Sucesos

Por fin capturaron al que mató a su joven ex mujer


Lizbeth García

Después de más de dos años de disfrutar de la libertad, la Policía capturó a Jorge Alberto Vega, de 30 años, y la Fiscalía lo acusó en el Juzgado Décimo Penal de Audiencias por la presunta autoría del asesinato de Esperanza Sofía Reyes López, quien murió a consecuencia de siete puñaladas, el 20 de febrero de 2005.
La joven, que cumpliría 18 años en abril de 2005, además de las puñaladas, presentaba mordiscos en el rostro y en los pechos.
“No queremos venganza, lo que pedimos es justicia, hemos luchado casi tres largos años y hasta ayer (el lunes) fue capturado”, dijo la madre de la víctima, Karla del Carmen López, quien junto al tío de Esperanza Sofía, Javier Reyes, se presentó a los tribunales para pedir al juez Norge Rivera que le imponga la prisión.
Los familiares de la fallecida explicaron que para que la Policía “tomara cartas en el asunto” y capturara al sospechoso, tuvieron que recurrir de queja ante Asuntos Internos y hasta se entrevistaron con la comisionada Aminta Granera, porque consideraban que la investigación había sido defectuosa.
No obstante, ayer por fin la Policía remitió al juzgado al sospechoso, que fue capturado en la vía pública, pero como hubo un corte de energía eléctrica, la audiencia inicial con características de preliminar para Jorge Alberto Vega fue programada para hoy, a las once y media de la mañana.
El crimen ocurrió en la casa de María Luisa Martínez, en la Colonia Independencia, cuando víctima y victimario estaban en una reunión con siete amigos, tomando licor.
“Él la emborrachó y se quedó a solas con ella, para asesinarla”, recordó doña Karla del Socorro, quien señaló que su hija, al momento del crimen, tenía un mes de estar separada de su ex pareja, es decir, Jorge Alberto Vega.
Aunque nadie vio cómo fue el hecho, la mujer indicó que la Fiscalía tiene testigos que dicen que diez días después del crimen, Vega regresó de Granada, donde supuestamente se había ocultado, para decirle a su padre que quería confesarse, porque había hecho algo malo.