Variedades

Shakespeare en el Injude


Recientemente en el local del Instituto Nicaragüense de Juventud y Deportes (Injude) se puso en escena, bajo la dirección de Els Van Poppel, la comedia clásica Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.
En cierta medida la ingeniosidad de que el Injude fuese el escenario, en una especie de teatro desarrollado al aire libre, nos faculta a opinar que fue una puesta en escena fuera de lo común.
Podemos decir que se dio una especie de despliegue asombroso en esta versión dirigida por Poppel, en el sentido que la escenografía capturó a los espectadores debido al colorido y las estrategias de soportar él mismo con la naturaleza que existe en este campo deportivo.
Desentonada
Sin embargo, a ratos la puesta se tornaba desentonada con la expectativa que se creó con la entrada de los actores y el anuncio que de ella se hizo.
Me refiero a que la fantasía erótica --el cuento de hadas que expone simultáneamente las convenciones cortesanas, el mundo del trabajo y los mitos celtas en la Inglaterra isabelina-- no se sintió con toda la fuerza necesaria, quizá debido a que algunos actores no se desarrollaron en su máxima expresión, no sólo en lo tocante a los parlamentos o la voz, sino en sus capacidades histriónicas, como es el caso de Lizandro, Hermia, Demetrio, Helena, Titania, Oberón.
Aun así personajes desarrollados por actores con carrera, como es el caso de Egeo, no estuvieron en su más estricta redondez. A mi juicio, dos personajes fueron afortunados: Teseo y Puck, quienes se desplazaron con mucha técnica y soltura, aunque se notara en uno más que en el otro. Fue entonces una obra en la que se notó una disparidad en las actuaciones y en el desarrollo de los caracteres.
Esta versión dirigida por Poppel fue predominante en cuanto al clima ligero, festivo, burbujeante. Fue entonces una puesta inocente, pero que no eludió las cuestiones más profundas. En fin resultó “disfrutable”, aunque formalmente arbitraria, fue esencialmente fiel al espíritu del original.
Un esfuerzo loable
Es digno de alabar esta labor de llevar a Shakespeare al pueblo en escenarios con estas características y tampoco es de extrañarse que este autor esté siendo tan representado hoy en día.
Su vigencia queda demostrada en la medida que es un clásico, por cuanto los conceptos vertidos en sus obras son de reflexión obligada de todos los seres humanos en algún momento de sus vidas, lo cual lo vuelve atemporal. Esta obra se volverá a presentar hoy viernes y mañana sábado en el mismo local a las 7 de la noche.