Sucesos

La ruta de la muerte

* 38 muertes en accidentes en el mismo tramo de la Panamericana que año con año enluta a muchas familias * Licor, velocidad, imprudencia, una extraña corriente de aire que golpea a los vehículos, todo se confabula para provocar tragedias

Ernesto García

Los miembros de la Dirección General de Bomberos, a la medianoche del próximo 31 de diciembre, probablemente desearán borrar de su mente el 2005, porque será considerado como uno de los años con mayores índices de accidentalidad en Tipitapa

Ni siquiera los bomberos han escapado a la tragedia y a formar parte de esas estadísticas, porque han sido protagonistas en dos de las 38 tragedias automovilísticas acontecidas en las carreteras que comunican a Tipitapa con Managua, Masaya y las regiones norte y central del país.
La primera tragedia que enlutó al cuerpo bomberil sucedió la noche del pasado diez de septiembre, cuando uno de sus más abnegados miembros, Hernán Traña Rodríguez, de 20 años, fue embestido mortalmente por un camión cuyo conductor se dio a la fuga.
En esa triste noche, Traña regresaba a su casa, en el Reparto Vílchez, a bordo de su bicicleta, cuando un grupo de antisociales lo interceptó con intenciones de despojarlo de su velocípedo, cuando circulaba por el kilómetro 49 de la carretera Tipitapa-Masaya.
Como el aguerrido bombero enfrentó a sus agresores, al igual que enfrentaba las llamas en cada uno de los incendios que le tocó sofocar, uno de los atacantes lo lanzó a la vía, justo en el momento en que pasaba como bólido un camión que lo embistió mortalmente y cuyo conductor ni siquiera se detuvo.
Tan sólo a dos meses de la muerte del joven Traña, la desgracia golpeó nuevamente a la familia bomberil, pero esta vez con más crueldad, porque los héroes ahora eran vistos como villanos en una tragedia automovilística.
Resulta que al anochecer del dos de noviembre, día de los fieles difuntos, uno de los “destartalados” camiones IFA de la Dirección General de Bomberos presentó fallas mecánicas y quedó mal estacionado sobre la vía, a la altura del kilómetro 31 de la Carretera Panamericana-Norte.
Éste es uno de los graves problemas que enfrentan estas instituciones de socorro, que no tienen equipos nuevos y modernos por falta de recursos y apoyo del Estado, y se las tienen que arreglar con los pocos equipos viejos que poseen.
Empresario-deportista pierde la vida
En este percance falleció de manera instantánea el joven empresario y deportista Yvo Cuculiza Mántica.
La vida muchas veces está llena de ironía y eso parece haberle sucedido a Yvo y Hernán, que no sólo encontraron la muerte en una carretera, sino que la perdieron cuando trataban de servir a otras personas.
Hernán murió luego de cumplir su jornada de bombero voluntario y de brindar socorro a otras personas, mientras que Yvo se topó con la muerte cuando regresaba de Estelí, luego de visitar a un amigo que sufre de una enfermedad terminal y de realizar obras sociales que patrocinaba.
En el tramo de la desgracia
“Si toma, no maneje, y si maneja, no tome”, pareciera ser un consejo tan antiguo como la humanidad, pero muchos conductores que todavía lo desatienden han tenido que pagar con su vida o la de terceras personas el no haberlo puesto en práctica.
Así lo demuestran las estadísticas de la Dirección de Tránsito de la Policía en Tipitapa, que es uno de los municipios con uno de los porcentajes más alto de muertes por accidentes automovilísticos. En lo que va del año, sólo en Tipitapa se contabilizan 38 víctimas fatales.
De acuerdo al informe brindado a El NUEVO DIARIO por el jefe de la Policía en Tipitapa, subcomisionado Fernando Borge, en al menos siete de los 38 accidentes fatales que se han dado en las tres principales carreteras que comunican a ese municipio con el resto del país, la causa principal ha sido el licor.
Para el jefe de la Policía tipitapeña, muchas vidas podrían haberse salvado con tan sólo una frase: “Papá, no tomés”, porque muchos de los accidentes fatales se producen cuando las familias regresan de una fiesta o un día de paseo y los conductores ingieren licor sin recordar que serán un peligro al volante.
