Sucesos

Mentira de madre despliega arduo operativo policial


Ernesto García

Como mentirosa y encubridora de las raterías de su hijo, Roberto Corea Cano, de 36 años, quedó Teresa Cano, de 63 años, quien coludida con su vástago inventó que éste había sido secuestrado por seis encapuchados y armados de fusil AK en una calle del barrio “Milagro de Dios”.
La mujer mentirosa, que camina con dificultad, denunció en la unidad de Prevención del Delito del barrio “Milagro de Dios” que los supuestos encapuchados en la oscuridad de la madrugada habían secuestrado a Roberto, porque supuestamente se había negado a entregar dos mil 700 córdobas correspondientes a la venta de helados del día anterior.
La farsa de la sexagenaria obligó a la Policía a movilizar a agentes de la Dirección de Auxilio Judicial y de Inteligencia hasta el recóndito asentamiento que se ubica en el extremo suroeste de Managua.
Además de movilizar a personal especializado, la Policía puso en alerta a todos sus patrulleros y les dijo que tuvieran cuidado con un carro café, porque en el mismo se movilizaban seis tipos armados de fusiles Ak.
Sin embargo, la experiencia de muchos años les permitió a los detectives de la Dirección de Auxilio Judicial descubrir que el secuestro era una mentira digna de un cuento de “Pancho Madrigal”.
Además, hereje
Además de mentirosa y encubridora de las faltas de su hijo, Teresa Cano también quedó como hereje, porque cuando los agentes policiales le dijeron que su versión no era creíble, se retiró molesta.
“A mí no me importa que los hombres (policías) no me crean, porque a mí lo que me importa es que Cristo me cree, porque él es mi salvación y sabe que estoy lavada con su sangre”, decía a los cuatro vientos la mujer, quien aparentemente es mitómana.
La señora, en un afán por encubrir el auto robo que supuestamente prefabricó su hijo Roberto, llegó al extremo del cinismo de llevar a los policías hasta el lugar donde supuestamente había sido secuestrado su hijo.
Al ver que todas las coartadas que puso a la Policía se le fueron cayendo, Teresa Cano no tuvo más alternativa que confesar que el supuesto secuestro era un invento para justificar la pérdida de los dos mil 700 córdobas y así tener dinero para una deuda que tiene con los dueños de la pequeña empresa “Helados Vida”. Al final la dueña del negocio, María Antonieta Zamora, dispuso no denunciar a Roberto Corea y llegó a un acuerdo con la madre de éste, que le pagaría la antigua deuda en abonos “suaves”.