Sucesos

Lidiando con la muerte y las injusticias

Tener enfrente a un animal que pesa entre 400 y 500 kilogramos de peso, es realmente atemorizante y si uno va encima de la bestia que va corcoveando con fuerza a toda velocidad (30 ó 35 kilómetros por hora), es peor aún, pero lo que más miedo da, es saber que si el toro lesiona o mata a un torero, nadie tiene derecho a nada

Marvin Antonio Rosales, de 27 años, mejor conocido en el mundo taurino como “Managua”, se juega la vida y el futuro de su familia por 400 córdobas cada vez que salta al ruedo.
Rosales es un obrero de la maquila, pero cuando no tiene “chamba”, en sus ratos libre “se rifa” desafiando la furia de los “cachudos”.
Y es que el peligro está ahí, en los cachos del animal. Si el montador cae, la bestia lo patea o lo hiere con sus astas o cachos.
Las patadas suelen provocar daños en huesos de las piernas, costillas, cráneo y columna, en cambio las cornadas, generalmente provocan heridas en la piel, tejido celular subcutáneo, músculos, escroto, vena femoral, testículos y pleura, tronco venoso braquecefálico (unión de la vena subclavia y la yugular), hígado, diafragma y uretra, según revela un estudio publicado en la revista Cirugía y Cirujanos.
Generalmente, cuando el montatoro tiene la suerte de no morir después de la agresión del animal, necesita un promedio de 11 a 15 días de hospitalización, según el estudio.
A Marvín Rosales seguramente estos datos no le importan. Él sólo sabe que al igual que el resto de montatoros, toreros y falseadores (personas que preparan al toro en la manga o el bramadero), está desprotegido, porque a la hora que un toro lo bota o lo embiste, él tiene que correr con sus gastos médicos.
“Managua” relató que en sus 12 años como torero ha pasado de la arena al quirófano de un hospital en tres ocasiones. La primera vez fue hace ocho años, cuando un toro le introdujo un cacho cerca del ano, en una corrida celebrada en el Estadio Nacional “Denis Martínez”.
Por esta lesión Rosales estuvo dos semanas postrado en la cama de un hospital con drenos, pero un mes después volvió al ruedo y siguió mostrando sus habilidades con la chamarra o capa roja.
Años después, durante las fiestas agostinas, se fracturó una pierna. Esa vez los médicos tuvieron que ponerle clavos ortopédicos. La más reciente lesión la sufrió hace un año, cuando un toro lo corneó cerca de la axila izquierda, en una corrida en la plaza de Toros de Nejapa. Los cirujanos tuvieron que ponerle 30 puntos de sutura.
Las veces que “Managua” ha estado convaleciendo, ha sobrevivido gracias al aporte económico de su pareja y de colegas, quienes hacen recolectas entre el público, o bien recibe ayuda económica de quien lo ha contratado.
A pesar de sus “visitas” al hospital, “Managua” dice que seguirá bregando en los ruedos nicaragüenses y no necesariamente por el dinero que se gana, sino por la pasión que siente por la fiesta brava, la que se ha extendido a sus hijos.

Contratos de palabra
Quienes se ganan la vida como toreros y quienes lo hacen ocasionalmente, al igual que “Managua”, están desprotegidos, legalmente hablando, porque ese oficio no está regulado, nadie está asegurado, y ni siquiera tienen contratos laborales del que puedan echar mano a la hora de un accidente para exigirle a su empleador que cubra los gastos médicos.
“Aquí el único contrato que existe es la palabra de hombre, es decir que yo salgo a torear y al final de la corrida quien me contrata me paga”, explicó “Managua”.
Casi la totalidad de los dueños de estos espectáculos, que no faltan en las fiestas patronales que se desarrollan a lo largo de los 12 meses del año en los 153 municipios del país, contratan a los toreros, montatoros y falseros a través de subcontratistas, con lo cual se evitan problemas de índole contractual y legal.
Por ejemplo, “El Mago” subcontrató a seis o siete montatoros para las nueve corridas que se desarrollarán en la plaza ubicada en el centro recreativo “La Piñata” hasta el 15 de agosto.
Por cada jornada taurina, los directivos de “Ferias y Espectáculos. S.A” pagan a “El Mago” tres mil córdobas, éste luego se encarga de pagarles a los subcontratados un aproximado de 400 córdobas por cada corrida de toros, explicó Fernando Pichardo, vicepresidente de esa sociedad anónima.