Los peatones y los ciclistas también han pagado en muchas ocasiones un alto costo por circular en estado de ebriedad a la orillas de las carreteras, principalmente en horas de la noche, cuando la visibilidad es casi inexistente.
“Al respecto, se está presentando el fenómeno que algunos trabajadores al salir del trabajo, en la Zona Franca, se quedan en la primera cantina que encuentran y luego en la oscuridad de la noche van haciendo zigzag sobre la vía, a pie o en bicicleta, por lo que son arrollados mortalmente”, comentó el jefe policial.
La mayoría de las tragedias automovilísticas que se han producido sobre la Carretera Panamericana Norte han tenido como escenario el trayecto comprendido entre el kilómetro 14 y el 65, también conocido como “El Tramo de la Muerte”, en donde la fatalidad y la desgracia parecen tener concentrado una especie de “Triángulo de las Bermudas”.
Aunque son diversas las causas que han motivado las tragedias en ese trayecto de la Carretera Panamericana, como siempre el licor ocupa el primer lugar como el causante.
“Lo que sucede es que en el tramo de carretera entre la Garita Norte, ubicada en el kilómetro 14, y el 65, hay varios empalmes con bares y restaurantes por donde los choferes se pasan refrescando (con cerveza) y cuando van por el tercer empalme ya están ebrios”, destacó Borge.
Una extraña corriente
Además, el exceso de velocidad, la imprudencia peatonal, los descuidos, la ansiedad por volver a casa (en el caso de los que vienen del norte hacia Managua) y una extraña onda de aire que puede hacer perder el control del timón, son, entre otras, las causas de la alta accidentalidad en la principal carretera del país.
“Entre Las Maderas y San Benito hay una extraña corriente de aire que con el menor descuido te puede quitar el control del timón, provocando en cualquier momento una tragedia”, dijo el jefe policial, sin esconder su preocupación porque más accidentes se produzcan en estos trechos de la fatalidad.
A las causas antes enumeradas se suma la falta de cortesía de los conductores que no ceden paso, aventajan en donde no deben y en el peor de los casos se ponen a competir en velocidad.
Además, se suma a ello la irresponsabilidad de quienes estacionan sus medios de transporte y la falta de señalización en algunos lugares, incluso sobre la misma vía transitada, sin luces de estacionamiento, triángulos reflectores o señalización de emergencia.
Paupérrima indemnización
La extrema pobreza y el escaso conocimiento de las leyes han empujado a muchas familias de Tipitapa a poner precio a la vida de sus seres queridos muertos bajo las ruedas de un vehículo. Aunque las autoridades policiales de esa ciudad contabilizan 38 muertos por accidentes de tránsito en las carreteras que comunican a Tipitapa con el resto del país, sólo dos de los choferes autores de esa tragedia han sido llevados ante la justicia.
“Aquí lo que prevalece es lo económico, porque la gente en la mayoría de los casos es pobre y al ver que no van recuperar la vida de su familiar optan por llegar a un arreglo”, comentó la jueza Local Penal de Tipitapa, Rosario Montenegro Chamorro.
En efecto, de 17 casos que se tramitaron en el año 2004 por homicidio culposo, sólo en dos casos se llegó hasta la sentencia, porque en los otros casos los familiares de las víctimas prefirieron llegar a acuerdos con los choferes que causaron el accidente.
La titular del Juzgado Local Penal de Tipitapa recordó que una familia del sector de Las Canoas, que perdió a un familiar en un accidente de tránsito, terminó aceptando una indemnización inferior a la que tenía derecho, por desconocimiento de la ley y porque no tenían cómo proseguir con el juicio.
En la mayoría de los casos los familiares de las víctimas terminan retirando la acusación contra quien terminó con la vida de su familiar, luego de recibir una paga que oscila entre los cinco y diez mil córdobas, pero también ha habido quienes han aceptado hasta menos de dos mil córdobas “porque con eso pagarían el féretro”, comentó con pesar el jefe de la Policía de Tipitapa, subcomisionado Fernando Borge.