Sucesos

Una muerte anunciada


El jubilado Zacarías Porfirio Ruiz Zelaya se suma a la larga lista de ciudadanos que optan por el suicidio, después que decidió ingerir cuatro pastillas para preservar granos básicos, en la casa de su progenitora, la madrugada de ayer.
Ana López Ruiz, viuda de Zacarías, refirió que el infortunado, de 62 años, optó por quitarse la vida debido a un abono de dos mil córdobas, de un préstamo de seis mil que le hizo hace cinco meses a un hombre que posteriormente falleció, pero la hija de éste continuó realizando los cobros.
La afectada comentó que su marido salió en horas de la mañana del domingo rumbo a casa de su mamá, situada en el grupo ”F” de Villa Venezuela, pues él residía en el grupo “G”.
“El --Zacarías-- me dijo: Si no regreso a la casa, buscame en la mañanita-. No supe lo que quería decirme’”, agregó la viuda.
Por su parte, la anciana Rosa Ruiz Chinchilla, entre sollozos y postrada en una silla de ruedas, relató que su vástago desde hacía tiempo tenía ideas suicidas, pero nunca creyó que iba a cometer “un disparate”.
“La tarde del domingo llegó y me dijo: Aquí veo bien para que hagan la vela”, a lo que la anciana le contestó que sólo locuras hablaba, recuerda abatida por el dolor la mamá de Zacarías.
El suicida dejó escrito con su puño un mensaje donde exhorta a las autoridades policiales a investigar el hecho, pues sus motivos fueron problemas económicos. El hecho se registró del parque de Villa Venezuela, una cuadra al sur, una cuadra al este.
Infarto fulminante
Por otro lado, el vigilante Leonel Edil López Cerna, 38 años, fue encontrado sin vida por la dueña del Taller de Repuestos y Servicios Automotrices Gómez, situado en las cercanías del Mercado “Israel Lewites”. López Cerna antes trabajaba como vigilante de calle, pero hace seis meses logró ubicarse en dicho taller.
El teniente Manuel Campos, jefe de Información y Análisis del Distrito Tres, dijo: “Presumimos que puede haber sido un infarto. Será hasta que el Instituto de Medicina Legal entregue el dictamen que sabremos la causa exacta”.
El fallecido habitaba en el barrio “El Madroño”, y su mamá, doña Bertilda Cerna, en su dolor, culpaba a un hombre conocido como “El Charral”, pues aseguraba que éste le tenía envidia a su hijo, pese a que el cuerpo no presentaba signos de violencia.