Sucesos

Jenny y su tormentosa vida en la drogadicción

* Dos meses y medio después de sufrir graves lesiones por una descarga eléctrica, aún sueña con fumar una “piedra” * Sus padres la abandonaron, sus hermanos también son víctimas del vicio, y ella se ha prostituido y robado para mantener su debilidad * Un ejemplo para que muchos jóvenes y adultos reflexionen y sepan abandonar a tiempo esta penosa senda

Ernesto García

Seguramente, si Jenny María Martínez Robinson tuviera la oportunidad de volver a nacer, no dudaría un instante en tomar el lastimoso camino de la drogadicción, por el cual ha transitado durante 23 tortuosos años de existencia

Aunque su adicción a las drogas la llevó a sufrir todo tipo de calamidades, ultrajes y hasta a “platicar” con la muerte, ya que recibió una descarga eléctrica de 13 mil voltios, por lo que ahora está postrada en su casa, Jenny María confiesa que su principal deseo es volver a probar cocaína base crack, es decir “piedra”.
“Todavía siento el deseo de consumir crack y sueño con estarme fumando una piedra”, confiesa Jenny María, mientras busca como alejarse las moscas que intentan posarse sobre las llagas abiertas por las quemaduras que sufrió hace dos meses y medio, cuando se electrocutó en circunstancias que aún son investigadas por Policía.
El drama de esta joven comenzó desde los cinco años, cuando en vez de jugar a las muñecas o ir al preescolar, como lo hacían las niñas de su edad, ella daba los primeros pasos en el oscuro mundo de las drogas, al experimentar sus primeros “ñatazos”, es decir haber inhalado pegamento de zapatos.
De la gloria al infierno
Esta joven, quien también es madre de dos niñas negadas por sus padres (una tiene nueve años y otra, siete meses), a los cinco años tuvo la oportunidad de “oro” de evitarse mayores sufrimientos en su vida, cuando una piadosa señora la acogió en su hogar por varios meses como si se tratase de sangre de su sangre.
Durante ese tiempo, Jenny María conoció del calor hogareño que sus padres le negaron, pero irónicamente la mujer que le dio el ser fue quien se lo “arrebató”.
Carolina Martínez, prima de Jenny María, recuerda que Lilliam Robinson Baltodano le hizo la vida imposible a la familia que cuidaba de su hija en ese entonces, hasta que logró que le entregaran a la niña.
Aquella desafortunada decisión de la madre de Jenny le trajo más desgracia que felicidad a la pequeña, quien al regresar a casa de sus padres tuvo que convivir en un ambiente de “Sodoma y Gomorra”, subraya Carolina.
Comenzó la tempestad
De regreso en casa de sus padres, Jenny María comenzó a presenciar cómo su madre se sumergía en el alcoholismo hasta perder la casa donde vivía la familia, mientras sus tres hermanos mayores deambulaban en el mundo de la droga.
Jenny María, quien todavía tiene prevista una nueva operación para reconstruirle los tendones de la mano derecha, de la cual perdió dos dedos a consecuencia de las graves quemaduras que sufrió al electrocutarse, recuerda que a los diez años comenzó a pedir dinero en las calles para comprar el vaso de pega.
“Si la gente no me daba dinero yo me subía a los árboles, amenazando con tirarme, o bien me tableteaba (cortarse los pulsos con una cuchilla de afeitar)”, narra Jenny María, mientras en su mirada se reflejan los años de la pesadilla que ha vivido y de la cual parece no querer despertar.
Al fondo del abismo
Todavía no había llegado a su adolescencia cuando Jenny María tocaba fondo, porque además de inhalar pegamento ya hacía “vuelos” para drogadictos del sector del barrio donde nació, es decir, que la mandaban a comprar drogas al expendio de un sujeto apodado “Chico Torta”.
La niña, que para ese entonces tenía 12 años, pero que ya sabía lo que era dormir en la intemperie, a la orilla de una casa, o bien amanecer deambulando por las calles de la ciudad, probó la droga conocida como crack.
“Como yo miraba a los hombres que les compraba la piedra (crack), que la usaban para ‘bañar’ la marihuana, un día les dije que me dieran a probar, y así fue que comenzó a gustarme”, cuenta Jenny María.
