Variedades

Trastorno de ansiedad


A eso de las diez de la mañana recibí una llamada de una señora que se identificó como Sandra. Me pidió una cita urgente aduciendo que estaba muy preocupada por su niño de siete años de edad y que deseaba recibir una orientación porque no sabía qué le estaba sucediendo.
Recibí a Sandra a las tres de la tarde, me esperaba una persona de más edad, pero resultó ser una mujer joven de 34 años, muy bonita y de agradable conversación.
Me contó que su padre había muerto recientemente de Alzheimer y que tenía una hermana con serios trastornos emocionales, también me refirió que su abuelo por parte paterna había sido un señor muy extraño, tenía una finca muy grande en Jinotega; pero que las personas del pueblo lo conocían más bien por ser un buen “brujo”, decía que podía conversar con espíritus y predecir el futuro, la gente del pueblo acudía a montones para que le curase algún mal o para que le diera un poco de suerte.
Según Sandra, cuando visitaba la casa de su abuelo, dormía muy intranquila porque escuchaba muchos ruidos. En una de sus visitas despertó como a las dos de la mañana y escuchó rumores de gente en la cocina y ruidos como si estuvieran levantando trastos y cocinando; creyendo que era de madrugada y que los empleados estaban haciendo el desayuno, se fue a la cocina, pero al llegar no encontró a nadie, atemorizada regresó a su cuarto y se envolvió de pies a cabeza, temblaba de miedo, y en esta situación permaneció hasta el amanecer, se levantó muy temprano y pidió regresar a su casa para no volver a aparecerse por el hogar del abuelo.
Con estos antecedentes familiares, que consideraba como patológicos, le preocupaba mucho el comportamiento de su hijo, pues temía que se enfermara gravemente de los nervios.
Antonio, así se llamaba el niño de Sandra, había comenzado a tener dificultades para dormir, por la noche se despertaba muy angustiado y sudoroso, y corría al cuarto de los padres y no podía tranquilizarse ni volver a conciliar el sueño si no se acostaba en medio de los papás; en varias ocasiones, le daban crisis de llanto.
Por la mañana se levantaba muy fatigado y desayunaba muy poco, a la hora del almuerzo tampoco quería comer mucho; se quejaba de sentir un nudo en la garganta, de trastornos digestivos, decía que sentía mucho dolor en el estómago y mucho gas, a veces, dolor en la cabeza que le duraba unas horas y luego le desaparecía.
Juan, el papá de Antonio, le había comentado a Sandra que cuando acompañaban al niño al colegio, lo notaba muy preocupado por sus compañeros, particularmente se preocupaba por una compañerita de nombre Luisa; según él, estaba muy delgadita y temía que se enfermara; luego le comentaba a otro compañerito que no quería estudiar, cuando se despedían en la puerta de la escuela, el niño se ponía muy triste y con los ojos llorosos le decía que tenía mucho miedo, pero el papá lo reconfortaba y con firmeza lo enviaba a clase.
A este punto interrumpí a Sandra y le comenté que ella me estaba describiendo un cuadro de mucha ansiedad en su hijo; le dije que estos cuadros se originan por factores biológicos, familiares y ambientales, asimismo, le observé que me había descrito tener una familia un poco rara (su hermana tenía una historia de serios trastornos psiquiátricos) y que era posible que anduviera por ahí un gen dándonos problemas; quise investigar el ambiente que rodeaba al niño, quería saber si algún miembro de la familia que viviera con ellos estaba manifestando ansiedad y miedo de forma evidente delante del niño, ya que si alguien de la familia estaba temiendo a algo, era posible que se lo estuviera transmitiendo al niño. Sandra me comentó que la abuela materna que vivía con ellos era una persona muy ansiosa, le temía mucho a los ladrones y a morir asesinada, por lo que cuando salían, cerraba toda la casa y no le quería abrir a nadie, aun si eran conocidos.
Le expliqué a Sandra que era posible que un niño o un adolescente pudiera heredar una tendencia biológica a ser ansioso; pero también que asimilara esta conducta de su abuela, quien era evidentemente una persona muy ansiosa.
También le manifesté a Sandra que todos los niños y adolescentes experimentan algún tipo de ansiedad; es una característica normal del crecimiento. Sin embargo, generalmente se manifiesta un trastorno de ansiedad cuando las preocupaciones o los miedos del niño o del adolescente no se disipan e interfieren en sus actividades. Los hijos de padres que sufren un trastorno de ansiedad son más propensos a desarrollar este trastorno.
Antonio, como todos los niños y adolescentes, no se daba cuenta de que su ansiedad en determinadas situaciones sobrepasaba los límites aceptables.
A lo largo de sus vidas, los niños y adolescentes que sufren Trastorno de Ansiedad Generalizado requieren que los adultos los tranquilicen frecuentemente.
Lo que hizo a Sandra pedir la cita de urgencia, fue que en los últimos dos días el niño no quería separarse de sus padres, se mostraba muy temeroso y no quería que salieran de la casa, los padres trataban de tranquilizarlo, a veces lo lograban, en otras ocasiones el niño reaccionaba de forma agresiva.
Mi apreciación fue que Antonio tenía que ser tratado de forma inmediata por su Trastorno de Ansiedad Generalizado, la detección e intervención tempranas pueden reducir la gravedad de los síntomas, estimular el crecimiento y el desarrollo normal del niño, y mejorar la calidad de vida de los niños o adolescentes que sufren este trastorno.
Los trastornos de ansiedad pueden tratarse de manera eficaz. Los padres representan un punto de apoyo y contención fundamental en cualquier etapa del tratamiento.