Sucesos

El ingenio de la delincuencia

Si el ingenio que practican los reos para fabricar armas en situaciones adversas en los presidios fuese empleado para ser ciudadanos ejemplares, además de evitarles penas a sus seres queridos, quizás ya le hubiesen dado a Nicaragua un lugar privilegiado en el mundo de la industria

Ernesto García

* La primera vez que un arma carcelaria “saltó a la fama”, fue cuando un reo intentó apuñalar a un juez, en una visita al Penitenciario
* Cuánto cuesta internamente un arma de éstas, cómo se fabrican, cómo se utilizan y quiénes las portan

Transcurre el año 1992 y el reo hasta ese entonces desconocido, Dixon Logan, saca a luz pública un arma “carcelaria”, tallada con sus propias manos en la propia Cárcel Modelo de Tipitapa, e intenta matar con ella al entonces juez Primero de Distrito del Crimen de Managua, Germán Vásquez.
Aunque las llamadas armas “carcelarias” son tan antiguas como los penales, fue esa la primera vez que se vio uno de esos artefactos en público hace 14 años, cuando se ocurrió dicho incidente, reconoció el subalcaide Leonardo González.
Catorce años después de ese atentado, el ex juez Vázquez recuerda, como si fuera hoy, esos hechos, expresando que le debe la vida al oficial del Sistema Penitenciario Nacional (SPN), quien se abalanzó sobre Logan.
“El hombre exigía que yo le leyera la sentencia por otro delito que había cometido dentro de la prisión, y cuando se le abrió la puerta, se buscó el arma que ocultaba bajo la camisa y gritaba: ‘¡Hoy te voy a matar!’”, recuerda el ex juez capitalino.
Cobran actualidad
Aunque después de ese grave incidente las armas “carcelarias” siguieron siendo únicamente conocidas en el mundo penitenciario, las mismas han cobrado notoriedad pública, luego del amotinamiento de varios presos de la Galería 10 en la Cárcel Modelo de Tipitapa, el pasado lunes.
El subalcaide González dijo que las armas carcelarias, además de ser parte de la historia de cualquier penal del mundo, “porque los reos siempre viven conspirando para violentar el sistema de seguridad”, históricamente sólo han sido fabricadas por los delincuentes comunes.
En la actualidad, la fabricación de estos artefactos se ha convertido en una tarea fácil por el avanzado deterioro del principal penal del país, el cual tiene una capacidad para mil 500 privados de libertad y que fue construido hace 40 años.
Para la fabricación de estas armas, los reos se valen de cualquier medio y son capaces de escarbar en una pared como si se tratarán de ardillas desastillando la corteza de un árbol.
La “Rojita” y la “Cazadora”
Aunque son variadas las armas que fabrican los reos llamados “inadaptados”, las más populares entre la población penal son la “Rojita” y la “Cazadora”, señaló el subalcaide González.
Como las autoridades penitenciarias utilizan pernos en vez de candados para asegurar las celdas, donde están los reclusos, por razones de ahorro, los reos que fabrican este tipo de armas se las han ingeniado para elaborar un artefacto que ellos le llaman la “Rojita”.
La “Rojita” es básicamente una llave “hechiza” que los internos elaboran con trozos de tubos metálicos que extraen de las mismas tuberías, la cual después adhieren a un envase plástico de gaseosa, explicó González.
Una vez adherida la botella plástica a la llave “hechiza”, éstos le prenden fuego y presionan los puntos de soldadura de los barrotes de la celda que con el calor que produce la “Rojita” se desprenden paulatinamente.
Después, esos mismos barrotes son convertidos en peligrosos punzones o verduguillos, que en algunas ocasiones ocupan para agredir o para defenderse de sus rivales, señaló el segundo jefe del penal.
La otra arma muy conocida entre los privados de libertad es la “Cazadora”, la cual consiste en una cuerda que en uno de sus extremos lleva una pelota hecha de calcetín y en el otro una pichinga forrada con bolsas plásticas.
La “Cazadora”, más que un arma carcelaria, es un medio a través del cual se transporta de una galería a otro uno de esos artefactos, subrayó la fuente penitenciaria.
“La punta donde va la pelota la tiran de una galería a otra, después, a través de un lento movimiento de traslación, la otra punta donde va sujetada la pichinga es llevada hasta donde está quien recibió el extremo de donde se sujeta la pelota, quien finalmente recibe el envase plástico con un punzón o cualquier tipo de arma blanca en su interior”, explicó González.
Piso y paredes usados como esmeril
El jefe del penal de Tipitapa, alcaide José René Tercero, dijo que los reos que fabrican este tipo de armas utilizan las paredes y el piso de las celdas como esmeriles o “mollejones”, donde afilan los barrotes que arrancan de las celdas, para convertirlos en peligrosas armas cortopunzantes.
Además del piso y las paredes, los reclusos que hacen este tipo de armas también ocupan como esmeril las ventanas de las galerías, “porque tienen un borde bien fino”, dijo un ex presidiario, del que por razones obvias no revelamos su identidad.
Armas son comercializadas
Los reclusos, para la fabricación de sus armas, también utilizan como materia prima los bordes metálicos de ventanas, parrillas de abanicos y las varillas de las partes bajas de los pupitres donde ponen sus cuadernos, en el caso de los que estudian, dichos materiales los arrancan al menor descuido de las autoridades.
En el caso de la “Cazadora”, también es utilizada para transportar droga de una galería a otra, reveló un ex convicto del principal penal del país y quien estuvo en prisión durante varios meses.
Para terminar la elaboración de un punzón o verduguillo, a un recluso le lleva un tiempo aproximado de quince días, “por las constantes requisas que hacen los oficiales”, dijo el ex reo contactado por EL NUEVO DIARIO.
El dinero de la prisión
Como en la vida nada es gratis, en la cárcel esa regla se cumple a carta cabal y por eso, quien no saben fabricar uno de esos objetos y considera que necesita del mismo, tiene que pagar uno o dos cartones de cigarro y en otros casos, varias Sopas Maggi, dijo el entrevistado.
Preguntado acerca de por qué les toma mucho tiempo elaborar un arma “carcelaria”, el ex presidiario explicó que la tardanza se debe a que las mismas sólo se pueden fabricar durante la noche, “porque durante el día hay muchos soplones que le dicen a los guardas”.
Además, para evitar que éstas sean descubiertas durante las requisas que se hacen de manera periódica, los reos las hacen circular entre sus grupos o núcleos de pasillo en pasillo.
Para burlar los registros, los reos que consumen droga y que se abastecen desde el exterior del penal, hacen que sus suplidores, que suelen ser familiares o parientes, se las lleven en preservativos ocultos en sus partes íntimas.
“En el caso de los varones que introducen droga, éstos la llevan oculta en el recto, y las mujeres en la vagina, y luego se descargan en los inodoros”, dijo el entrevistado.