Su prima, Carolina, rememora que cuando Jenny María dormía en la calle, a la orilla de su casa, ella sentía mucho pesar, pero siempre la venció el miedo de que ésta la dejara en la calle.
“Yo le preguntaba a ella qué pasaría si yo la dejaba durmiendo dentro de mi casa”, cuenta Carolina. De inmediato la joven “pedrera” responde: “Yo le decía que no me metiera a su casa a dormir, porque me le iba a llevar todo”.
Violada y explotada
En su largo y tormentoso relato de lo que ha sido su convulsa vida, Jenny María cuenta que a la edad de 14 años un “cuarentón”, a quien ella le hacía los “vuelos”, la violó cuando se quedó dormida en una silla. “Cuando yo le reclamé el hombre que me abusó, me dijo: “Vos estás loca, cómo te voy a violar”. A partir de ese momento, la jovencita, quien nunca supo de un queque o de una fotografía el día de su cumpleaños, no sólo siguió conviviendo con su “verdugo”, quien es el padre de su primera hija, sino que se prostituyó.
“Yo seguí teniendo relaciones sexuales con el hombre que me violó, pero también tenía sexo con los hombres que llegaban a esa casa. Él me ofrecía a sus amigos por 20 ó 30 córdobas, o bien yo me acostaba con ellos a cambio que me dieran una piedra”, narró Jenny María, mientras toma un refresco que un tío le llevó.
Una vez sumergida totalmente en el pantano de la droga y la prostitución esta joven recorrió las calles del cartel Santa Ana, ubicado en el barrio del mismo nombre, además de Monseñor Lezcano y Las Malvinas, donde vendió su vulnerado cuerpo al primero que le ofreciera el dinero suficiente para poder comprar crack.
Fue así que Jenny María comenzó a delinquir, robándoles a sus clientes dinero, teléfonos celulares, relojes, cadenas, pulseras y cuanto objeto de valor encontrara en sus bolsillos.
“A un cliente le robé 400 córdobas de la bolsa y todos los compré en piedras (de crack). De las 40 piedras que me dieron, me fumé 15 en media hora y las otras las repartí entre mis amigos”, añadió
Sin escrúpulos
A consecuencia de su “loca carrera” en el oscuro mundo de la drogadicción, a Jenny María no la ha importado dañarse a sí misma y a sus hijas, llevando le peor parte la más pequeña.
Y es que en muchas ocasiones, los pañales que personas bondadosas le regalaban para que cubriera a su bebé, terminaron en un expendio del barrio “Las Malvinas”, donde ella los cambió por crack.
Afortunadamente, la más grande de las niñas, que tiene nueve años, permanece en un albergue donde cuidan a infantes que han sido abandonados por sus padres, mientras la más pequeña es cuidada por Carolina.
La droga no sólo ha llevado “a la orilla de la tumba” a esta morena, quien asegura ser nieta de una leyenda del béisbol nicaragüense, sino también a la cárcel en múltiples ocasiones por la autoría de robos con fuerza, amenazas y hasta lesiones.
Una de las tantas veces que Jenny María estuvo detrás de los barrotes permaneció nueve meses en la Cárcel de Mujeres “La Esperanza”, donde según ella casi practica el lesbianismo. “Compartí pabellón con dos mujeres lesbianas y ya estaba por gustarme la onda cuando me pusieron libre”, comenta.

Enfermera y policía
Carolina Martínez, quien además de tener que cuidar de sus cuatro hijos menores, vela por la niña menor de su prima y de la misma Jenny María desde hace dos meses y medio, ahora hace las veces de enfermera y policía.
“Yo hago aquí las veces de policía, porque estoy pendiente de que no se vaya a la calle a buscar la droga o que algún drogadicto le pase dando algo (crack); y también de enfermera, porque estoy pendiente de su medicamento”, nos confió esta piadosa mujer.
Y no es para menos, porque pese a todo “el holocausto” que ha vivido a lo largo de su tormentosa vida, Jenny María no sólo confiesa que “sueña” con volver a fumarse una piedra, sino que asegura que cuando estuvo agonizando en la Sala de Quemados del Hospital “Lenín Fonseca” muchas veces pensó en huir del centro asistencial para ir en busca de droga.
Ojalá que historias como las de esta desdichada mujer no se repitan, y si hay jóvenes que van por ese camino plagado de espinas se fijen en este triste ejemplo para bien de ellos, su familia y la sociedad.