Sucesos

Fue ejecutado por banda nica-hondureña


Leoncio Vanegas

SAN FERNANDO, NUEVA SEGOVIA

El cadáver de Uriel Gonzalo Herrera Ortez, --oriundo de la comarca Salamají, y quien tenía de 55 años, y estaba secuestrado desde el 24 de septiembre--, fue encontrado a unos 200 metros de donde sus captores lo interceptaron en la moto mientras volvía de la finca de uno de sus hijos, situada en el borde fronterizo con Honduras, en la zona llamada Las Camelias.
Según el informe del comisionado Juan Manuel Chávez, segundo al mando de la Policía neosegoviana, los restos fueron hallados por un perro propiedad de don Carlos Enrique Vargas Salgado, quien caminaba por la zona hacia una labranza de su propiedad.
Vargas Salgado contó a los investigadores policiales que se metió a un matorral, porque escuchó el revuelo de unos zopilotes, pero se preocupó más ante la insistencia de su mascota, y por curiosidad verificó, por lo que encontró una osamenta humana dislocada por las aves de rapiña.
El forense determinó que el cafetalero pudo haber muerto por tres estocadas con arma blanca que sus captores le propinaron en el tórax, pues la camiseta que vestía tenía tres fisuras verticales en el mismo punto.
El alto jefe policial también reveló que para matarlo primero le ataron las manos, porque en el lugar se encontró un cordel azul de nylon. Lo despojaron de su cartera y un reloj bañado en oro, que según sus familiares usaba al momento de su desaparición.
Aunque dijo que las investigaciones sobre el horrendo crimen apenas comienzan, se descarta el móvil de secuestro para extorsión. “Aquí hay algo más serio”, acotó Chávez.
Añadió que tienen encartadas a varias personas con las que Herrera Ortez tuvo litigios judiciales, y entre las cuales se incluyen a una ex amante que lo demandó por pensión alimenticia para unos hijos que tuvo extramaritalmente, así como un hermano, con el cual se enfrentó en los juzgados por una herencia que les dejó su progenitora.
Chávez prometió investigar todo el entorno social donde se movió la víctima para encontrar a sus asesinos materiales e intelectuales, el móvil y todos los elementos de convicción para presentarlos ante un inminente juicio.
La desaparición del cafetalero había sido reportada por Dulce María Miranda, empleada doméstica de una finca cafetalera del señor Herrera Ortez, el mismo día que no retornó de la propiedad de su hijo; lo buscó por el camino vecinal, donde sólo encontró la motocicleta y huellas de botas militares, lo que indujo a un mal agüero, y avisó a la familia de su patrón.