Sucesos

Lección tras la muerte de dos hijas

* Tragedia en Larreynaga deja una enseñanza para evitar el peligro en casas de dos pisos * Cómo los padres encuentran consuelo en la religión, tras la irreparable pérdida

Ernesto García

Para Mario Rivas Rodríguez y su esposa, Sandra Pantoja, sus vidas cambiaron la fatídica mañana del pasado ocho de septiembre, al perder a sus hijas, Ana Gabriela y Raquel de los Ángeles, de 18 y 15 años, en un incendio. Pero ellos, en sus sentimientos, entienden que el cielo ganó a dos ángeles

“Mis hijas no están muertas. Mis hijas han nacido en el cielo”, asegura Mario Rivas Rodríguez, quien con fe inquebrantable, junto a su familia se sobrepone a la inesperada desaparición física de sus recordadas hijas.
Aunque Mario Rivas y su esposa, Sandra Pantoja, reconocen que la ausencia de sus hijas humanamente les produce un vacío inmenso y un dolor indescriptible, a la vez dicen estar regocijados por tener la certeza de que ellas son parte del reino de Dios.
Para este matrimonio de catecúmenos (grupo laical católico), el hecho que sus hijas hayan muerto el ocho de septiembre, día en que la Iglesia celebra el natalicio de la Virgen María y que únicamente le haya quedado vivo su hijo, Mario José, de 12 años, es otra señal de que ellas han alcanzado la santidad.
Mil “Ave Marías”
Como parte de los actos conmemorativos por la paz de estas jóvenes en la huestes celestiales, sus padres participaron el jueves, día del Santísimo de retiro espiritual, en un convento de religiosas en las afueras de Managua, donde rezaron por ellas junto a otras cien personas mil Ave Marías.
Pese a que el matrimonio Rivas Pantoja, con la inesperada partida de este mundo de sus inolvidables Ana Gabriela y Raquel de los Ángeles, han perdido a sus “tesoros” terrenales, no dudan en repetir que ellas han alcanzado la santidad.
Para esta pareja que ha dado testimonio de fortaleza y resignación cristiana, uno de los principales anhelos es que el único hijo que les quedó, Mario José, consagre sus mejores días a la vida sacerdotal.
“¡Qué dicha más grande sería para nosotros que nuestras hijas alaben al Señor en el cielo, junto a los ángeles y querubines, y nuestro hijo lo haga en la tierra!”, subrayó Rivas.
Un regalo de Dios
Doña Sandra Pantoja, quien pese a su condición de madre también luce fuerte y serena ante la fatalidad que le ha tocado vivir, dice que la ausencia de sus hijas la ha sabido llevar con la ayuda de Dios.
“Humanamente estoy muerta, pero con la ayuda de Dios y la Virgen vamos saliendo adelante”, afirma la señora Pantoja, mientras muestra un rosario que le regaló una de las religiosas del convento donde estuvieron el pasado jueves.
El rosario que las hermanas clarisas obsequiaron a doña Sandra, como el ofrendado por las religiosas a su marido, Mario Rivas, tienen un especial significado. El primero, porque según la hermana de la congregación de las “Hermanas Clarisas” es un regalo que le hizo hace varios el papa Juan Pablo II, de grata recordación, y el recibido por su esposo es uno que el actual pontífice, Benedicto XVI, le hizo.
¿Cómo eran estas hermanas?
Nueve días después de haber partido de este mundo Ana Gabriela y Raquel de los Ángeles, son recordadas por sus progenitores como dos jóvenes muy distintas en su actuar, pero a la vez con una gran coincidencia, como fue el don de servicio al prójimo.
Raquel de los Ángeles, la hija mayor, es recordada como una joven llena de jovialidad, con una gran facilidad para entablar amistad con sus semejantes y con gran capacidad de liderazgo. La recuerda su padre, Mario Rivas, quien hace una pausa mientras en la garganta se le forma un nudo que le impide seguir hablando de la muchacha.
Al referirse a Ana Gabriela, quien tan sólo dos semanas antes de su deceso celebró sus 15 años, Rivas dice que ella absorbió de él la disciplina militar con la que fue formado durante los años que estuvo en las filas castrenses, pero resaltando en ella la figura del humanismo cristiano.
Al producirse su viaje sin retorno de este mundo, Raquel de los Ángeles cursaba el segundo año de Administración de Empresas, en la universidad, mientras Ana Gabriela estaba por concluir su cuarto año de bachillerato. Las dos hermanas, los sábados, estudiaban inglés en la Universidad Centroamericana (UCA).

