Salud y Sexualidad

Maestros de la seducción


Para seducir existen reglas. No todo vale. En la seducción, tratamos de hacer entender al otro a partir de palabras, actitudes y gestos que estamos dispuestos a interaccionar. O sea, entran en juego todas nuestras habilidades, tanto en referencia a la comunicación verbal como a la no verbal.
Utilizamos la mirada, la sonrisa, el movimiento del cuerpo... damos información de lo que somos a través de nuestra manera de vestir, de beber, de fumar, de sentarnos, de reír... pero también advertimos de quién se puede acercar o no.
Al margen de esto, necesitamos saber hablar, dirigirnos al otro, mostrarle que lo que piensa nos interesa (aunque en ocasiones, esto no es del todo cierto). Hablar de cosas que conocemos, o de cosas que compartimos en ese mismo instante, puede ser un buen inicio para una aproximación.

La seducción es un juego
No es necesario que, en un principio, intentemos demostrar al otro todo lo que valemos a través de una sola frase. De hecho, no podremos encontrar, en cuestión de segundos, las palabras adecuadas para maravillar al otro, para dejarle entrever todo lo que somos y lo que sabemos. Es bastante habitual que, entre el tiempo que elaboras la frase y el que tardas en atreverte a decirla, el otro ya se haya marchado. Hay veces que es mucho más efectivo algo tan sencillo como un “hola”, que una frase manida y demasiado rimbombante.
Para demostrar que estamos dispuestos a establecer algún tipo de contacto, lo mejor que podemos hacer es:
* Mirar al otro: No de una manera directa, sobre todo al principio, cuando aún no hemos entablado el contacto; las miraditas furtivas son más efectivas. Cuando ya estemos hablando, mirar a los ojos del otro será fundamental.
* Sonreír: Al principio, es el signo inequívoco de que nos podemos acercar. Es la puerta de entrada a la interacción.
* Comunicarnos: Explicar cosas de nosotros mismos pero también interesarnos por las del otro. Hacer movimientos afirmativos con la cabeza o pequeñas exclamaciones admirativas, o demostrar interés por lo que dice o hace el otro, serán claves fundamentales para indicar que no sólo sabemos hablar sino que también somos capaces de escuchar.
Hay que ser cuidadosos con todo. Ni demasiado perfume, ni demasiados abalorios, ni demasiada confianza; establecer un contacto no implica traspasar los límites, y mucho menos, si eres un hombre. Recuerda que las mujeres tienen un espacio íntimo superior al tuyo. Por ejemplo, que nos hablen muy cerca de la cara puede resultarnos molesto. Intentar traspasar este espacio, en un primer momento, no es recomendable. Mostrar un cierto interés para después retirarnos para volver a tomar impulso es una buena propuesta para mantener el interés.

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