Sucesos

Huérfana de la justicia

* Inconsistencias en dictámenes y testimonios hacen dudar de la culpabilidad del padre de Betsabé, un joven que ya fue condenado a 15 años de prisión * Una supuesta enemistad originada por piropos y una dama que alega haber sido abusada sexualmente por el hoy convicto

Lizbeth García

Con sólo diez años de vida, Betsabé Castillo Rojas ha sufrido más que cualquier niña de su edad, porque “conoce” la pobreza, la tristeza, el hambre, la soledad, el desamor de una madre, el sufrimiento y la impotencia que nace entre los niños que, como ella, viven el infortunio de tener un padre tras las rejas

La tarde del 30 de diciembre de 2005, cuando todas las familias de los Laureles Sur se aprestaban a recibir el año nuevo, Betsabé Castillo Rojas vivía el peor capítulo de su vida, porque su padre, Carlos Esteban Castillo González, y su abuela, Guadalupe del Carmen González, ya no estaban con ella: la Policía los apresó.
A él lo arrestaron por violación y robo con violencia, y a ella por atentar contra la autoridad y sus agentes, porque cuando la Policía llegó a su casa, como una leona que defiende a su cachorro, quiso evitar que se llevaran preso su hijo, esfuerzo que resultó infructuoso porque se los llevaron a los dos.
Tras el arresto de madre e hijo, Betsabé quedó sola en casa por cuatro largos días con dos menores más, de seis y siete años. Tuvo que ingeniárselas para comer y tratar de sobreponerse a la inesperada desintegración de la familia.
Madre ni apareció
Ante una situación así, lo lógico habría sido que la madre, Sandra Raquel Rojas, acudiera al rescate de su hija, pero eso no ocurrió, porque desde que se separó de Carlos Esteban para formar una nueva familia, perdió contacto con ellos. Supuestamente la mujer vive en Chontales y tiene tres hijos más con su nuevo marido.
Sólo los vecinos de Betsabé saben lo que la niña sufrió durante esos cuatro días, pero luego su abuela recuperó su libertad en enero de 2006, por decisión de la juez Sexto Local Penal de Managua, María Iveth Pineda. Pero la alegría de la niña fue a medias, pues su padre se quedó preso porque ese mismo día la Fiscalía presentó una acusación sindicándolo como autor del delito de violación en perjuicio de una dama de 55 años, delito por el que hace pocos días fue condenado a 15 años de prisión, después de que los miembros de un jurado “le echaron bolas negras”.
Betsabé no sabe por qué condenaron a su padre, ya que él le ha dicho que no hizo nada, pero lo que sí sabe es que ahora tiene que ayudar a su abuela, quien está enfrascada en una lucha tenaz por probar la no culpabilidad de Carlos Esteban, quien era el sostén de toda la familia.
Consejos a una hija
“Yo extraño a mi papá, y cuando lo voy a visitar él me dice que no ande en la calle y que no vaya a lugares donde no debo ir. Él me dice que va a salir (de la cárcel) pronto, porque el abogado va a ganar el juicio”, expresó esperanzada la menor.
Doña Guadalupe comentó que desde que su Carlos “se fue”, la vida de ellos ha sido muy difícil, por lo que la niña ha tenido que trabajar cosiendo bolsas de saco que luego venden en el mercado a 35 córdobas la docena.
“Hago bolsitas, orillas y pego piezas”, agrega la niña, quien aprendió el oficio de su padre, porque éste trabajó como operario en una empresa textil de la Zona Franca por siete años, hasta que tuvo que irse y laborar como ayudante de albañilería, actividad a la que se dedicó hasta que fue apresado.
La precoz incursión de la niña en el mercado laboral ha deteriorado su salud. Está delgadita y muy pálida. “Me ha agarrado dolor en el estómago, ardor, y cuando hago fuerzas siento como que algo se me sale de aquí”, confirma tocándose el pecho.
Y no es para menos que Betsabé esté enferma, porque desde la mañana “se pega” a la máquina de coser, luego ayuda en los quehaceres de la casa y por las tardes va a la escuela, donde cursa tercer grado.
El sueño de Betsabé es que su padre salga en libertad y que la familia vuelva a reunirse en la humilde casita con piso de tierra, tablas viejas y sin muebles que los acoge desde que emigraron de Ocotal hacia Managua.

Recurrirán de revisión
El defensor público Erving Dávila explicó que actualmente están recabando nuevas pruebas para pedir la revisión de la sentencia condenatoria que la juez Sexto Penal de Juicio, Miriam Guzmán, le impuso a Carlos Esteban Castillo.
El abogado explicó que en este caso es el único recurso del que pueden echar mano, porque la pena que la juez le impuso fue la mínima que existe para el delito de violación, y por tanto hubiese sido contradictorio apelar de la misma.
Cuando ocurrió el crimen que le achacan a Carlos Esteban --23 de octubre de 2004--, él se encontraba durmiendo en una propiedad que estaba en construcción para evitar la sustracción del material y para llenar de agua los barriles que usaban, según los testigos que doña Guadalupe está proponiendo.
Otro elemento que el reo tiene a su favor es la contradicción que existe en la prueba vertida en juicio: los peritos Margine Sandoval y Ligia Campos dictaminaron por separado que cuando examinaron el calzón y la vagina de la víctima, no encontraron semen. Sin embargo, la citología exfoliativa que el forense Walter Cuadra hizo, reveló la supuesta presencia de espermatozoides.
Para dilucidar la duda, la defensa pidió que se extrajeran fluidos corporales del cuerpo del acusado, para compararlos con los espermatozoides supuestamente encontrados en la vagina de la víctima, pero de nada sirvió la estrategia de la defensa, porque el jurado lo condenó.
Para doña Guadalupe, su hijo fue víctima de una injusticia o de una venganza orquestada por la hija de la supuesta violada, quien según documentos oficiales del Juzgado Primero Local del Crimen, en 2004 denunció a Carlos Esteban por falta contra las personas, porque supuestamente la enamoraba, pero la juez Julia Mayorga absolvió al joven de 27 años del delito que le achacaban.
Según doña Guadalupe, en Sabana Grande se comenta que quien cometió el crimen que le achacan a su hijo es un sujeto apodado “El Gato”, quien desgraciadamente es físicamente parecido a su vástago.
Otro elemento jurídico del cual la defensa piensa echar mano para probar la inocencia de Carlos Esteban, es una carta suscrita el 20 de noviembre de 2004 por el subcomisionado Ricardo Suárez, quien informó al Tribunal de Apelaciones de Managua, en ese entonces en la Estación Seis, que no tenían ninguna orden de captura en su contra, más que informaciones de que en su casa guardaba un arma, lo que resultó ser falso, porque cuando allanaron con orden judicial no encontraron nada.
Si el crimen ocurrió el 23 de octubre de 2004 y supuestamente el reo había sido reconocido en rueda de presos el 31 de octubre de ese mismo año, ¿por qué la Policía informó al Tribunal de Apelaciones que no tenían nada en su contra y por qué esperaron casi dos años para hacerlo?