Turismo

Las iglesias, un encanto de León

León es una ciudad cálida y célebre también por la cantidad de letrados que ha parido. Con su arquitectura colonial se ha erigido en una nueva ciudad turística llena de encantos y de... iglesias

A casi cien kilómetros de la capital se encuentra León, empotrada en la llamada cordillera de los Maribios, nuestra faja caliente del Pacífico que remata como hebilla adornada de una piedra verde, el Cosigüina. Tras recorrer a lomo de asiento de vinil por casi una hora esa distancia en los rapidísimos microbuses interlocales, se llegué a la ciudad de los universitarios.
Ahora, ya sin el lastre de la mochila me adentro en la ciudad y lo primero que descubro es que las nociones de distancia y tiempo se me han perdido. Tres cuadras equivalen a setecientos metros y a aproximadamente diez minutos. Eistein hubiera pagado por verme gravitar indeciso y sin lugar fijo con las radiaciones místicas de las calles coloniales, donde su teoría se encarna.
Lo primero que busco es el ombligo de un León que camina veloz a esta hora ya en sus tareas diarias: la Basílica Catedral de la Asunción, de allí parten todas las direcciones. Fue construida en 1747 por manos indígenas con diseño español. Casi 300 años de historia resguardada por seis leones en tres de sus cuatro costados.

Los poetas
Allí cuatro grandes poetas abonan con sus cenizas este edificio que se construyó con huevos. El más grande, Darío, cuya tumba un fornido león de mármol, quejumbroso la resguarda desde hace casi un siglo.
Por veinte córdobas un guía te sumerge en los subterráneos, donde descansan personalidades ilustres, y por otros veinte más te eleva hasta las cúpulas, desde donde se pueden ver cinco volcanes y la ciudad entera.
León aparece construido casi sobre altares al calor de los inciensos, con una eficiente armonía española, quizás con pringues arábigos sostenido por sus arcos y columnas. Todo esto lo puede notar el visitante cuando aprecia estas colosales estructuras dedicadas a la adoración, al recogimiento espiritual y donde no sólo los creyentes localizan mejor la fe que profesan, sino los que ahí llegamos como visitantes.
Es la ciudad-historia, la ciudad de las iglesias, un lugar donde a cada paso uno advierte su sello propio, demasiado particular. Aquí, una muestra gráfica de ese esplendor digno de apreciar no en una, sino en distintas visitas.
Es León Santiago de Los Caballeros, la hidalga metrópolis que Tino López Guerra elevara a categoría de canto, de grito, de libertad y reafirmación nicaragüense: ¡Viva León, jodido!