Sucesos

Todo por ser mujer “honrada”

* Las condiciones estaban dadas para que la jovencita fuera asesinada, y nadie pudo prevenirlo * Hermana cree que en vez de amor, lo que Teresa Anabel sentía por su victimario era temor * Y lo peor, por ser “menor” de edad, el autor del horrendo crimen podría sólo recibir una pena de seis años de prisión

Róger Olivas

Los parientes de Teresa Anabel Calero Quezada sabían y reprochaban el trato brutal que le daba su compañero de vida, Oscar Danilo Alonso Maradiaga, quien llegó al extremo de propinarle una paliza cuando ella estaba embarazada de la hija de ambos, sin embargo, el criterio de esta familia religiosa es que si la jovencita era “decente”, debía quedarse siempre al lado de su marido

CHICHIGALPA, CHINANDEGA
La noche del 14 de agosto de 2005, en plena celebración de la Gritería Chiquita o de Penitencia, Oscar Danilo vapuleó sin piedad a Teresa Anabel, entonces de 15 años, sin importarle que estuviera embarazada de la hija de ambos. El acto de salvajismo sería un ensayo de lo que ocurriría menos de un año después, cuando la víctima fue asesinada atrozmente.
Un año de sufrimiento que incluyó palizas, insultos y desprecios, recibió esta jovencita, que habitaba en la comarca La Cuitanca Sur, rodeada de cañaverales y cercana a la ciudad de Chichigalpa, a manos de su ex “amado”, quien negó a su pequeña Xóchitl Paola Calero Quezada, la niña que actualmente tiene diez meses y quien nunca recibió un centavo de parte de su padre.
“Ese hombre peleaba constantemente con mi nieta, escuchaba cuando la golpeaba con odio, y le tapaba la boca para que no gritara, me daba mucho pesar. Siempre la aconsejaba para que lo dejara, porque no le convenía... siempre le miré cara de malo, pero desgraciadamente ella nunca me obedeció”, lamentó María del Carmen Morales Sánchez.
La campesina aseguró que crió desde pequeña a Teresa Anabel, y anhelaba que cursara una carrera profesional para asegurarle un buen futuro a su hijita, lo que la joven madre no pudo lograr.
Suspira con tristeza, pierde la mirada en el horizonte y recuerda que la mañana del sábado cinco de agosto chapodó, junto a su adorada nieta, el patio de su casa, y conversó por última vez con ella, a quien le dijo: “Hijita, no le hagás caso a ese hombre, que es borracho y te da mala vida. Si te veo junto a él, te voy a pegar. Y me respondió: “Es el padre de mi hija, y no voy a rodar con otro hombre”.
Contradictoriamente, doña María del Carmen aprobó la opinión de la adolescente, porque como evangélica considera que las mujeres deben ser “honradas”, quedándose con el primer marido, pero le recomendó tener cuidado ante el comportamiento del peligroso sujeto.
Grave advertencia
La tarde de ese mismo sábado, furioso y cegado por los celos, Óscar Danilo Alonso Maradiaga, de oficio cortador de caña, intentó tomar por la fuerza a Teresa Anabel, de la cual se había separado hace un año, pero la muchacha lo rechazó, por lo que el sujeto le advirtió: “Vas a ver lo que te va a pasar mañana”.
A las seis de la mañana del domingo seis de agosto, este campesino, originario de la comarca El Socorro, cumplió su promesa, al emboscar a su ex cónyuge, a quien violó, mordió la mama derecha y asesinó cruelmente en un cauce del mismo sector.
El cadáver fue encontrado semidesnudo, en estado de descomposición y boca arriba, con un pantalón azul encima, una blusa floreada al lado, unos zapatos negros y una mochila oscura con las iniciales de la víctima.
Tras breves investigaciones, la Policía capturó al único sospechoso del horrendo crimen, el mismo Alonso Maradiaga, quien confesó ser el autor ante oficiales de investigación de la Policía de Chinandega y Chichigalpa, pero cuando este redactor intentó entrevistarlo, fue impedido por su abogado defensor, quien presentó una partida de nacimiento la cual detalla que su defendido cumplirá 18 años hasta el 18 de septiembre.
Alonso Maradiaga, capturado por una patrulla policial a las seis y media de la tarde del lunes siete de agosto, en la comarca Cosmapa, cuando huía hacia Chinandega, dijo escuetamente que no sabe por qué cometió el hecho sangriento, y enseguida fue trasladado a las celdas preventivas de Chinandega y remitido a la orden de la Fiscalía y Juzgado de la Niñez y Adolescencia de este departamento.
Nunca esperaron desenlace fatal
Entre sollozos y cargando a su nieta, Cándida Rosa Quezada Morales dijo que en múltiples ocasiones aconsejó a su hija, Teresa Anabel, ante el constante maltrato físico que le daba su desalmado yerno, quien ingería demasiado licor y presuntamente fumaba marihuana junto a varios “amigos”.
La adolorida progenitora afirmó que a pesar de conocer este problema, nunca entorpeció la vida marital de su hija menor con ese individuo que en una oportunidad la insultó con lo más “exquisito” de su vocabulario. Sin embargo, por su fe cristiana admitió que quiso como un hijo a Alonso Maradiaga, al cual dice no odiar, pero exige que pague por el crimen cometido.
Por su lado, Estebana Carolina Calero Quezada manifestó que mantuvo excelente comunicación con su hermana, a quien siempre aconsejó. Esta joven campesina no cree que su hermana haya estado realmente enamorada del victimario, y por el contrario opina que convivió con él debido a que le sentía mucho temor.
Madre e hija coinciden en que fueron testigos de la forma cruel como el cortador de caña maltrataba a Teresa Anabel, pese a que ya ni siquiera eran pareja, pero jamás esperaron que terminara con su existencia de una manera tan despiadada.

