Variedades

CARLOS VIVES: un bailongo gigantesco y esperado


— MIGUEL BOLAŃOS GARAY —

Este sábado no será uno más en el calendario de la música para;
Nicaragua. No con Carlos Vives a pocas horas de presentar su;
excelente show que hace bailar y delirar a multitudes desde hace;
varios ańos y en todos los países en donde este colombiano ha;
llevado ese ritmo originario de Valledupar: el vallenato.;


Los que fueron testigos de su calidad hace un par de ańos en el;
estadio Roberto Clemente de Masaya saben de lo que estamos;
hablando: música y más música, baile y más baile en todos los;
confines del engramado. Es casi imposible resistirse al;
contagiante ritmo que la banda esparce por todos lados. Y esos;
testigos fueron muchos y con seguridad volverán a estar allí,;
nada más que en otro escenario como es el coloso de concreto de;
Managua: el estadio nacional.;


Vives, con su pinta más de estrella de rock que de guajiro;
colombiano, es un fenómeno que ha provocado polémicas entre los;
amantes del vallenato en Colombia: unos -los "puristas"- lo han;
atacado por según ellos haberse desviado del vallenato original.;
Otros, con distinta mentalidad, lo han calificado como lo mejor;
que le pudo pasar a la música colombiana y que abrió las puertas;
al mundo a este género tan suyo, pero que necesitaba quien lo;
sacara a pasear por el mundo entero.;


EL VALLENATO;


Y es que el vallenato es parte de la idiosincrasia colombiana.;
Algo así como samba y tango para brasileros y argentinos. El;
propio Gabo, diletante musical en sus ratos fuera de la máquina;
de escribir, dijo en una ocasión que "Cien Ańos de Soledad no es;
más que un vallenato de 300 páginas". Vallenato y cumbia son;
ritmos tan preciados por los colombianos como su famoso café o;
sus bellas mujeres.;


Me ha tocado presenciar muchísimos conciertos de toda clase de;
música en distintos lugares del mundo, pero en ninguno he visto;
la energía y alegría contagiante que hay en los shows de Vives;
en música tropical. Parece mentira, pero algo parecido vi hace;
unos diez ańos en Miami y con una orquesta que no era de origen;
latino: la Orquesta La Luz del Japón, de corta duración. Un;
tremendo show también.;


Perderse del concierto de Carlos Vives es para arrepentirse. Es;
algo que se lo pueden asegurar cualquiera que ya ha visto a Vives;
sobre el escenario. Sus músicos y sus bailarinas son un;
espectáculo que hacen del precio de la entrada una verdadera;
ganga, una ganga convertida espontáneamente por miles de personas;
en un gigantesco bailongo del cual nadie quisiera salirse ni que;
terminara en toda la noche. Así de bueno es un show de Vives y;
no exageramos.;


NO ES CASUALIDAD;


Un tipo que ha dado muestras desde hace muchos ańos de su;
calidad, de su constancia en los primeros lugares en ventas, de;
sus masivos y alegres conciertos, de sus numerosos premios y;
reconocimientos para los mejores es alguien en quien por fuerza;
hay que creer. Su fama no es mera casualidad. Y al menos los;
latinos -y nicas por supuesto- no debemos ser la excepción en lo;
de creer. El domingo, después de haber ido al concierto, podrán;
recordar esta nota y decir si el periodista que la hizo tenía o;
no razón.;


Pero para eso hay que ir al estadio este sábado y que no se lo;
cuenten los vecinos. Carlos Vives es un show fuera de serie y eso;
es algo que, como dice nuestro amigo Tijerino, deben ponerle;
sello. No se arrepentirán, se los garantizamos.;