Sucesos

Motorizados acaban con la vida de quinceañera


María Mercedes Urroz

La alegría, la sonrisa y el brillo de sus ojos negros le fueron arrebatados en fracción de segundos a la quinceañera Valeria Carolina Ortega Leiva, quien pereció en sala de cirugía del Hospital “Alemán Nicaragüense”, tras recibir una bala perdida la noche del miércoles.
El proyectil que mató a Ortega entró por el glúteo derecho y en su trayectoria le desbarató la pelvis. Por centímetros no traspasó a la joven de lado a lado.
La frustración y desconsuelo son evidentes en los familiares de la muchacha “que fue víctima de desalmados que siembran el terror en los barrios de la capital, dejando dolor en personas inocentes”, dijo doña Luz Marina Chamorro, abuela de la fallecida.
Doña Luz Marina relató que su nieta estaba en casa de su tía, donde funciona una pulpería, sitio donde un joven estaba comprando, cuando pasaron unos motorizados que dispararon sobre ellos en más de cinco ocasiones.
“Yo ya estaba acostada cuando escuché las detonaciones y el alboroto porque habían herido a mi nieta. No pensé que muriera tan pronto. Ella le dijo a mi hija ‘tía me dieron’, no se quejó…La verdad nosotros no tenemos problemas con nadie, ella era una muchacha que ni salía, porque hasta cristiana era”, manifestó doña Luz Marina Chamorro.

Un herido
En el mismo incidente resultó lesionado en la rodilla Luis Enrique Páramo Espinoza. Este joven estaba en una esquina sentado al momento de los disparos.
La Policía de la Cuarta Delegación investiga el móvil que dio origen a la balacera mortal. Sospechan que puede tratarse de rencillas personales entre jóvenes, a las que la quinceañera era ajena.
Inicialmente los testigos especularon al decir que las balas eran para el joven que estaba comprando en la pulpería, pero doña Luz Marina que conoce al muchacho, dijo que éste no tiene rencillas con nadie.
Valeria Carolina Ortega cursaba el quinto año de secundaria en el Instituto “José Dolores Estrada”.
La vela de Valeria Ortega se realizó de la Parmalat, una cuadra al sur, en el barrio “Santa Rosa”, adonde llegaron miembros de la Iglesia Centro Cristiano, a la que ella asistía.