Sucesos

Triple asesinato donde “la vida no vale nada”

* Víctimas son una joven madre, su hijo de cinco años y su hermano * Asesino era amigo y los mató para robarles, en una comarca de El Tortuguero

EL TORTUGUERO, RAAS
Muy adolorido, Gumersindo González, de 35 años, viajó día y medio desde la comarca Belén al poblado de Wapí, municipio de El Rama, para informar a EL NUEVO DIARIO que un individuo a quien él le había dado hospitalidad en su vivienda, pues lo consideraba su amigo, acabó con su familia.
Expresa el adolorido hombre que cuando él regresaba en horas de la tarde de su trabajo, se encontró con la terrible escena: su esposa, Hilda Urbina, de 25 años; su hijo, Gumersindo González Urbina, de cinco años; y su cuñado, Oswaldo Urbina, de 18, hermano de su esposa, estaban en el suelo de su casa, muertos, con machetazos y balazos en diferentes partes de sus cuerpos.
Con toda la angustia el pobre hombre dio aviso a sus vecinos más cercanos, quienes corrieron a brindarles el apoyo necesario a su vecino.
¿Y el posante?
Lo raro del caso es que el amigo a quien le habían dado morada y comida por varios años desapareció. Las pertenencias de éste no estaban, al igual que las pertenencias en buen estado de su familia estaban desaparecidas.
Por todo lo ocurrido y las evidencias mostradas, se supone que el principal sospechoso como autor de este triple asesinato es Socorro Martínez Delgadillo, de unos 35 años, quien desde el día del macabro hecho desapareció de la zona.
Los hechos sangrientos ocurrieron en la comarca Belén, del municipio de El Tortuguero, situado a mediodía de camino en la profundidad del campo, al oeste de este poblado, y a día y medio de camino a lomo de mula del municipio de El Rama.
Inútil búsqueda de justicia
Gumersindo refirió que no ha recibido ninguna ayuda de las fuerzas armadas, llámese Policía o Ejército, ni ha interpuesto formal denuncia porque de todas formas, si la Policía llega, lo primero que a uno le piden es que vaya a presentar la denuncia hasta El Tortuguero, “pero cuando uno llega le piden dos o tres testigos, y en este caso nadie miró al asesino aniquilando a mi familia, por lo que de nada sirve perder tiempo en poner denuncias”, expresó el humilde campesino.
Agrega: “En nuestras comunidades la vida no vale nada, no poseemos protección ciudadana, nos roban nuestros bienes, nos violan a nuestras mujeres e hijas, nos matan nuestras familias y nadie nos defiende. Lo único que nos queda es hacer justicia por nuestra cuenta”, expresó sin poder contener las lágrimas.
Consultamos a Relaciones Públicas de la delegación de Policía regional de la RAAS en Bluefields, donde nos expresaron que no tenían conocimiento de esta matanza, porque nadie la había reportado ni denunciado, pero que tratarían de investigar estos hechos.
Los cuerpos fueron velados y sepultados en Belén, con el apoyo de los habitantes de la comunidad.