Turismo

Un paraíso para encontrar la paz


Especial para EL NUEVO DIARIO

Es un paraíso de 22 manzanas de bosque reforestado que a la fecha se mantiene virgen. La naturaleza es admirada en toda su hermosura y son testigos de ella árboles de cedro, teca, pochote y una variedad de plantas ornamentales.
Allá también abundan los frutales, que conjugados con las aves propias del bosque, vuelven el escenario un verdadero paraíso en la tierra, donde además de hacer caminatas y respirar aire puro, se puede dejar atrás la vida agitada de la ciudad.
Su nombre es simple: Vivero El Buen Pastor, y está ubicado en el kilómetro 61 y ½ de la carretera que une a Nandaime con Jinotepe. Su origen puede explicar tanta belleza. Según su dueño, el arquitecto Víctor Tercero Talavera, nació como un lugar “para sanar la herida que le dejó la pérdida de su primera hija”, fallecida al nacer.
Aunque la propiedad la adquirió a finales de los años 70, fue hace una década que Talavera y su esposa emprendieron la aventura de crear la finca agroecológica, una de las pocas que existen en el país.

Para respirar libertad
Al recorrer los senderos de El Buen Pastor, uno se encuentra con ardillas, pájaros de diferentes especies y otros animales, que ligados al clima y a su paz, proporcionan la sensación de libertad y relajamiento que cualquier persona busca para salir del peso de las complicaciones de la vida diaria.
“Mi mayor deseo es que este lugar se convierta en un lugar de paz, reflexión y también en un proyecto distinto de empresa agroecológica”, explica su propietario.
Explicó que uno de los objetivos de la finca es unificar las diferentes actividades del campo en un mismo espacio, tales como la agricultura, la ganadería, la siembra y el desarrollo de madera preciosa, maderable y para leña, así como de plantas ornamentales y la fruticultura. De tal forma que cada palmo de tierra y todo lo que hay en ella sea aprovechado.
Víctor ha estudiado técnicas de cuido y preservación del medio ambiente en varios países como Israel, México y Costa Rica. “He aplicado esos conocimientos a esta finca, haciendo realidad nuestro sueño”, dijo.

“Un sueño loco”
Cuando Víctor inició la siembra de los árboles en la finca, los habitantes de las propiedades aledañas le llamaron “el loco de los palos”, pues no comprendían por qué en vez de dedicar el terreno para pasto (uso anterior del área) sembraba hasta en el último rincón árboles de diferentes especies.
Fue con los años que han comprendido el sentido de tal afán. Según Víctor, sembró en la reforestación entre 15 a 20 mil árboles. Dijo que para lograr la rentabilidad de la finca en armonía con la naturaleza, integró los tres sistemas productivos: el ganadero, el agrícola y el forestal. “La clave fue hacerlos coexistir sin que uno dañara al otro”, explicó.

Buen inventario forestal
Víctor dice estar seguro que con la reforestación y la integración de estos tres sistemas productivos que ha hecho en su finca, contribuye a la rehabilitación de la subcuenca del río Ochomogo, que está en peligro de secarse, ya que la propiedad queda ubicada en la parte alta de esta cuenca. “Nosotros no hacemos quemas y no permitimos el corte de árboles con fines comerciales”, añade.
El Buen Pastor cuenta con unos 20 mil árboles de diferentes especies, entre las más valiosas están: teca, caoba, cedro, roble, pochote, eucalipto, entre otros. A ello hay que sumarle 500 árboles frutales y el vivero que cuenta con 300 mil plantas.
Víctor adelantó que como parte de la oferta turística ecológica, trabaja en la construcción de casas de adobe, con techo de madera de café y teja, con la capacidad para albergar a unas cinco personas por vivienda.
En el futuro, la instalación contará también con un salón para eventos, reuniones y capacitaciones. “Se trata de un lugar para hacer un turismo diferente, propio para aquellos que desean paz y armonía”, explica.
En este paraíso, el diez por ciento es área de conservación, como bosque tropical seco. “No podemos pretender explotar la tierra sin darle ninguna compensación”, finalizó Tercero.