Sucesos

“Moclines” a juicio


Ernesto García

En manos de la justicia está el futuro de dos presuntos pervertidos a quienes la Fiscalía los acusa de abuso sexual en perjuicio de dos niñas, la primera de seis años y la otra de once.
El primero en ser sentado en el “banquillo de los acusados” fue Oswaldo Cerna Cabrera, de 28 años, quien enfrenta cargos por abuso sexual en perjuicio de la niña de seis años, a quien aparentemente enamoró y le manoseó la vagina.
Cerna fue remitido a juicio para el próximo 16 de julio, porque según la Fiscalía, abusó de la niña en dos ocasiones, la primera vez entre octubre y noviembre del año 2009, y la segunda en marzo de este año.
La escabrosa historia tuvo como escenario una comunidad de San Rafael del Sur, donde el sujeto de 28 años al encontrarse a la niña le dijo: “estás bonita y me gustás”, y luego le mostró el órgano viril, refiere la acusación fiscal.
Días después, Cerna se topó con la criatura, la tomó del brazo y la llevó hasta su casa, donde la besó en la boca y le hizo tocamientos en sus partes íntimas.
Cerna quedó al descubierto el pasado 28 de marzo, cuando el papá de la víctima observó que el acusado se acercó a la niña mientras ella observaba a su mamá hacer ejercicios.
Al ver la extraña escena, el papá preguntó a la niña qué platicaba con el hombre de 28 años. La pequeña dijo que Cerna le estaba pidiendo que le mostrara la vagina.
El juez Quinto Distrito Penal de Audiencia de la capital, Julio César Arias, mantuvo el arresto domiciliar para el acusado y ordenó que lo lleven al siquiatra forense.

Tocó a la sobrina
Álvaro Mora Martínez también fue llevado ante la justicia acusado de abuso sexual en perjuicio de una sobrina política de 11 años, a quien le introdujo la mano dentro de la blusa para tocarle los bustos, relató la madre de la víctima.
Los hechos por los cuales Martínez es procesado en el Juzgado Tercero Distrito Penal de Juicio, ocurrieron el pasado 30 de diciembre en la casa de la víctima.
Con lágrimas en las mejías, la mamá de la niña relató ante la jueza Rosario Peralta que cuando su hija le contó lo sucedido, ella se puso a llorar, porque recordó que ella también sufrió igual vejamen.