Sucesos

Con los violadores no hay solidaridad de género


Lizbeth García

Danilo José Gómez Hernández, de 21 años, seguramente esperaba que los cuatro varones que estaban dentro del tribunal de jurado que estaba conociendo su caso, junto a una dama, creerían en la coartada que llevó a juicio, pero “le salió la venada careta”, porque fue declarado culpable de violación en menos de cinco minutos, delito por el que podría permanecer “a la sombra” de 15 a 20 años.
La coartada de Oscar Lindo es que su defendido no tiene perforaciones en las orejas, y la persona que obligó a una universitaria de 19 años a hacerle sexo oral usaba aretes.
Sin embargo, la Fiscalía y la propia víctima se encargaron de “desbaratar” la coartada del acusado diciendo que no hay necesidad de perforarse la oreja para usar chapas, porque existen piezas de presión.
“No tengo necesidad de venir a mentir o acusar a alguien sin tener pruebas, él es. Yo lo reconocí. Yo no estoy loca ni estoy ciega. Si él me hubiese matado, no estaría aquí pidiendo justicia”, dijo la víctima cuando le pidió a los miembros del jurado aplicar la ley para evitar que otras mujeres sufran lo que ella sufrió y aún sufre, “porque todavía hoy no he superado lo que me pasó”.
En base al daño psicológico que sufrió la víctima y cuatro agravantes más, la Fiscalía pidió la pena máxima de 20 años de prisión para el violador.
“El dinero o el sexo”
Según la acusación, los hechos por los que Gómez fue declarado culpable ocurrieron el tres de junio, a eso de las dos y media de la tarde, cuando la víctima, que vive en Unidad de Propósitos, salió de su casa para ir a la universidad, y fue interceptada por el acusado en la parada de buses “Las Maseteras” para pedirle un córdoba.
La joven le dijo a Gómez que no andaba dinero, pero éste la amenazó con un cuchillo que portaba en la cintura y la obligó a entregarle un par de chapas de oro, un anillo, 150 córdobas, el pasaje del bus, su bolso, un monedero con 22 córdobas, un anillo de plata y sus documentos; pero no conforme con eso la obligó a dirigirse a un predio vacío que está detrás del Colegio Naciones Unidas.
Bajo la amenaza de un cuchillo, el acusado obligó a la víctima a hacerle sexo oral y tragarse el semen. Inclusive, le hizo una corrida en el abdomen y la golpeó en la cara cuando ésta quiso vomitar. Cuando la dejó ir, el acusado la amenazó de muerte y le dijo “que le agradeciera por no haberla penetrado vía vaginal”, dado que la joven estaba en su período menstrual.