Sucesos

Los policías también lloran

* Una profesión que se lleva en el corazón y que le hacía cumplir con dedicación todas las labores encomendadas * Amoroso padre de cuatro niños, que hoy lloran su ausencia

Ernesto García

Los antimotines, esos hombres de aspecto rudo y mirada fiera, acostumbrados a poner el orden a como dé lugar. Llamados por algunos “Los Robocop”, comparándolos con el policía mitad robot, mitad humano, creado por Hollywood, también tienen alma y lloran a sus muertos

Así lo testimonian los principales jefes de la Brigada Especial, pocos días después de la muerte del suboficial mayor René Antonio Palacios Solórzano, de 34 años, quien falleció la tarde del pasado 30 de noviembre en el cumplimiento de su deber enfrentado a una pareja de delincuentes en la carretera Diriamba-La Boquita.
“Nosotros también lloramos a nuestros muertos, y René Antonio es de esos compañeros cuya muerte hemos llorado más”, asegura el subcomisionado Douglas Madriz, quien junto a los demás jefes de la Dirección de Operaciones Especiales (DOE) lamentan la pérdida irreparable de Palacios.
De los más recordados
Aunque Palacios no es el primer miembro de la Brigada Especial que muere en el cumplimiento de su deber, seguramente será uno de los más recordados, no sólo porque sirvió a la institución durante más de 11 años, sino por su espíritu de superación, su entrega y valor, aún a costa de su propia vida, resaltó el capitán Marlon Sevilla, segundo jefe de la Brigada Especial.
El vacío dejado por René Antonio Palacios en las filas policiales no sólo se notará por su ausencia física, sino también por su disciplina y disposición a cumplir las más difíciles tareas, se lamentan hoy sus jefes y compañeros de tropas.
Palacios ingresó a la Brigada Especial en 1994, luego de egresar de la Séptimo Curso Básico de la Academia Policial. Yáder Palma, quien fue su compañero de promoción en la Academia de Policía y también en la Brigada Antidisturbios, recuerda que “desde que estábamos en la Academia, René siempre dijo que deseba ser policía antidisturbios, porque esa era su pasión, y después de su familia lo que más amaba era ser policía”.
La tarea de reemplazar a Palacios entre las filas policiales será una misión tan difícil como las múltiples que él llevó a cabo durante más de 11 años, reconoció el capitán Marlon Sevilla, quien fue durante más de siete años su jefe inmediato.
“Reponer a alguien como René Antonio no es nada fácil, porque un policía como él no se hace de un día para otro. Él, además de ser suboficial mayor, era jefe de Grupo Operativo, que es el encargado de garantizar el cumplimiento de las órdenes dadas por el alto mando”, subrayó Sevilla.

Estuvo en todo
Aunque siempre que se habla de policías antidisturbios a éstos se les asocia con la batallas callejeras enfrentando a buseros y a universitarios, a punta de cachiporra y gases lacrimógenos, Palacios al igual que el resto de sus compañeros también hizo las veces del policía humanista, que ayuda a socorrer a quien enfrenta los embates de la naturaleza.
Durante el tiempo que sirvió a la institución policial, Palacios, además de cumplir tareas de restablecer el orden público, también se “fajó” como los grandes en las tareas de evacuación y rescate de los damnificados por el huracán Mitch y los afectados por las erupciones del volcán Cerro Negro, hace diez años.
El recordado agente especialtambién participó en operativos contra el narcotráfico en la región del Caribe y en la desarticulación de bandas de abigeos en el norte y centro, recordaron los que fueron sus jefes.
En reconocimiento a sus múltiples méritos, hace cuatro años estuvo participando en un seminario con sus colegas de Centroamérica en El Salvador, especializándose en técnicas antidisturbios.
¿Y papá Toño?
Mamá, ¿y papá Toño? ¿Cuándo nos vamos a ir a la casita con papá Toño? ¿Dónde es que anda papá Toño? ¿Haciendo un mandado?, son, entre otras, las preguntas que Gloria María García Larios, en muchas ocasiones no puede contestar a sus dos hijas menores, Jennifer Paola y Michell Tatiana, de cuatro y tres años respectivamente, quienes en medio de su inocencia infantil aún no tienen conciencia de la tragedia que los envuelve.
María, como prefiere esta joven mujer que la llamen, o “La Negrita”, como amorosamente la llamaba su marido y padre de sus cuatros hijos, en tono bajo dice que cada vez que sus hijas pequeñas le preguntan por su padre se le hace un nudo en la garganta y un fuerte dolor le desgarra el corazón.
“Viera usted, se me parte el corazón cada vez que las niñas pequeñas me preguntan por su padre, porque a veces no encuentro qué contestarles”, asegura con la voz entrecortada Gloría María.
Si contestar las preguntas de las pequeñas Jennifer Paola y Michell Tatiana es difícil, más dramático es escuchar a la niña de cuatro años decir cuando está comiendo que va a dejar un poquito de su comida para su papá, confiesa esta joven viuda, que dice no saber todavía cómo enfrentar el futuro, ahora que al hombre de su vida y padre de sus hijos se lo arrebató precisamente su pasión por combatir la delincuencia.
En tanto, René Antonio y María del Carmen, los otros dos hijos que procrearon Gloria María y René Antonio, durante los 14 años que convivieron, aunque apenas tienen nueve y ochos años, han enfrentado con madurez la ausencia de su progenitor.
“El niño me dice que él va estudiar duro para cuando yo sea viejita poderme cuidar como su padre le aconsejaba”, dice García, tras recodar que su difunto esposo era “alcahuete” con las niñas, no así con el niño, “porque él decía que al varón había que tratarlo con mano firme, para que fuera como su padre, todo un hombre”, relata la viuda.
Gloria María, quien tras la pérdida inesperada de su marido dice que sólo una vez ha visitado la casa que habitaban en el anexo de Villa Flor, honrará la memoria de su marido cuidando de sus cuatro hijos, a quienes espera ver concluir sus estudios, como él siempre se lo pedía. Mientras habla, la mujer le echa un vistazo al álbum familiar donde están registrados para siempre los momentos felices que como familia pasaron juntos.