Sucesos

El drama por “La Chupeta” de los reos

Desde que perdió a su marido en un accidente laboral hace diez años, Juana Cárdenas ha tenido que luchar sola con sus cuatro hijos, pero es el de 20 años quien más dolores de cabeza le ha dado, porque ha caído preso varias veces y ella le tiene que garantizar y llevar “La Chupeta” a la prisión todos los días

María Mercedes Urroz

“La Chupeta” es el término que emplean los reos para referirse a los alimentos que les entregan en la cárcel.
Cuando el prisionero no tiene quien le provea alimentos, el jefe del distrito destina una parte del presupuesto de la unidad para garantizarle una pequeña ración de comida en una bolsa plástica que tienen que succionar para alimentarse.
“No es comida diferente o sobras como piensan algunas personas, sino que es de los mismos alimentos que los agentes policiales degustan, con la diferencia de que va en una bolsa, todo junto, es de ahí que los reos le denominan “La Chupeta”, explicó una fuente policial.
En una unidad policial no se come carne diario, pero a un guiso con arroz, frijolitos y tortillas, o a unos tallarincitos, nadie le hace mala cara.
Juana Cárdenas, de 63 años, explicó que para proveerle los alimentos a su “oveja negra”, cuando está detenido, hace grandes sacrificios.
“En tres ocasiones ha estado detenido. Mis otros tres hijos me dicen que lo deje ahí, pero usted sabe que no puede ser. La primera vez fue arrestado por vandalismo, la segunda porque se le llevó las sillas plásticas a una vecina, y hace poco otra vecina le dio trabajo en la poda de árboles y también se le llevo varias cosas”, relata Cárdenas.

Derecho a alimentarse
A Cárdenas la encontramos haciendo fila en una de las estaciones policiales de Managua para entregar “La Chupeta” de su hijo, escena que se repite decenas de veces porque en la capital hay seis delegaciones que en su conjunto albergan un promedio de 180 presos diariamente, quienes tienen que recibir tres tiempos de alimentos.
Por norma general, es la madre quien entrega alimentos, en segunda instancia aparece la esposa y en último lugar, los hijos de los presos y resto de familiares.
“Mi hijo puede ser el peor, pero nació de mí y nadie lo va a querer como yo. No acepto lo que hace y las madres somos la últimas en enterarnos, pero nuestro amor es parecido al de Dios, siempre perdonamos”, explicó doña Aurora Peralta al referirse a los amigos y hasta a algunas mujeres que se olvidan de los maridos a la hora que caen presos.
Doña Reyna Cuadra viaja de San Benito, comarca de Tipitapa, ubicada en el kilómetro 35 de la Carretera Panamericana Norte, hasta La Subasta, donde está ubicado el Distrito Seis de Policía, para entregar comida para su hijo.
“Desde el 15 de este mes—febrero-- está detenido por un pleito entre familiares. Sólo le traigo el almuerzo, porque la situación está difícil, tengo que pagar 20 córdobas de pasaje y gastar en la comida. Antes hacía una libra de arroz, ahora hago dos, le compro queso, pero la verdad es que todo está más caro y se me hace difícil. Mi hijo apenas tiene 18 años”, asegura la señora Cuadra.
Cristina Romero, de 67 años, también tiene un hijo preso por supuestamente agredir a su mujer, la Mery, hecho que la dama niega que haya sucedido, pero como ella dice “así es la vida”.

200 córdobas por día para un preso
“A veces no tengo para comer, pero como sea me la “rebusco” para traerle a mi muchacho aunque sea el almuerzo. Cuando la bolsa me da, hago viaje tres veces al día. Me siento impotente y lloro cuando no logró venir ni una sola vez, porque me imagino lo triste que es estar encerrado y sin comer”, agregó doña Cristina Romero.
Carmen Solórzano, quien desde hace más de 21 días le ha llevado el alimentos a su hijo acusado por robo con fuerza, dice que los gastos para garantizarle la comida a un preso se han elevado y no sólo porque su vástago ya no está colaborando con ella para los gastos del hogar, sino porque además, tiene que mantener a sus tres hijos de cinco, dos y un año de edad.
Cuando una persona no tuvo tiempo de preparar los alimentos para llevárselos a su preso, tiene que comprar en los bares que están cerca de la estación de policía. Un plato con refresco o gaseosa cuesta 50 córdobas, y si a esa cifra le adicionamos transporte y dos tiempos más de comida, fácilmente se redondean 200 córdobas, por lo que siempre es mejor que uno prepare la comida para su reo.
El capitán Santos Urbina, jefe de Operaciones y Primer Oficial de Auxilio Judicial del Distrito Tres de Policía, explicó que custodios reciben el desayuno para los presos de 6 a 7 de la mañana, de once a doce el almuerzo y de cuatro a cinco la cena.
“Cada persona que entrega comida debe estar plenamente identificada con su cédula, para evitar el ingreso de alimentos adulterados con algún químico que le pueda hacer daño al reo o en el peor de los casos le provoque la muerte. También revisamos que no lleve algún artefacto que pueda servir para la huida de un detenido”, explicó el capitán Urbina.
“La comida es entregada en bolsas plásticas, si son frutas deben ir peladas, no se puede introducir a las celdas platos, cucharas, cuchillos, ni nada que pueda servir para atentar contra la vida y la seguridad de los detenidos y custodios”, agregó el uniformado.