El riesgo por un premio
Pichardo señaló que los toreros también reciben su salario de manos de un subcontratista.
Los toreros ganan menos dinero que los montadores, porque ellos sólo se la pasan corriéndosele a los toros, es decir no montan al animal.
“Los toreros sólo se enfrentan al toro cuando el público o nosotros les ofrecemos premios que algunas veces son de 500 y hasta dos mil córdobas”, subrayó el joven promotor de eventos taurinos.
El vicepresidente de “Ferias y Espectáculos. S.A” afirmó que ellos sí tienen contratos de trabajo para sus toreros y montatoros, quienes tienen seguro en caso de accidente, pero éste sólo cubre gastos médicos.
Señaló que si el contrato establece que mientras el montador está lesionado y convaleciente su familia tiene que recibir una indemnización, “tenemos que pagarla”.

Totalmente desprotegidos
La jueza Cuarto Distrito del Trabajo, María Auxiliadora Alemán, y los abogados Julio Trejos y Freddy Jerez, coincidieron en afirmar que quienes trabajan en los espectáculos taurinos están desprotegidos por el Código del Trabajo.
La legislación laboral reconoce como válida una relación entre empleado y empleador si hay un arreglo verbal entre las partes, pero esto es difícil de demostrar en un juicio, reconoció la jueza Alemán.
El abogado Freddy Jerez reafirmó que dado que no existen contratos firmados entre las partes, y tampoco existe el elemento de subordinación del empleado hacia el empleador, es muy difícil demostrar la relación laboral en un juicio
“Quizás lo único que puedan hacer es promover, en caso de accidente o muerte, es una demanda por daños y perjuicios en la vía civil”, señaló el abogado Julio Trejos, quien tiene 10 años de litigar en el campo laboral.
“Los que trabajan en las fiestas taurinas están desprotegidos al igual que los cirqueros o lo que tiran cohetes en las fiestas patronales, porque no hay un contrato formal y tampoco cumplen con una jornada continua de ocho horas”, explicó la jueza Alemán.
“Así como el diputado Wilfredo Navarro está promoviendo una ley para proteger a los toros en las fiestas taurinas, también debería incluir a quienes laboran en las mismas o incluirlos en el Código Laboral mediante una reforma”, recomendó finalmente la judicial.

Un muerto por año
En los últimos años, siete personas han perdido la vida en el ruedo: el seis de junio del 2004, falleció Francisco José González Mendieta, “Chico Gato”, tras ser corneado por el toro “Casitas”; en el mismo año, pero en noviembre, murió en Acoyapa, Chontales, José Galeano López.
El 27 de febrero de 2008, Rafael Reyes Martínez expiró en la barrera de Camoapa, y el 12 de julio de 2009, el turno fue de Justo Pastor González Urbina, quien fue embestido por un animal de 550 kilos llamado “El Cubano”, en Corrales Verdes, Cofradía, Tipitapa.
“Cacho Blanco” mató el 26 de diciembre de 2009, en una barrera de Ticuantepe, a José Tomás Leiva, quien supuestamente fue la cuarta víctima del brioso animal.
El 31 de enero de 2010, el turno fue de Giovanni Benavides Valle, quien falleció en un jaripeo en Santa Teresa, Carazo, y el lunes 2 de agosto de este mismo año, sucumbió a la muerte Wilmer José Meza Martínez, conocido de cariño como “La Plaga”, quien fue embestido por un toro en una corrida en Nindirí.
Este año el Parlamento de Cataluña, España, prohibió las corridas de toros, por el maltrato físico extremo al que son sometidos los animales. En Nicaragua la situación es diferente, porque aunque a los toros no los “pican” ni lo desorejan ni les cortan el rabo, sí los “puyan” con espuelas y les aplican el chuzo eléctrico en algunos casos.
Lo que une a humanos y toros para la lidia en Nicaragua, es que no cuentan con una norma que los proteja, aunque los animales tienen mayor terreno ganado, porque por lo menos cuentan con una ley contra el maltrato, aunque aún no ha sido aprobada porque está en estudio.