Sucesos

Brujo “hace aparecer” anillo y dinero de clienta


Lizbeth García

Un buen fin tuvo el juicio que por estafa se le seguía a Magdaleno Ponce Martínez, quien “hizo aparecer” ochocientos córdobas para cubrir los 150 córdobas y el anillo de graduación que Johana Isabel Oviedo le entregó días atrás para que le hiciera “una limpia”.
El juicio quedó cerrado en la audiencia inicial, y la enseñanza que le dejó el mismo a la dama es no creer en nadie, ni siquiera en los que se dicen amigos, porque uno puede ser engañado.
El acusado supuestamente se le acercó diciéndole que aunque no la conocía “presentía” que le estaban haciendo maldad, porque el dinero no le rendía y que tenía un marido que no la quería, “pero yo no tengo marido”, apuntó la dama, al recordar la forma en que el supuesto brujo la abordó.
El huevo relleno con alfileres
La víctima relató que un día después, el seis de enero, el acusado se le presentó en su casa, ubicada en el barrio El Laberinto, y la mandó a comprar un huevo, “pero él anda dentro de la camisa un “huevo curado” al que le quiebran la puntita, le meten las nueve agujas adentro y después lo sellan con masilla de dientes”, relata la mujer.
Por eso, cuando ella volvió la cara hacia otro lado para ver las enchiladas que estaba friendo y que se le estaban quemando, el sospechoso cambió el huevo curado por el que ella le entregó, “y por eso cuando yo lo quiebro aparecieron las nueve agujas, y yo dije: “¡El gran poder de Dios nos ampare y me favorezca!”
Luego, el hombre supuestamente le dijo que tenía que bañarse con “Siete Machos”, Agua de Florida y purificar el dinero y las prendas, para lo cual ella le entregó el anillo.
“Yo le dije que no tenía reales, pero él me dijo que le dijera a alguien que me lo prestara, y la burra agarra y le dije a mi amiga que me prestara 200 pesos”, apuntó la dama al recordar que después se quitó el anillo de graduación para que el acusado hiciera el motetito donde supuestamente estaban el dinero y la joya.
La víctima recordó que luego el sospechoso perfumó el paquete y le dijo que hiciera tres cruces por delante, y luego, que le iba a hacer dos cruces más por la espalda, “pero cuando me hace por la espalda, me quedé con la desconfianza que ahí él cambió el pañuelo con las tres piedras y el que yo le había dado con los reales. Yo me quedé con la duda, pero él me dijo que cuidado lo iba a abrir. Yo sentía temor por las agujas que había visto y sentía temor porque me fuese a salir algo”.