Exigen pena máxima
La abuela de la menor aseguró que el asesino confeso, en una ocasión, emboscó a su propio padre e intentó quitarle la vida en un camino, por lo tanto representa peligro para la sociedad, y exigió que le apliquen 30 años de cárcel. “No me explico por qué ese hombre actuó con tanta crueldad. Desde que mi nieta estaba embarazada parece que se enfurecía por celos, lo cual es extraño, porque mi muchachita era muy honrada”, apuntó.
En similares términos se pronunció Laura Isabel Quezada Morales, tía de la joven asesinada, quien dijo que es injusto que le impongan seis años de cárcel al criminal, amparado en el cuestionado Código de la Niñez y la Adolescencia.
A su criterio, Óscar Danilo actuó con ventaja, premeditación y alevosía, porque esperó a su sobrina en el trayecto hacia Chichigalpa, y después que la violó y asesinó, se marchó tranquilamente a bordo de su bicicleta, rumbo a un campo de béisbol, y horas después regresó al lugar para cerciorarse de que estaba muerta. Martina Pozo e Isaura Pichardo, habitantes de la comarca La Cuitanca Sur, dan fe del excelente comportamiento de la adolescente, quien se dedicaba al cuido de su niña y a sus estudios, por lo que también claman justicia y solicitan la pena máxima al asesino confeso, quien próximamente cumplirá la mayoría de edad.
Ante el rumor de que Alonso Maradiaga padece de epilepsia, y cumplirá 18 años hasta mediados de septiembre, por lo que podría recibir únicamente seis años de cárcel, con el dolor que les embarga, Juan Pablo Calero Lacayo y Cándida Rosa Quezada Morales, padres de la jovencita asesinada y mancillada, exigen la aplicación de 30 años de cárcel para que este triste caso no se repita.
El progenitor expresó con mucho coraje que si las autoridades judiciales excarcelan o sólo aplican seis años de cárcel a su ex yerno, hará justicia con sus propias manos si algún día lo encuentra en las calles.
Los chichigalpinos Juana Francisca Silva Castellón, Abel Calero y Enrique Salgado Zapata, entre otros, se sumaron al clamor de justicia, y se pronunciaron por la abolición del Código de la Niñez y la Adolescencia, que a criterio de muchas personas, se ha convertido en licencia para matar.