Variedades

“American Idol”: el verdadero ganador


Los Ángeles/EFE
El final de “American Idol” ha dejado claro que el verdadero ganador del concurso musical es el propio programa, convertido a lo largo de cinco años en la nueva referencia de la cultura popular estadounidense.
Ante una audiencia de 3,000 personas en el Teatro Kodak de Los Ángeles, Taylor Hicks, de 29 años, se alzó esta semana con la victoria de esta quinta temporada.
El triunfo le garantiza, como hizo con sus predecesores, participar en un pingüe negocio musical, la perspectiva de ventas que para otros ganadores llegaron 33 millones de álbumes, ya sea de su carrera en solitario o en recopilaciones con el resto de sus rivales.
Pero el verdadero negocio es para un programa que algunos medios describen como parte de la “programación basura”, aunque son muchos más los defensores de una fórmula con la que “American Idol” ha sabido situarse a la cabeza de la televisión en EU.
“O lo amas o lo odias. Ódiate por amarlo”, resume la revista “Entertainment Weekly” en su análisis de lo que describe como un “clásico americano”.
El programa lo tiene todo. O al menos todo lo que quieren los anunciantes, encantados con el atractivo que demuestra “American Idol” entre todos los miembros de la familia, de ocho a 80 años.
También tiene todo lo que quiere el público, que durante dos temporadas consecutivas situó al programa como el de mayor audiencia en el segmento de 18 a 49 años, el que tiene más poder de consumo.