Sucesos

Asesinó a su cuñada para robarle la finca

* Hermano de la víctima tiene ocho años de andar pidiendo que se haga justicia y le regresen la propiedad usurpada por supuesto victimario

Heberto Jarquín

BLUEFIELDS, RAAS

Transcurría la madrugada del jueves cuatro de abril de 2002, cuando Apolonia López Zamorán dejó la cama y acompañada de su amiga, Bertha Arosteguí, se dirigió a la estación de buses de Juigalpa, Chontales, para abordar el bus que la llevaría a El Ayote, donde cobraría 10 mil córdobas a su cuñado, Lucas Obregón, por la venta de una finca de ella.
La alegría desbordante de la “Pola” desapareció cuando bajó del bus en el puente sobre el río Cusuco, donde la esperaba Lucas, quien en lugar de entregarle el dinero, la agarró del pelo, la introdujo al monte y nadie volvió a saber de ella, hasta que tres días después encontraron su cadáver decapitado.
Han pasado ocho años desde que Apolonia López fue asesinada y su supuesto victimario, Lucas Obregón, en lugar de ir a la cárcel y enfrentar juicio, disfruta de la buena vida en la finca que usurpó después de matar a su cuñada, “Pola”.

Inusitado sadismo
Un dictamen médico revela que el cuerpo de Apolonia fue encontrado flotando boca abajo, en el río Cusuco, con la cabeza desprendida; tenía laceraciones en la vagina y restos de semen, lo que indica que fue violada y además tenía entre 26 y 30 semanas de embarazo.
El galeno que realizó la autopsia valoró que al momento de ser encontrado el cadáver de Apolonia López, el siete de abril de 2002, tenía unas 24 horas de fallecida, por lo se puede deducir que sus victimarios la tuvieron secuestrada durante dos días, antes de matarla junto a su hijo, que nunca vio la luz porque murió en el vientre materno junto a su progenitora.
Juan Manuel López Zamorán lleva ocho años tocando infructuosamente las puertas de la Policía, juez, Ministerio Público y organismos de Derechos Humanos de Juigalpa, pidiendo que se haga justicia por la muerte de su hermana, Apolonia, y le devuelvan la finca que supuestamente es usurpada por el victimario de ella, Lucas Obregón.
Para López resulta sospechoso que la Policía de Chontales no haya cumplido con la orden de arresto y allanamiento en contra de Obregón, emitida el 23 de diciembre de 2002 por la jueza Ángela Hernández, quien incluso nombró a Suhey Matus González como abogada de oficio del sospechoso del crimen.
Juan Manuel López denuncia que del expediente 2844 sobre el caso de asesinato, en donde la persona investigada es Lucas Obregón como presunto autor de la muerte de Apolonia López Zamorán, fue sustraída la declaración del testigo clave, Carlos Abel Medina Báez, quien identificó a Lucas Obregón y Lorenzo Toledo, cuando, auxiliados por dos desconocidos, vejaron y masacraron a Apolonia López.
Él asegura que la fiscal departamental de Chontales de esa época, Aurora Amador Díaz, negó haber recibido el expediente sobre este caso de parte de la Policía, sin embargo en el mismo se encuentra un oficio firmado y sellado por la Funcionaria del Ministerio Público en el que comisiona a Henry González para notificaciones sobre el caso en que se procesaba a Lucas Obregón por el delito de asesinato en perjuicio de Apolonia López.
Para colmo de males, el 24 de agosto de 2006, la jueza Ángela Hernández archivó la diligencia sobre el caso en perjuicio de Apolonia López. La judicial argumentó que desde el 16 de enero de 2003, las partes no han realizado ninguna gestión.

Clamor
Juan Manuel López, quien ahora reside en Bluefields, RAAS, emplaza a la jefatura de la Policía Nacional, Corte Suprema de Justicia y fiscal general de la República, para que investiguen qué pasó con el caso de su hermana, asesinada atrozmente, porqué ninguno de los implicados ha sido detenido ni llevado ante el juez y qué se puede hacer ahora que la causa está archivada.
“¿Será que en Nicaragua el que tiene dinero tiene la potestad de matar y robar? ¿La vida y los derechos de los pobres no tienen ningún valor? ¿Habrá una mano “pachona” que soltó dinero a las autoridades para que los asesinos de mi hermana quedaran impunes?”, se preguntó, consternado, López.