Sucesos

En Las Minas preocupa ola de violencia

* Diez asesinatos, 18 homicidios dolosos y 105 casos de abigeato hasta junio

Moises Centeno

LAS MINAS, RAAN
Un asesinato, o una persona que resultara lesionada de gravedad, o perpetrar un atraco con armas apuntando a las víctimas, hace cuatro décadas era considerado una conmoción por el raro suceso en Las Minas, Región Autónoma del Atlántico Norte.
Hoy, los abominables crímenes, robos en sus distintas modalidades, violación, plagios, tráfico de droga y resto de delitos, parecen tan comunes en Las Minas --incluyendo Prinzapolka y Mulukukú--, que la mayoría de sus habitantes aseguran que “es tan normal que se aprende a vivir en medio de esas incontrolables realidades”.
Ya casi nadie se horroriza por lo ocurrido a diario. Cuando terminó la guerra contra Somoza, después contra la “Contra”, y luego que el ex presidente Alemán acabó con el FUAC, se pensó que retornaba la paz y tranquilidad a Bonanza, Rosita, Siuna, además de Prinzapolka y Mulukukú.
Sin embargo, “se vive una realidad distinta”, dice con aplomo el catedrático Arsenio Montalván Hernández, quien refiere que apartando la actitud violenta del hombre, descargada de forma escalofriante en Las Minas, “estos municipios caribeños tienen un futuro promisorio por su cultura, por sus esperanzas en el desarrollo y por sus recursos naturales todavía en abundancia”.
¿Violencia foránea?
El licenciado Montalván señala que las familias autóctonas de Las Minas son personas que independientemente de la multietnicidad, históricamente han vivido en armonía y en paz.
Curiosamente, la mayoría de los 28 crímenes que se registran de enero a junio de 2006, y de los cuarenta registrados en los 12 meses del extinto 2005, tuvieron por protagonistas a adversarios o “enemigos a muerte” que en la mayor parte de los casos provienen del norte del país, y utilizan el exuberante territorio de Las Minas para saldar sus cuentas con balas y machetes.
Esa hipótesis tiene su peso al conocerse que un 70 a 80 por ciento de víctimas y victimarios están registrados como oriundos de Matiguás, Río Blanco, Waslala, Bocana de Paiwas, San Pedro del Norte, Matagalpa, Jinotega, Estelí y Managua.
Ese dato curioso preocupa a las autoridades policiales, políticas, asociaciones, empresarios y líderes comunales multiétnicos, por el hecho de que la violencia ha generado más violencia, y en esas condiciones es sumamente difícil encontrar la ansiada tranquilidad y atraer inversiones a la zona.
Guarida de forajidos
Y es que a la par de teñir de sangre estos municipios pertenecientes a la Región Autónoma del Atlántico Norte, también parece ser el territorio en el que se refugia gran número de forajidos de Nicaragua.
Las capturas por distintos delitos que efectúa la Policía indican que la mayor parte de los sujetos pertenecen a municipios ajenos a Las Minas.
El jefe policial en Las Minas, comisionado Domingo Navas Fúnez, durante un encuentro con los distintos sectores sociales de Siuna, Rosita, Bonanza, Prinzapolka y Mulukukú, aseguró que los registros de la actividad delictiva está aumentando, y ello debe ser una preocupación general.
El delito de abigeato, con 105 casos en el semestre de 2006, es la actividad que más se registra. Han ocurrido diez asesinatos y 18 homicidios dolosos. Se reportan 215 delitos contra las personas. 185 faltas contra las personas. 36 denuncias de lesiones graves. 57 casos de violación. Tres denuncias por acoso sexual.
Otros 57 casos de robo con fuerza. 9 robos con violencia. 16 robos con intimidación. 67 casos de hurtos. Y se registran 19 casos contra la libertad individual.
También se reportan 21 casos de daños a la propiedad. Otros 283 casos tipificados como daños contra la propiedad. Dos casos de violación de domicilio. Cinco contra la salud pública. Cinco procesados por tráfico interno de droga. Seis estafas. Un caso de plagio. 17 casos de estupro y cuatro de raptos.
La sociedad civil y autoridades civiles y militares coinciden en que uno de los factores que contribuye a la proliferación de la actividad delictiva en Las Minas es la debilidad del sistema judicial, que sin buscarle más patas al gato beneficia con libertad a la mayoría de los indiciados cuando llegan a los juzgados. Y los liberados “hasta le sacan la lengua a los policías” después que la institución empleó recursos humanos y todos los medios posibles para capturarlos.