Sucesos

"El Chino": una historia para no repetir

* Nacido de madre adolescente, y rechazado siempre por su padre, se convirtió en drogadicto a los nueve años * Pese a las palabras y al trabajo abnegado de su progenitora, no escuchó consejos

La mitad de su corta y tormentosa vida, que no se extendió más allá de los 20 años, Alberto Reyes Godínez la vivió sumergido en el oscuro mundo de las drogas.

Aunque su madre, una mujer de frágil contextura, luchó sola por hacerlo un hombre de bien, desde que lo tenía en su vientre, “El Chino”, como también se le conocía, nunca hizo nada por recompensar el sacrificio de su progenitora.
Alberto Reyes Godínez, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en el fondo de un cauce cubierto de basura y sobre una corriente de aguas servidas, a inicios de esta semana, en el asentamiento 13 de Mayo, es el vivo reflejo de aquellos hijos que cierran su mente y su corazón a los divinos consejos de la madre.
Mirna Ivania Reyes Godínez, quien aún siendo una adolescente de 15 años trajo al mundo al que en vez de ser su alegría fue su tormento durante 20 años, recuerda como si fuera hoy, la terrible sorpresa que se llevó cuando descubrió a Alberto, aún un niño de nueve o diez años, inhalando pegamento.
“Cuando descubrí que olía pega casi lo ahorqué y le dije: ¿Por qué me pagás de esta manera, si yo trabajo lavando y planchando para que no te falte nada?”, recuerda Mirna Ivania.
Cambió los libros por la droga
Aunque en los primeros años de su infancia “El Chino” se comportó como cualquier otro niño de su edad, cuando llegó a los nueve años comenzó a comportarse de manera extraña.
“Yo lo mandaba a la escuela, pero él vendía los cuadernos y los libros para andar con sus gavillas por malos pasos”, relató la atribulada mujer, para quien ni con la muerte de su vástago ha llegado el alivio.
Tanto la madre de Carlos Alberto como sus vecinos, que lo vieron crecer en las estrechas y polvorientas calles del barrio 13 de Mayo, señalan a los sujetos apodados “Colmena “, “Patota” y “El Zorro”, como los culpables de haber sumergido a Reyes en el terrible mundo de la drogadicción.
Según doña Mirna Ivania, quien también es madre de otras cuatro niñas procreadas con su segunda pareja, los sujetos antes mencionados aprovechaban cuando ella salía a lavar y planchar para inducir a su hijo por el mal camino.
Tres veces presos
Durante su escabrosa existencia terrenal, “El Chino” visitó la cárcel tres veces, y en una de ellas estuvo tras los barrotes siete meses y medio, pagando una pena impuesta por haber cometido robo con intimidación en perjuicio de los dueños de un carro que estaba estacionado en una calle de Jardines de Veracruz.
“Lo que pasó en esa ocasión es que se la montaron los mismos que lo mandaban a hacer el vuelo (comprar la droga), para no ser ellos quienes tuvieran que ir a la cárcel por el robo”, relató una vecina que guarda un gran aprecio por este joven, cuya vida estuvo marcada por el infortunio que él mismo se encargó de forjar.
Paradójicamente, los meses que estuvo interno en la Cárcel Modelo, “El Chino” mostró una mejor apariencia física y mental, como lo demuestra una fotografía que guarda su madre, de cuando el joven estuvo en el reclusorio.
Tropezó con la misma piedra
Aunque alguna vez, probablemente, este muchacho intentó emerger del “pantano” de las drogas aceptando ingresar a un centro de rehabilitación para adictos a las sustancias alucinógenas, su esfuerzo resultó vano, porque lo destruyó tropezando con la misma piedra al poco tiempo.
“El Chino” estuvo hace unos tres años internado en un centro de rehabilitación de Remar, en Masatepe, donde han pasado por iguales procesos figuras públicas que también han puesto en peligro su vida y la tranquilidad de su familia por la adicción a las drogas.
“Cuando él regresó de Remar vino totalmente transformado, con otra mentalidad de superarse en la vida”, relató una vecina que prefirió el anonimato.
Sin embargo, a los siete meses de haber regresado al barrio que lo vio crecer, Alberto Reyes Godínez recayó en el alcohol y las drogas, vicios de los que nunca más volvió a salir, hasta el día de su muerte.
¿Crimen o accidente?
Aunque en un inicio se creyó que la muerte de “El Chino” fue causada por un accidente, su atribulada madre ahora cree que hubo mano criminal.
Su sospecha se fundamenta en que según el acta de defunción que emitió el forense Walter Aragón, la causa de su deceso fue asfixia por vía mecánica, es decir, que probablemente fue estrangulado o sumergido en la corriente de agua sobre la cual fue encontrado su cadáver.
Sin embargo, las autoridades policiales de la Estación Cinco aclararon que el término asfixia mecánica, del cual se hace mención en el acta de defunción, “es que el galeno está pidiendo información sobre si la muerte fue por esa vía”.
Tal como vivió, murió
Alberto Reyes Godínez --a quien su padre jamás reconoció, y ni siquiera se dignó a acompañarlo en su vela, y menos en el sepelio-- recibió cristiana sepultura por la ayuda generosa de sus vecinos.
“El Chino” siempre vivió en medio de limitaciones económicas, y su despedida de este mundo no fue la excepción, porque para realizar su velorio, los vecinos colaboraron con 602 córdobas, pan, café y sillas; además, una tía --hermana de su padre-- le regaló el ataúd, el cual a ella le obsequiaron en la Alcaldía de Managua.
Remar: "Se equivocó de camino"
Para Eric Barrientos, Director de Comunicaciones del Organismo No Gubernamental, Rehabilitación de los Marginados (Remar), lo sucedido con “El Chino” únicamente refleja que éste se equivocó al retornar al mismo barrio y con las mismas amistades que lo lanzaron al abismo de la drogadicción.
“Cuando los jóvenes rehabilitados no siguen con su terapia espiritual, asistiendo al templo de Remar o a cualquier otro sitio religioso y retornan al mismo ambiente, están propensos a recaer en el vicio”, explicó Barrientos.
Para el portavoz de Remar, de lo sucedido a Reyes Godínez el único responsable fue el mismo joven, porque tuvo la oportunidad de reconstruir su vida, pero prefirió escoger la ruta equivocada.
Aunque “El Chino” es el principal responsable del triste final de su corta existencia, al personal de esa institución altruista la muerte de éste lo llena de tristeza, porque se trata de una persona a quien trataron de encauzar por el camino correcto.