisfacción sexual no es la principal motivación. Gran parte de estas relaciones perduran principalmente por motivos que quedan entre la satisfacción intelectual y la sexual.
¿Qué hacer ante la infidelidad?
La infidelidad debe verse como algo que tiene raíces más profundas que la simple irrupción de un tercero en la relación de pareja.
¿Ustedes creen que si un matrimonio comienza a andar mal por cualquier motivo, la mejor manera de evitar una crisis es mira, hacia otro lado, o sólo tratar de postergar la crisis?
Los motivos por los que no se abordan las causas de una crisis pueden ser varios: el temor al conflicto, la dependencia que se tiene en la persona infiel o el pensar que el ocultar los motivos de la crisis tiene un costo menor que el de perder los beneficios de la convivencia.
En todos los casos, la autoestima de la persona engañada se vendrá al suelo, consciente o inconscientemente. Esto le permitirá continuar adelante con la relación, pero los costos para su salud psíquica serán muy grandes.
Entre las razones más comunes para callar suelen mencionarse la culpa, el temor a la reacción del otro, la intención de no dañar al engañado, el temor a que contar signifique no volver a tener otra aventura, la vergüenza, el considerar que se trata de un asunto extremadamente privado y que sólo le concierne a él o ella.
Entre los terapeutas familiares y de pareja no hay acuerdo sobre el qué hacer. Hay quienes piensan que contar la infidelidad es la única manera de afrontar la crisis personal y de la pareja. Otros sostienen que si la infidelidad no puso en discusión el amor, no hay que contar, lo que debe hacerse es trabajar para estabilizar la relación.
El que decide contar debe también estar decidido a afrontar los temas relativos a la crisis de pareja y trabajar para estabilizar la relación, teniendo en cuenta que pasarán por un período muy difícil, en el cual no recibirán elogios y mucho menos muestras de afecto.
Cuando una persona va a comunicar a su pareja la infidelidad, debe saber escoger el momento, nunca confesar en medio de una discusión, no debe hacerlo como un acto de venganza, no debe buscar culpables, debe estar dispuesto a aceptar preguntas y que el tema relativo a la infidelidad se aborde en varias ocasiones y en diferentes momentos.
Una vez que se ha hecho la confesión, la pregunta que uno se hace es ¿toda infidelidad conduce a la separación?, según unas encuestas realizadas en países occidentales, un 35 por ciento de las parejas sobrevive a un adulterio, y el 65 por ciento se separa. De los que deciden continuar y trabajar en la estabilización, un 98 por ciento lo logra.
El primer paso a dar es admitir que no se necesitan tres, sino dos para formar una familia; el siguiente paso es reconocer que algo en la pareja ha dejado de funcionar, que la intimidad ofrece grietas, que había excesivas carencias en la comunicación.
Cuando dos personas renuevan su energía amorosa a través de proyectos comunes, de la aten-
ción de las mutuas necesidades y expectativas, cuando viven a plenitud en base a sus valores, cuando actúan como un equipo y mantienen su vínculo actualizado, los terceros difícilmente encuentran espacio para irrumpir, aunque lo intenten.
Lealtad y responsabilidad son valores que merecen honrarse si se llega al convencimiento de que ya no se tiene la suficiente energía para mantener el vínculo, afrontarlo es un acto de lealtad y de responsabilidad.

Las necesidades de la pareja:

Las de ella:
* Afecto (mimos, interés por sus temas, cuidado)
* Conversación
* Sinceridad y franqueza
* Contención financiera (sentir que, aunque ella tenga sus ingresos, él puede protegerla económicamente)
* Compromiso fami-liar (participación activa de él como padre y compromiso con la familia)

Las de él:
* Satisfacción sexual
* Compañerismo recreativo (que sea su compañera en las actividades que a él le interesan: sociales, culturales, deportivas)
* Esposa atractiva
* Apoyo doméstico (paz en el hogar y organización)
* Admiración (que ella esté orgullosa de él y se lo demuestre)