Sucesos

Sobredosis mortal

* Joven muere intoxicada porque supuestamente se tragó el “crack” que los antinarcóticos andaban buscando * Las autoridades tipificaron el caso como suicidio

Lesbia Lisseth Martínez, de 18 años, se convirtió en la tercera víctima de la ola de suicidios que este fin de semana “azotó” la capital.
La joven falleció en el Hospital “Antonio Lenín Fonseca”, adonde fue llevada porque después de que la Policía allanó su casa en Monseñor Lezcano, el sábado por la tarde, y se llevó detenido a su marido Edwin Santos Granera, de 22 años, empezó a convulsionar.
Un cuñado de la joven explicó que cuando llegó de su trabajo, le avisaron que la muchacha estaba en el hospital. Ahí le informaron que ella quería ver a su marido, por lo que se dirigió a la delegación policial para sacarlo, “pero como nos hicieron esperar demasiado, cuando llegamos nos dieron unos papeles para que la retiráramos, porque ella había muerto por intoxicación”.
Lo irónico del caso es que el marido de la fallecida Lesbia Martínez, ni siquiera se quedó preso, porque como la Policía no encontró drogas en su casa, salió tras el pago de una multa de 300 córdobas que su hermano cubrió.
La joven, originaria de León, dejó a dos niños en la orfandad: Edwin y Erving Granera.
La segunda víctima de la ola suicida fue Oscar Martín Bonilla, de 18 años, quien en su tercer intento, ayer se suicidó colgándose con una sábana en su casa, ubicada en el barrio El Recreo, de la Óptica Pereira dos cuadras al sur y una arriba.
Doña María Elena Sandoval explicó que su hijo tenía problemas con su mujer, Jessenia Alvarado, porque días atrás su suegra lo había acusado por el robo de un celular y 300 córdobas frente a varias personas.
Cuando Oscar Martín peleaba con su mujer, empezaba a tomar. Precisamente la noche del sábado empezó a beber, y cuando le llamaron la atención pidió que no se metieran en su vida y se encerró en su cuarto, donde ayer domingo fue encontrado su cadáver. Bonilla deja en la orfandad al hijo que su mujer lleva en el vientre, informaron sus familiares.
Maldita falta de empleo
La tercera víctima de la ola suicida fue Juan Pablo García Flores, de 24 años, quien decía que la vida sin trabajo “no valía nada”, por lo que se colgó en su cuarto.
García trabajaba en la Zona Franca, pero dos semanas atrás había dejado de trabajar. El sábado se encerró en su cuarto y nadie supo nada. En la tarde sus hermanos se preocuparon al no verlo, lo buscaron, y descubrieron que la puerta estaba trancada, por lo que la tumbaron, encontrándolo colgado de una faja de nylon verde, la cual se sostenía de una camiseta roja, reveló Rigoberto García Flores.
Este hecho se registró en Sabana Grande, donde la víctima vivía con sus hermanos y hermanas, las que revelaron que su madre había fallecido hace seis años y su papá nunca se ocupó de ellos.