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“Doctor me da miedo la gente”

Raúl se sometió a tratamiento psiquiátrico durante varios meses, éste le ayudó a superar bastante su problema social, al punto que pudo encontrarse una esposa

Durante años, Raúl, representante de una casa comercial, vivió su problema en solitario y sin saber qué era lo que le pasaba. Todo comenzó en la infancia, recuerda que cuando se le pedía que hablase ante un grupo de amigos de la familia su mente quedaba en “blanco”. Sentía una ansiedad fulminante frente a las funciones sociales de niño, como, por ejemplo, las fiestas de cumpleaños, que siempre evitaba o si acudía lo hacía en silencio absoluto.
Solamente podía contestar preguntas en clase si las escribía con anterioridad e incluso, entonces, muchas veces enmudecía y no podía responder. Cuando le presentaban a nuevos compañeros, bajaba la vista temiendo ser evaluado y esperaba sentirse humillado y avergonzado. Estaba convencido de que la gente de su alrededor pensaba que era un “pesado”.
Mientras creció, Raúl tuvo un par de amigos del vecindario, pero nunca un “amigo íntimo”. Sus notas escolares fueron buenas, pero empeoraron cuando fue necesaria su participación oral en clase. Como adolescente sentía terror por las mujeres y nunca concertó o tuvo una cita, lo cual le molestaba, aunque estaba deprimido con tanta frecuencia que pensaba que carecía de energía o interés por las niñas.
De adulto, Raúl tuvo un aceptable desempeño en la universidad, tuvo muchos problemas para encontrar trabajo, ya que era incapaz de responder a las preguntas durante las entrevistas, le gustaban los trabajos en los cuales no tenía muchos contactos sociales.
En busca de ayuda
Raúl se sometió a tratamiento psiquiátrico durante varios meses, éste le ayudó a superar bastante su problema social, al punto que pudo encontrar una esposa; pero algunos problemas permanecieron, pues aún prefiere tener pocos amigos y evita, hasta donde le es posible, los contactos sociales.
Fernando es otro paciente que comenzó a tener problemas un día que asistió a la peluquería a cortarse el cabello. Al oír cómo la peluquera utilizaba una y otra vez las tijeras en su cuello y junto a las orejas, se puso a sudar y a temblar, su corazón se le disparó mientras notaba que se quedaba sin aliento. Sufría un inexplicable ataque de pánico y decidió abandonar rápidamente el local.
Pensó que se trataba de un hecho aislado e intento tranquilizarse, pero el miedo ya se había instalado en su vida. La pasaba muy mal cuando se veía expuesto a las miradas del público, ya fuera en un restaurante, un banco, una fiesta o simplemente conversando con sus compañeros de trabajo. Aprendió a protegerse de su temor y cuando no podía hacerlo, buscaba motivos para no tener que salir de casa.
Únicamente su esposa y sus dos amigos íntimos estaban al tanto de su problema, pero cada vez que le sobrevenía el ataque se sentía absolutamente solo.
La fobia social
Tanto Raúl como Fernando tardaron años en averiguar que su mal tenía un nombre: “Fobia Social”. Se trata de un trastorno psíquico caracterizado por el que la persona experimenta un intenso miedo al contacto con otras personas. En la fobia simple se siente temor a un determinado objeto, actividad o situación, en la fobia social se huye de relacionarse con los demás, de hablar con ellos y mucho más aún de hablar en público, de escribir, comer o beber en presencia de otros.
Detrás de ese conflicto se esconde un notable sentimiento de inseguridad; porque en realidad: ¿De qué tiene miedo el afectado? En general, de cosas que a la mayoría de la gente no le preocupan demasiado. Por ejemplo, de hacer el ridículo, de pasar por torpe, de quedar en una posición embarazosa, de perder el dominio de sí mismo, de caerse o tambalearse, de balbucear y ruborizarse. Lo que más temen es la crítica y lo que más les horroriza es la posibilidad de perder el control.
Lo normal es que estas personas quieran pasar inadvertidas y si tienen que hablar lo hagan muy bajito y de forma monocorde. De esta manera, intentan evitar que aparezca una reacción de ansiedad en la que puedan presentarse, aislados o asociados, síntomas como sudoración (sobre todo en las manos), temblor, rubor, rechinamiento de dientes, nauseas, sensación de mareo y taquicardia. Una reacción muy similar a la que se produce con otros tipos de fobias y que los demás notan de inmediato.
