Sucesos

Una hija “de oro”

* La valentía de una joven que creyó en su padre, aceptándolo pese a ser víctima del alcohol * Madrastra se retractó, pero aun así el jurado lo condenó, el juez reflexionó y hasta ahora que Apelaciones acepta que todo fue una equivocación

Lizbeth García

En diciembre de 2006, la vida cambió de forma dramática para Karen Lucía González y sus cuatro hermanos, porque su madrastra denunció a su padre por la supuesta autoría de violación para, aparentemente, vengarse de todos los maltratos que sufrió durante el tiempo que convivió con él y justificar la búsqueda de un nuevo marido

El año pasado Dios le puso a Karen Lucía González la mayor prueba de fe que una joven de 19 años puede enfrentar: creer en la inocencia de su padre, acusado por violación, aunque las pruebas dijeran lo contrario.
González no sólo creyó en su padre, sino que pese a su corta edad y la falta de dinero para pagar un buen defensor, inició una “batalla legal” para demostrar su inocencia y revertir la condena de 15 años de prisión que le impuso el Juez Cuarto Penal de Juicio.
La tarea no fue fácil, porque la joven apenas recibía una ayuda económica de 1,600 córdobas al mes como practicante en una institución gubernamental, dinero con el que tenía que mantener a sus hermanos de cinco, diez y catorce años respectivamente, dado que su madrastra sólo se llevó al bebé de dos años.
El único apoyo que tuvo la joven fue el de su abuela paterna, quien lavando y planchando alimentó y cuidó de los tres niños que J.J.H., de 35 años, procreó con dos mujeres distintas.
Cabe aclarar acá que Karen Lucía González es producto del primer matrimonio que J.J.H. tuvo hace años, relación que terminó diez años atrás, cuando “apareció” la mujer que lo mandó a la cárcel, la que dos meses después del arresto se fue de la casa e inició una nueva relación con otro caballero.
González explicó que durante todo el tiempo que su padre estuvo preso, padeció de anemia y pena moral, pero sobrevivió gracias a las plegarias que día a día le hacía a su Padre Celestial desde el baño de su centro de trabajo, donde se encerraba a rezar y a llorar.
Recordó que después de que su papá fue declarado culpable en juicio oral y público en febrero de este año, ya no tenía dinero para seguir costeando la defensa, porque tras cotizar precios entre varios abogados, se dio cuenta que jamás iba a conseguir los 12 mil córdobas que le pedían para sacar de la prisión a su papá vía apelación.
J.J.H. vivió un drama paralelo al de su hija: en la cárcel habían cucarachas, ladillas y otros animales, pero lo peor de todo eran los mismos presos que a la hora de un pleito, como por arte de magia sacaban cuchillos y otras armas blancas de fabricación artesanal.
Ir al baño también era una proeza, porque tenía que levantarse temprano, y para comer, tenía que esperar que le llevaran “su barco”, pero cuando esta provisión de alimentos se acababa, el reo tenía que comer frijoles con bicarbonato.
Una mano amiga
La desesperación por liberar a su padre de semejante drama llevó a González a pedir ayuda en la Defensoría Pública de la Corte Suprema de Justicia, donde le tendieron una mano amiga.
Los hechos por los que J.J.H fue enjuiciado, supuestamente ocurrieron a la medianoche del 24 de febrero de 2006, en el barrio “Enrique Smith”, cuando el hombre, en estado de ebriedad, requirió sexualmente a su mujer, pero como ésta se negó a copular, el varón le habría introducido los dedos en sus partes íntimas para luego pasárselos sobre los labios y nariz para decirle “te hiede”.
Durante el juicio oral, la supuesta violada retiró la acusación contra su marido y explicó que si lo denunció fue porque tenían problemas de pareja derivados del problema de alcoholismo de él.
Pero los miembros del jurado fueron, como popularmente se dice, “más papistas que el Papa”, porque lo declararon culpable en una votación de cuatro contra uno, que creía en su inocencia.
Ni el juez creyó
Ni el juez estaba convencido de la culpabilidad del acusado, porque en la sentencia explicó que cuando entre un hombre y una mujer existe una relación de pareja, es obligación de la esposa o compañera de hecho estable “cumplir con sus obligaciones carnales”.
En ese sentido el judicial explicó que una mujer sólo se puede negar en razón de enfermedad o por el modo en que se pretende copular, sin embargo, tuvo que dejar de lado su opinión jurídica y sentenciar a J.J.H. y acomodar los hechos dentro del tipo penal de violación, argumentando que hubo un requerimiento abusivo del derecho del marido en detrimento de la libertad sexual de la víctima.
Pero ni el acusado ni su hija quedaron conformes con esa sentencia, por lo que por medio del defensor público, Donald Soza Salgado, recurrieron de apelación.
Los magistrados de la Sala Penal Dos del Tribunal de Apelaciones de Managua anularon todo el proceso y pusieron en libertad al acusado tomando como base la declaración de la supuesta víctima, quien a viva voz les dijo que no hubo violación sino un momento de ofuscación derivado de problemas conyugales.
El defensor público Donald Soza explicó que desde el momento que la supuesta víctima retiró la denuncia y dijo que no se sentía ofendida por su marido, cesó el consentimiento que le había dado al Ministerio Público para acusar y representarla en juicio, decisión que debió ser respetada por el fiscal del caso, lo que no ocurrió.
Los magistrados también tomaron en cuenta a favor del acusado el hecho de que éste no pudo hacer uso del derecho a la última palabra, porque el Sistema Penitenciario Nacional no lo llevó a la sala de juicios ese día, de tal forma que fue condenado en ausencia, con la negligente anuencia de su abogado y del mismo juez.
También el tribunal de alzada tomó en cuenta a la hora de anular el juicio, el hecho de que el juez permitió que se incorporara a juicio una valoración sicológica de la supuesta víctima que negligentemente no había sido intercambiada con el abogado defensor, pese a que el Ministerio Público tuvo tiempo de incorporarla, porque no se trataba de prueba descubierta durante el proceso.

“Ya la perdoné”

“Yo no odio a mi madrastra, porque sufrió mucho porque mi papá era alcohólico, pero sí estoy resentida con ella porque no mira a mis hermanos ni les ayuda… Ellos sufren por la separación de ellos, y el hecho de que ella tenga un nuevo compañero de vida, los ha afectado sicológicamente”, explicó Karen Lucía González, protagonista de esta historia.
Tampoco J.J.H. le guarda rencor a la mujer que lo mandó a la cárcel porque es la madre de sus hijos y “ya la perdonó”. Ahora padre e hija sólo quieren trabajar para salir adelante, tarea que también se les ha hecho difícil, pues él, aunque es mecánico, no tiene trabajo fijo.
La joven tampoco tiene trabajo, pese a que es técnico medio en contabilidad, operadora de microcomputadoras e igualmente tiene experiencia como ejecutiva de ventas, recepcionista y secretaria ejecutiva, dado que de febrero a junio de 2006, fue secretaria en la Dirección de Delegaciones de la Contraloría General de la República.
En su hoja de vida Karen Lucía González tiene recomendaciones de personalidades como el alcalde de Ciudad Sandino, Raymundo Flores Genet, entre otros, quienes dan fe de su honestidad y competencia, pero hasta ahora todas las puertas laborales se le han cerrado.
Si alguien quiere ayudarla dándole un trabajo, pueden llamarla al teléfono 415-4667.