Sucesos

Otra mujer asesinada

* En este caso, la víctima se encontró de frente, en el camino, con el autor, quien sin razón aparente la despedazó a machetazos

José María Centeno

EL RAMA

Rosa Rosales Amador, de 40 años, es otra infortunada mujer de esta zona central de Nicaragua que muere despedazada a machetazos por un endemoniado sujeto, quien sin discutir siquiera la atacó sin piedad.
Según el informe policial, el autor es el sujeto Juan Pablo González Loáisiga, de 26 años. Los hechos ocurrieron en la comarca La Ceiba, al oeste de Ciudad Rama, cuando Rosa transitaba sola por un camino rural y se encontró frente a frente con el asesino, quien la macheteó hasta quitarle la vida.
Rosa murió de forma inmediata en el lugar de los hechos y el sujeto se dio a la fuga. La Policía Nacional está tras la pista del asesino, para capturarlo y ponerlo tras las rejas, dijo a EL NUEVO DIARIO el capitán Román Benítez, vocero oficial de La Policía Nacional de Zelaya Central.
Con ésta ya son cuatro las mujeres asesinadas en Zelaya Central, en menos de dos meses; el caso anterior se registró en Nueva Guinea, donde dos mujeres murieron apuñaladas por tres sujetos, los que ya guardan prisión en las celdas preventivas de la Policía Nacional de esa localidad.

Embarazada se suicida
De igual manera se conoció en El Rama que una joven de 17 años se suicidó con una fuerte dosis del químico utilizado para prevenir plagas en la cosecha de frijoles. La joven era habitante de la comunidad Diamante Rojo, del municipio de El Rama, pero residía con su compañero de vida contiguo a la bloquera del barrio “Germán Pomares”.
La fatal decisión de la adolescente, quien estaba en estado de embarazo, ha provocado sorpresa en su familia y pobladores de El Rama, pues la muchacha, además de estar en estado de gestación, aparentemente vivía en paz con su marido, sin embargo, testigos que habitan cerca de la vivienda de la pareja expresaron que aparentemente una llamada telefónica provocó una discusión, a las ocho de la mañana del miércoles 16 de los corrientes, y luego el hombre se fue al trabajo, sin imaginar lo que minutos más tarde pasaría.
La joven fue a un lugar donde venden las pastillas para curar frijoles, las compró y luego que llegó a la casa que alquilaba las ingirió. Una vez que se sintió mal llamó vía celular a su compañero, quien la escuchó que estaba llorando, pero no entendió sus palabras, por lo que de inmediato se trasladó a ver qué pasaba y la encontró convulsionando.
En su afán por salvarle la vida buscó un medio de transporte para trasladarla al hospital ubicado en La Esperanza, pero antes de llegar al centro asistencial la muchacha expiró. Se desconocen aún sus motivos.