Todos comen
En cada estación de policía, hay un oficial designado para recibir la comida y entregarla a cada reo en la celda.
El capitán detalló que hay tres tipos de detenidos en las celdas de los distritos: los que están a la orden de los diferentes jueces; los que están en proceso de ser acusados por Fiscalía al término de las 48 horas y los que ingresan en cada turno, sus celdas son distintas según el delito o falta que cometieron, pero el común denominador es que todos necesitan comer.
Algunos reos no tienen quien les provea alimentos, pero “no se tiran la roja”, como popularmente se dice, sino que la Policía se los da.
Pese a eso, no faltan los reos que se pasan de vivos y como no tienen quien les provea alimentos, se cambian el nombre a la hora de la entrega de “La Chupeta” para tomar un plato de comida que no le corresponde, como le ocurrió a una dama en la Estación Seis, quien señaló que le llevó la comida a su marido, pero éste le dijo que no la recibió.
Cuando la dama le preguntó al encargado, éste le manifestó que cuando preguntó quién era fulano de tal, un reo dijo “yo soy” y la recibió, lo que dejó al descubierto el hurto. La mujer no tuvo más remedio que volver a comprar otro plato de comida.

El eterno problema con los nombres
La Policía reconoce que los nombres son un eterno problema en las delegaciones policiales, porque los sospechosos le dan un nombre al patrullero que lo detiene, cuando ingresan a las celdas dan otro y cuando hablan con el investigador también, e igual ocurre cuando llegan ante el juez.
Sin embargo, en las delegaciones policiales explicaron que para evitar el hurto de los desayunos, almuerzos y cenas, cada plato se entrega debidamente rotulado con el nombre que el mismo familiar ha dado del reo.
Los jueves son días de visitas en las delegaciones policiales. El proceso es el mismo que se utiliza para la entrega de comida: el familiar se identifica con su cédula al ingresar, un custodio revisa la comida y si tienen que entregar pertenencias, firman un documento. Ese es el único día que el reo come a gusto en compañía de sus seres queridos.

Quejas infaltables
Pese a que el procedimiento está creado para que no haya fallas, siempre hay quejas. Varias personas consultadas para este trabajo manifestaron que a veces hay maltrato para con los familiares de los presos, quienes tienen que hacer largas filas y esperar varias horas para que le reciban un plato de comida.
“Aunque a veces llevemos temprano la comida, se las entregan tarde. Me asustan los comentarios que señalan que antes de que los alimentos lleguen a los reos, quienes la revisan la “juegan”, y a veces ni se las dan”, comentó una mujer que se negó a brindar su nombre por temor a que haya represalia contra su preso.
“Mi hijo llora, él no es así, me explica que ya no aguanta un minuto más encerrado, tiene miedo y yo sufro porque no sé qué le hicieron o lo qué le pasó”, comenta otro familiar.
Por su parte, los responsables de los custodios aclararon que los alimentos se reciben a la hora indicada y “no se juegan o prueban, es decir nadie les introduce las manos, ni nada parecido, sino que como van en una bolsa, se examina al tacto, luego se le entrega y nunca un plato de comida “se pierde”, porque se entregan conforme a una lista de ingreso.

Visitas especiales
Pero no todos los días son malos para los reos en las delegaciones policiales, porque cuando llegan instituciones, organismos o personas altruistas a repartir alimentos, “es día de fiesta”.
Regalar bondad materializada en un plato de comida para un reo es fácil. Sólo hay que hacer una carta y dirigirla al jefe del distrito policial pidiendo permiso. Este a su vez informa al jefe de Auxilio Judicial para que permita el ingreso de las personas que van a llevar los alimentos.
En la carta se debe especificar el día, la hora y el tiempo que van a estar en las celdas. Es claro que la persona que solicita el permiso debe estar plenamente identificada al igual que quienes le acompañen.
La comida tiene que ir en bolsa plástica o en platos de poroplas.