Sucesos

Huérfana y víctima del mundo

* Fue narcotizada y prostituida por una familiar de su madrastra * Un día se armó de valor e intentó salir de ese mundo, pero encontró gente mala, hasta que un ángel la rescató, pese a su avanzado embarazo

Máximo Rugama

Perdió a su mamá a los ocho años, y fue maltratada y violada por un sujeto mal llamado padre. Esa fue la temprana infancia de “Cándida”, quien a los 16 años y con una tierna hija en brazos, trata de recuperar y volver a armar los retazos de su vida

ESTELÍ
“Cándida” es el nombre ficticio que utilizaremos para referirnos a esta muchacha originaria Puerto Cabezas, en la Región Autónoma del Atlántico Norte, pero que reside en Estelí desde hace algunos meses.
Su dolorosa vivencia se remonta a los ocho años, cuando su mamá falleció, y desde entonces fue sometida a los peores castigos físicos y ultrajada sexualmente por su “padre”, un degenerado también nacido en Puerto Cabezas.
El sujeto no dudaba en agredirla hasta desmayarla, y en varias ocasiones le provocó heridas con un machete, para que cediera a sus requerimientos sexuales.
“Creo que a mi mamá le hicieron maleficio... ella estaba bien, y en la mañana ya había muerto. Allá hay mucha gente mala, y le pudieron haber hecho daño, pero nadie supo quién fue ni por qué lo hizo”, relata la adolescente con un lenguaje en el que mezcla el español, miskito e inglés.
No había cumplido los diez años cuando su progenitor se juntó maritalmente con una mujer de la que la adolescente no desea ni acordarse.
Si bien con la presencia de su madrastra los abusos sexuales no volvieron a ocurrir, “Cándida” no recibía el trato que a sus diez años necesitaba. Ella, para la mujer de su padre, no era la niña, sino “la perra”, o “la mota”, como en el argot popular se le llama a los huérfanos, y eso sólo era una muestra del desprecio que sufría.
Inducida al vicio y obligada a prostituirse
Dos años después, a los doce, “Cándida” fue trasladada con engaños a Managua, en un rústico camión, por una prima de la amante de su padre. Pero en vez de mejorar, como creyó en su momento, pues su mente infantil creía imposible sufrir más aún, su situación empeoró, ya que esta mujer la mantuvo secuestrada y la prostituyó, a la vez que la obligaba a vender y consumir drogas.
La despiadada mujer procuraba mantenerla siempre drogada, para que no opusiera resistencia a los clientes que llegaban para saciar sus bajos instintos. El dinero que pagaban los sujetos que la abusaban iba en su totalidad al bolsillo de la proxeneta, dizque para su manutención.
La jovencita está segura que en su cautiverio consumió crack, marihuana y cocaína. En esa situación pasó varios años, ya que al parecer la prima de su madrastra tenía por finalidad convertirla en una piltrafa humana, lo que casi logró.
La baja autoestima de “Cándida” era alimentada por la drogadicción, las humillaciones y la forma como los “clientes” la trataban. Pero un día sintió como si una fuerza superior la iluminaba, y con voluntad personal y sobre todo con la ayuda de Dios, empezó a valorarse y buscó cómo salir de aquella inmundicia.
De nuevo en problemas
Su única opción era trabajar como empleada doméstica, sin haber madurado, aún con el rostro de la niña que era. Así llegó a la casa de un tipo que le ofreció trabajo, y durante algunos meses todo marchó bien, hasta que su patrón se convirtió en un victimario más y la humilló y mancilló en su casa, situada cerca del Mercado de Mayoreo, en Managua.
A esas alturas, “Cándida” estaba convencida de que toda su vida sería violada y agredida. Sin mayor alternativa, debió soportar los vejámenes del sujeto, que vivía solo en la casa y que ni siquiera le pagaba su salario, pues argumentaba que ella trabajaba sólo por la comida, constituida por arroz, frijoles y pan, y de vez en cuando una taza de café.
La muchacha por fin encontró a alguien que al comienzo consideró piadoso. Éste es un pastor de una iglesia evangélica de esta ciudad, quien la trasladó a Estelí, para rescatarla como “oveja perdida” y llevarla a los caminos de Dios.
No obstante, afirma que a pesar de que ella se dedicaba a limpiar el templo y a realizar alguna labor para ganarse el pan diario, el pastor siempre se burlaba de ella y hacía chistes de su condición con algunos feligreses.
Embarazada y confundida
El sufrimiento de la muchacha parecía no terminar, y fue peor cuando se dio cuenta que estaba embarazada, como resultado de las violaciones sistemáticas a que fue sometida por su patrón, cuando estuvo en Managua.
Cuando llegó a Estelí todavía desconocía su estado, por lo que al inicio la situación no fue tan cruel, pero una vez que su vientre creció, más se burlaban de ella en la iglesia. Por ello, decidió distanciarse del templo y la congregación, y buscar ayuda de personas altruistas, la que encontró en una señora que vive en el barrio “La Comuna”.
La piadosa dama, a pesar de su pobreza, ya que vive en una casita de paredes de madera y zinc viejo, le brindó un lugar en donde dio a luz a su bebita, y mientras se recupera del parto, las alimenta a ambas. Aun así, la buena samaritana nos pidió que no reveláramos su identidad, por razones de modestia.

Investigación de futuros bachilleres
Este caso de drama y sufrimiento trascendió a los periodistas gracias al esfuerzo de un grupo de muchachos y muchachas, entre ellos Alan Castillo, quienes realizan un trabajo monográfico para optar al título de bachiller en Ciencias y Letras.
Ellos cursan estudios en el Colegio “Guillermo Cano Balladares”, de esta ciudad, y decidieron aportar algo a la sociedad realizando este tipo de investigación.
Con esta menor, la sociedad y el Estado mismo tienen una deuda moral, y la lógica dice que deberían apoyarla a ella y a su bebita, de la que no desea separarse ni un instante, pese a las vicisitudes que le ha tocado sufrir y enfrentar. “No quiero que ella pase todo lo que yo viví”, exclama, aferrándose al pequeño cuerpo de la recién nacida.
La misma “Cándida” afirma que éste es un caso para muchos quizás increíble, pero es el resultado de todo el abuso que sufrió. Y aunque sea difícil de entender, esta jovencita no guarda ningún resentimiento, y en todo caso cree que es Dios quien debe juzgar a los que le hicieron tanto daño.
Su bebita en la presente semana arribó a su primer mes de vida, pero no ha sido beneficiada por ningún proyecto de apoyo a las madres adolescentes, y los ONG brillan por su ausencia en la vida de “Cándida”.
Uno de los muchachos que realizan su trabajo monográfico se presentó a las oficinas de la Delegación Departamental del Ministerio de la Familia, pero en ese lugar sólo le recomendaron que le dijera a la adolescente que fuera a interponer la denuncia.
Viendo el nulo apoyo de MiFamilia, los futuros bachilleres decidieron no acudir a la Comisaría de la Niñez y la Adolescencia de Estelí, pero tienen la convicción de que este trabajo sirva para que las autoridades se encarguen de investigar, ayudar sobre todo a la muchacha, y luego mandar a la cárcel a sus verdugos, en este caso su padre, su madrastra y la prima de ésta, así como a sus violadores.