Sucesos

Muere ahogado en gesto heroico

* Niño cayó en crecida de río Okonwas, y padrastro le salvó la vida * “Ándate a la casa, pórtate bien, y se un buen hombre de bien, me voy…”, dijo antes de sumergirse

LAS MINAS, RAAN -Yáder Noguera Angulo sólo tiene ocho años, y en su vida ya hay una historia para contar a sus descendientes. Su héroe: José Alfredo Rivas Alcántara, de 23 años, también su padrastro, pereció ahogado tras salvarlo de ahogarse en una poza de agua llamada “El Barbudo”, en el manso río conocido como Okonwas, localizado a 18 kilómetros en el noreste del municipio de Rosita, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
Familiares del heroico padrastro refieren que junto a su pequeño hijastro regresaba de la huerta, que dista a cuatro kilómetros del humilde hogar ubicado en el caserío llamado Okonwas, cuando al pasar por la orilla del mencionado río el niño se deslizó y cayó en la profunda poza “El Barbudo”, donde desesperadamente luchaba con la parca.
Lo manifestado por el niño es que José Alfredo, sumamente agitado y sin pensarla dos veces, y desde una altura de doce metros, se lanzó a la poza.
Dentro del agua tomó al niño de la cintura, para que la cabeza saliera a la superficie y pudiese respirar, y braceó con la otra mano, hasta acercarlo a la arena, donde el menor pudo sostenerse en pie. Mientras el padrastro todavía flotaba.
Lamentablemente, en el primer intento por salir de la poza, el valiente padrastro al parecer sufrió un calambre que se extendió hasta la pantorrilla, lo cual limitó su fuerza y su pretensión por llegar a sostenerse en tierra firme.
Cuando José Alfredo sintió que su cuerpo lo había traicionado e instantáneamente era jalado por la muerte dentro del río, de forma dramática le dijo a su entenadito: “Ándate a la casa, corre, pórtate bien y se un hombre de bien, me voy…”.
Enseguida, su cuerpo fue tragado por las aguas de “El Barbudo”, en el río Okonwas, donde dos horas después, cuando el niño avisó de lo ocurrido a su madre, la cónyuge del infortunado, además de los hermanos, llegó al lugar, pero ya no había nada por hacer.
El cuerpo de José Alfredo Rivas Alcántara flotaba sin vida en la poza, la que a partir de ahora recordará el menor por el resto de su existencia, debido a los deseos de bien encomendados por su heroico padrastro, a quien le debe su tierna vida.