Limitando el contacto
Por eso suelen limitar cada vez más su contacto con el mundo exterior y acaban refugiándose en su familia, junto a la que se sienten más apoyados y seguros. La gravedad de una fobia se mide por la incapacidad que produce. Si el afectado se pasa la mayor parte del tiempo en casa, puede hacer una vida sin mucho problema, porque evita las situaciones fóbicas. Pero lo normal es que la gente tenga que trabajar, salir, comprar, hablar, relacionarse, entre otras cosas, y cuando uno tiene dificultades para hacerlo tiende a aislarse, con lo que se complica mucho la existencia de la persona.
La fobia social se encuentra más entre las personas solteras que las casadas o acompañadas, lo cual se explica por la dificultad que tienen a entablar relaciones con el sexo opuesto. A estas personas pedir una cita o llamar por teléfono a alguien que les gusta les resulta una tarea difícil, tanto como aceptar que otro se interese por ellos, con lo que al final acaban limitando mucho sus contactos y su círculo se hace cada vez más reducido.
Por lo general la fobia aparece poco a poco. El afectado va evitando situaciones, que unas veces le molestan más que otras, hasta que le producen un deterioro significativo en la vida. Es bastante común que se comience a manifestar a los 15 años, aunque se puede observar desde la pequeña infancia, el momento en que suele manifestarse con toda crudeza es entre los 30 y 40 años.
Otras características
Otra característica resiente de esta enfermedad, es que se ha notado un aumento en los últimos años, esto puede ser debido a la gran competencia en el mercado laboral y a las mayores exigencias de la sociedad, que admite mejor a las persona as que aparentan ser seguros de sí mismos, bien vestidas, y en general con buen aspecto. También resulta bastante común que las personas afectadas consuman con frecuencia alcohol y tranquilizantes. Como les asusta hablar con alguien o hacer algo público, se toman un trago una pastilla y así se desinhiben y se sienten más seguros.
Se han diferenciado varias formas de fobia social. Por una parte existen fobias sociales restringidas, circunscritas a situaciones específicas (por ejemplo; comer en presencia de otros, hablar en público, relacionarse con el sexo opuesto, escribir ante otras personas, etc. ) por otra parte hay fobias sociales más difusas o generalizadas que pueden implicar casi todas las situaciones sociales fuera del contexto familiar.
Cuando la fobia es de tipo generalizado debe tenerse en cuenta la posibilidad que exista trastorno de personalidad de evitación.
La fobia social es un trastorno de ansiedad, por lo general se acompaña de depresión, disminución de la autoestima. Por otro lado puede estar acompañada de un trastorno de personalidad como los de dependencia o los paranoides. O bien puede haber una combinación de ambos. De ahí que sea fundamental la visita al especialista en psiquiatría, para que éste pueda evaluar adecuadamente el problema y aplicar la terapia adecuada.
Estimado Lector: si usted padece de algún problema psicológico y necesita ayuda, contácteme estoy en disposición de brindarle la mejor atención. Si es una persona de escasos recursos, los días viernes le ofrezco asistencia a precios diferenciados.

Cómo el miedo paraliza tu cuerpo
1. Pelo/piel: aparecen sudores, se pone el pelo erizado y la piel de gallina.
2. Ojos/oídos: la mirada se queda fija y hay sensación de mareo.
3. Boca: abierta, desencajada. Rechinamiento de dientes.
4. Pulmones: los bronquios se dilatan y la respiración se entrecorta.
5. Corazón: aparece taquicardia.
6. Estómago: sensaciones de malestar, náuseas, espasmos.
7. Hígado: libera reservas de azúcar.
8. Páncreas: disminuye la producción de insulina y se incrementa el nivel de azúcar en la sangre.
9. Riñones: aumenta la producción de hormonas del estrés.
10. Vejiga: ganas de orinar.
11. Intestino. Deseos de evacuar.
12. Sexo: se reduce la producción de hormonas.
13. Muslos, piernas y brazos: se tensan hasta engarrotarse.

*Dr. Javier Martínez Dearreaza. Neurólogo-Psiquiatra.
Clínica San francisco de Camas Luna Montoya 90 varas arriba. Tel. 2222494 y 877 1894.