Sucesos

Asesinato con ribetes homosexuales

* Los protagonistas se dirigían a Mulukukú, donde la víctima pagaría 20 mil córdobas, pero el autor le disparó por la espalda * Herido de muerte cayó de la bestia y luego fue degollado * Supuestamente, días antes el infortunado amenazó de muerte al mozo porque éste se negó a tener relaciones sexuales con él

Moises Centeno

LAS MINAS, RAAN

El robo de veinte mil córdobas es la principal causa por la que Mario Isaías Vanegas López, de 18 años, asesinó de forma salvaje a su patrón Walter Cipriano Cruz García, de 36, a quien le propinó tres balazos en la parte posterior del cuello y luego lo degolló.
La víctima cayó de su mula y agonizó en la escena del crimen, cerca del río Canalete, en el caserío conocido como El Gamalote, del municipio de Mulukukú, jurisdicción de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
El autor trabajaba como mozo del ahora difunto, y cada uno se transportaba en mula con destino a Mulukukú, donde la víctima le pagaría veinte mil córdobas a Heriberto Medrano Obando, en concepto de cancelación de abarrotería.
El infortunado iba adelante con el dinero y con un revólver 22 Magnum, serie SA10148, al lado derecho de su cintura, y reportado como ilegal. Mientras su acompañante --que en ese momento ejercía la labor de seguridad-- iba detrás de él, con una carabina 30 milímetros en mano, serie 4292851, que pertenece a Rosalío Cruz Polanco, hermano del difunto, a quien le prestó el arma para se cuidara.

Sabía del dinero
Antes de que Walter Cipriano saliera de su negocio en El Gamalote, en compañía de su trabajador --Mario Isaías-- contó el dinero que entregaría a su proveedor, y lo cargaba en una bolsa plástica transparente cuando fue ultimado por su mozo de confianza de tres disparos: uno en la nuca --cuyo orificio de salida le desbarató la boca--, otro en el lado derecho de la espalda, y el último que penetró por la oreja derecha y no tuvo orificio de salida.
Después de que el asesino degolló a su patrón, con lo que se aseguró de su muerte, se apoderó del dinero y del revólver que el infortunado llevaba.
Entierra pruebas
A unos trescientos metros de la escena del crimen, el mozo enterró el dinero, la carabina y el cuchillo de ocho pulgadas sin cacha, con el que remató a su empleador, con la clara intención de desvirtuar lo ocurrido, y cuando hubiera oportunidad regresar por el dinero.
El victimario sólo se quedó con el revólver de la víctima, el cual se acomodó en el costado izquierdo. Su torpe coartada consistió en hacer creer a los familiares de Walter Cipriano, al igual que a la Policía Nacional, que habían sido víctimas de una emboscada en el mencionado lugar.
Con toda la calma del mundo, avisó de la imaginaria emboscada a Rosalío Cruz Polanco, a quien le comunicó con toda la desfachatez del caso que su hermano había sido tirado y no sabía si estaba muerto.
El ingenuo familiar creyó lo revelado por el mozo de su hermano, y cuando llegó al lugar del crimen, la víctima estaba como fue dejada por el asesino.

Hasta lloró en vela
El sujeto todavía tuvo la osadía de acompañar al familiar doliente a la Policía Nacional de Mulukukú, para presentar formal denuncia, pero eso no fue todo. También el criminal estuvo en la vela y hasta lloró por la violenta muerte de su patrón. Pero, ¿qué hacía el “sobreviviente” con el revólver del patrón en su costado?
La Policía comprobó que varios casquillos encontrados en el lugar pertenecían a la carabina asignada al mozo, y por la dirección de los impactos de bala y la ubicación de la víctima, que iba adelante, concluyeron que el principal sospechoso era el denunciante y hombre de confianza de la víctima: Mario Isaías Vanegas López.
Al final, Mario Isaías confesó el crimen y señaló a la Policía el lugar donde había enterrado los veinte mil córdobas, la carabina y el cuchillo.

¿Homosexuales?
El hechor confeso alegó que asesinó de forma premeditada y con alevosía a su patrón, por el hecho de que días antes lo amenazó de muerte con el revólver ocupado, supuestamente porque ese día, no precisa fecha, se opuso a seguir sosteniendo relaciones sexuales con la víctima.
El despiadado mozo aseguró ante los agentes policiales que convivía como pareja con su empleador, y que éste lo obligaba a que le hiciera el amor hasta cinco veces diario.
El autor del crimen está detenido en las cárceles preventivas de Siuna, donde todo parece indicar que saldrá, por asuntos de jurisdicción judicial, ya que la Fiscalía de este municipio se negó a recibir el caso para acusar en esta jurisdicción, y argumentó conocer que los casos penales de Mulukukú corresponde a Matagalpa, según acuerdos de la Corte Suprema de Justicia.