Sucesos

Si las premoniciones impidieran crímenes

Una llamada telefónica “amarrando” una supuesta reparación mecánica desató el pasado 14 de septiembre un episodio de espanto que culminó con la muerte de un joven estudiante universitario. Pese a que el hecho fue denunciado cuando era ejecutado, no puede evitarse un sabor amargo: ¿por qué las personas que conocieron del hecho no ayudaron a la víctima? ¿Se ha perdido acaso la elemental solidaridad entre humanos?

María Mercedes Urroz

Alguien me dijo una vez que el corazón de una madre nunca se equivoca, no sólo es una bomba para llevar sangre al cuerpo entero, puede ser también el que te salve la vida. Si eso fuera cierto, doña Bernarda González no habría perdido a uno de sus hijos. Un presentimiento que no pudo interpretar le hubiese salvado la vida.
“Salió y nunca pensé que jamás lo iba a volver a ver con vida. Le dije: ‘No vayás, hijo, ya es tarde’, pero me respondió que no iba a tardar. Es el último recuerdo de mi hijito, mi corazón está hecho pedazos, no puedo, no quiero encontrar consuelo, se fue una parte de mi vida, lo que más lamento es la crueldad con la que me lo mataron”, dice doña Bernarda González, y un llanto desgarrador le impide seguir hablando.
El corazón de una madre nunca se equivoca, y aunque parezca increíble, desde hacía días doña Bernarda empezó a presentir que algo le podía ocurrir a uno de sus dos hijos mayores, por lo cual pedía a Dios que los guardara, que guiara sus caminos.
Melvin Ernesto Sánchez González, de 26 años, la tarde del pasado viernes 14 recibió una llamada telefónica, que fue no para realizar algún trabajo, sino para quitarle la vida atrozmente, ya que recibió varios golpes en la cabeza con un mazo y un bate. Los motivos verdaderos del asesinato aún son desconocidos, aunque las autoridades policiales han reiterado que el móvil fue el robo.

Primer hijo
El muchacho, que laboraba como mecánico en el sector de la pista El Dorado, era el primogénito de doña Bernarda y su esposo, Segundo Sánchez; cursaba primer año de Ingeniería Mecánica, en el Rupap, de la Universidad Nacional de Ingeniería, y fue atacado sin piedad hasta que acabaron con su existencia. Sus más cercanos lo describen como un ser humano querido por muchos, un hijo ejemplar, hermano confiable, esposo tierno, amigo en todo momento.
Ivania Isabel Baca Narváez, de 28 años, compañera de vida de Melvin por más de cuatro años, jamás se imaginó que el viernes 14 de septiembre se convertiría en una pesadilla, peor que las películas de horror.
Por la mañana, como todos los días, el joven se alistó para dirigirse a su trabajo y se despidió entre besos y abrazos, como presintiendo que esa sería la última vez que miraría al amor de su vida, a pesar que el día anterior habían tenido una discusión normal de pareja.
“Siempre antes de regresar a la casa pasaba por donde su mamá; luego vino, se sentó en el sofá y a eso de la una de la tarde le sonó el celular, y me dijo que iba a ver una camioneta. Se fue en short y camiseta, entonces pensé que no iba a tardar”, recuerda con tristeza Ivania.
Asimismo, la viuda asegura que a las seis de la tarde lo llamó para saber a qué hora regresaría, y lo raro es que el celular estaba apagado. Agrega: “Por eso comencé a preocuparme, ya que él nunca apagaba el teléfono, y le dejé un mensaje: ‘Contestame algo, por lo menos decime dónde estás’”, recuerda entre lágrimas Ivania.
Siempre que Melvin no llegaba antes de la nueve de la noche, su compañera llamaba a su suegra, doña Bernarda, para saber si estaba con ella. Pero el viernes no la llamó. Se recostó, pero a las doce y media su concuña le tocó la puerta y su cuñado le preguntó si tenía alguna noticia.
“Cuando mi cuñado me dice, ¿no sabés nada?, en ese momento algo horrible se apoderó de mí, recorrió todo mi cuerpo y desde entonces todo se me vino al suelo, aunque me pedían que me calmara, no lo podía hacer”, revive lo sucedido Ivania Baca.
Asimismo, indicó que agentes de la Tercera Delegación de Policía se contactaron con su suegro para informarle que habían encontrado un vehículo con manchas hemáticas, y fue cuando empezó la zozobra de saber dónde estaba el cuerpo del joven Melvin Sánchez.