Cómo evitar otra tragedia
La reciente tragedia en el barrio Larreynaga, en la que perdieron la vida las hermanas Rivas Pantoja entre las llamas, también ha puesto sobre la palestra pública la interrogante acerca de qué tan conveniente es proteger el hogar con extremas medidas de seguridad.
Para el subcomandante Ramón Landeros, de la Dirección General de Bomberos, lo peligroso no son las viviendas de dos pisos que se han puesto “de moda”, ni las medidas para protegerse de la delincuencia, sino las carencias de planes de seguridad habitacional.
“Muchas veces nos protegemos de la delincuencia de afuera hacia adentro, pero no sabemos qué vamos a hacer dentro nuestras casas en caso de emergencia”, subrayó el subcomandante Landeros.
La casi totalidad de las personas que construyen su casa o remodelan, no incluyen en sus planes una salida de emergencia que debe ser tan imprescindible como lo es el bisturí para el cirujano o la libreta para el periodista.
En las construcciones de dos o tres plantas siempre debe haber una ruta de escape que puede ser una puerta o una ventana. Si se trata de una ventana, la misma no debe estar cubierta con verjas y su altura sobre la superficie del suelo no debe exceder el metro de altura”, enfatizó Landeros.
En caso de ser una puerta la salida de emergencia, ésta debe estar ubicada preferiblemente al lado del patio y sin cerraduras, para en caso de producirse una eventualidad no exista el riego que se enllave, explicó la fuente.
Otro error es construir escaleras en forma de caracol o dejar las casas sin patio. Las escaleras en forma de caracol, al bajar de prisa, pueden provocan que alguien caiga y los que están detrás lo terminen aplastando, y las casas sin patio no dejan rutas de salida.
Del ciento por ciento que construye o amplía su casa, un porcentaje muy reducido que no pasa del diez por ciento solicita la asesoría de expertos en materia de seguridad habitacional al momento de construir, señaló Landeros.
“Las personas que hacen nuevas construcciones o amplían sus casas prefieren no pedir una inspección, cuyo costo no excede de 100 córdobas, porque siempre piensan en lo económico”, resaltó Landeros.
Sin embargo, una recomendación previa a iniciar una construcción, no sólo puede salvar la vida de los seres queridos, sino hasta de los vecinos, porque todo incendio tiene como principal característica su propagación rápida.
Pero ante los riesgos que acarrea convertir el hogar en una “trampa mortal” en el esfuerzo por protegerse de la delincuencia, existen otras alternativas como la solidaridad entre los vecinos.
“Si en una comunidad hay buena comunicación entre sus miembros, las casas están mejor protegidas, porque éstos se cuidan mutuamente sus hogares“, según el capitán Gregorio García, jefe de Información y Análisis del Distrito Cuatro de Policía.
Otra manera de contrarrestar la delincuencia, sin poner en riesgo las vidas, es a través de señales sonoras, como un silbido, el sonar de una sirena, un disparo al aire o bien comunicarse telefónicamente entre los vecinos, en caso de ver algo sospechoso, destacó García.
Una tercera forma de protegerse de los antisociales es organizándose en el barrio para contratar a vigilantes, a quienes además de pagarles su salario los miembros de su comunidad les garanticen su tiempo de comida (cena), recomienda el capitán de la Policía.