¿Por un rumbito?
Melvin salió supuestamente a realizar un trabajo de mecánica. A su hermano, Ismael Sánchez, le preguntó cómo llegar hasta una dirección cercana a El Zumen, pues andaba en busca de una camioneta roja, de la que hasta ahora la Policía sólo cuenta con la descripción de su color.
Según doña Bernarda, su hijo andaba preocupado, pero no contó los motivos. Se fue hacer el “trabajo”, e incluso pensó que se trataba de algún amigo, pues de vez en cuando lo llamaban para que les arreglara el vehículo, les enseñara a manejar u otro asunto que tuviera que ver con mecánica.
Según las investigaciones realizadas por la Policía, después de buscar la dirección, Melvin preguntó cómo llegar al lugar a dos sujetos que lo llevaron a la muerte, quienes primero le despojaron de 2 mil córdobas, los parlantes, el radio, una caja de herramientas y su celular.
“Ni cortos, ni perezosos los delincuentes se ofrecieron a enseñarle y lo conducen al camino de San Isidro de Bolas, donde intentan robarle. Melvin se resiste, lo golpearon, lo echan en el asiento de atrás, Melvin pide ayuda, lo vuelven a golpear, y esta vez lo echan en el valijero del Mitsubishi gris, placas M 088-605”, refiere Ismael.
Uno de los hombres es José Daniel Martínez Suárez, alias “Ñañelo”, quien se encuentra en prisión preventiva, acusado de asesinato atroz, y se busca a la otra persona, de la que se sabe es su cuñado, involucrada en el terrible crimen.
Cuando Melvin es golpeado por sus asesinos, vecinos de San Isidro de Bolas llaman al número 118 de la Policía Nacional, informando que dos sujetos golpeaban a un joven. Uno de los testigos reconoció como principal agresor a “Ñañelo”, a quien también apodan “El Coto”, quien golpeaba con un mazo a la víctima.
Asimismo, el testigo reconoció el vehículo Mitsubishi gris, placas M 088-605, en que se movilizaba Melvin y en el que vieron a “Ñañelo” y a Juan Daniel Guerrero López, alias “El Flaco”, golpear y meter en la cajuela al joven, e incluso vieron cuando lo bajaron cerca de un árbol de Guanacaste, donde lo continuaron golpeando.
El cuerpo del Melvin fue lanzado a un pozo de más de 200 metros de profundidad, donde el victimario, José Daniel Martínez, cometió más delitos contra otras personas, en otras fechas, según las investigaciones policiales.

Dramático rescate
El dramático rescate del cuerpo que estaba en un viejo pozo de más de 200 metros de profundidad, en la comunidad San Isidro de Bolas, ubicado exactamente del colegio “Padre Fabreto”, cuatro cuadras al sur y dos cuadras al este, terminó con más de 55 horas de incertidumbre de la familia Sánchez González.
A las diez y media de la noche del domingo 16 de septiembre, miembros de la Dirección General de Bomberos, DGB, y del Comando de Operaciones Especiales del Ejército de Nicaragua, COE, lograron extraer el cuerpo de Melvin, en el cuarto intento que se realizó, ya que la profundidad del pozo, la oscuridad, la falta de oxígeno y el hedor hacían más difícil el rescate.
El cuerpo de Melvin se encontraba en estado de descomposición, y al llegar a la superficie era esperado por su papá, Segundo Sánchez, su mujer, Ivania Baca, y su hermano Ismael Sánchez, quienes en medio del llanto y dolor lo reconocieron de inmediato.
El cuerpo de Melvin fue trasladado al Instituto de Medicina Legal, para realizarle la debida autopsia, la que indicó de manera preliminar que el motivo de la muerte fue un trauma craneoencefálico más fractura en el cráneo.
Los familiares de Melvin, aunque creen en la justicia divina, quieren que las personas que privaron de la existencia a su hijo, esposo y hermano, paguen, y aunque están seguros que esto no les devolverá a su familiar, al menos tendrán la satisfacción de ver a los culpables tras las rejas.

Policía investiga
La Policía de la Tercera Delegación, que está a cargo del caso por haberse encontrado en su jurisdicción el vehículo abandonado y el cuerpo de Melvin, se encuentra hermética y manifiesta que continúa investigando. El subcomisionado Danilo Obregón manifestó que están tras la pista para capturar al segundo elemento involucrado en el asesinato, de quien ya se sabe su paradero.
Vecinos, amigos y conocidos de Melvin manifestaron a EL NUEVO DIARIO que la Policía debe rastrear la última llamada que recibió a su celular el joven, ya que al parecer la hizo una persona conocida, y fue la que empezó con el trágico final del muchacho. El teléfono lo recuperó la Policía sin chip y sin memoria, pues la mujer de “Ñañelo” lo vendió en 800 córdobas. También nos manifestaron que se rumora entre ellos que el crimen pudo ser pasional, aunque no se sabe con exactitud si es por parte de una ex pareja de la compañera de Melvin, Ivania Baca, o Melvin andaba con otra fémina, de ser así el crimen pudo ser planificado.