Salud y Sexualidad

La adopción gay en el siglo XXI


Un día de estos, un canal de cable estaba pasando un documental bastante interesante sobre tres familias, cuyos matrimonios eran de personas del mismo sexo y juntos habían criado hijos. Lo que resultó más llamativo fue que las parejas superaban los cuarenta años y sus respectivos hijos ya eran mayores de edad.
La idea del documental con el título “Tengo padres gay” era explorar la vida de familias “poco comunes” y cómo reaccionan ante los señalamientos de la sociedad por no encajar en el patrón Papá-Mamá.
La primera familia estaba conformada por una pareja lesbiana y su hija de 18 años. Ésta estudiaba en un colegio religioso y en varias ocasiones fue señalada en el colegio por tener dos mamás con opciones sexuales no aceptadas. Es curioso que la hija de ambas fuera presidenta de una asociación de estudiantes homosexuales, cuando ella estaba segura de que se consideraba heterosexual. Tenía novio. La joven comentó que decidió apoyar las causas en pro de la comunidad gay por las discriminaciones que han sufrido sus madres y que deseaba que las nuevas generaciones fueran más tolerantes con las decisiones ajenas. Esta chica era hija biológica de una de las mujeres, quien se había separado de su esposo al quedar embarazada.
La segunda familia estaba liderada por dos hombres gay. Tenían una hija que ambos adoptaron en Estados Unidos. La adolescente comentó que en ningún momento sintió vergüenza de sus amistades por tener dos padres. Tratándose de una mujer, fue difícil explicarle sobre la menstruación y los cambios que experimentaría, sin embargo, ambos lo lograron. Tener dos padres la hizo más respetuosa de las opciones sexuales de las personas, según relataba la chica, quien también en la Universidad era cuestionada sobre su forma de vida, sin embargo, ella aseguraba que se sentía dichosa y orgullosa de lo que sus papás habían hecho.
Se entrelazaban las historias en distintos tiempos, con la historia de una tercera familia. Nuevamente dos mujeres que habían hecho uso de la inseminación artificial para procrear un hijo, y así fue. El chico de 21 años comentó que fue hasta los 15 años que supo que su mamá era lesbiana y quien hasta ese entonces veía como una tía, era su otra mamá. Lo asimiló con naturalidad y en su comunidad todos asumían lo que sucedía en la familia.
El chico dijo ser heterosexual y que en ningún momento se sintió influenciado por la opción sexual de su madre. Amaba a ambas, sin embargo, tenía la necesidad de saber quién era su padre. El joven señalaba que le hubiera gustado saber cómo cambiaría su vida con la figura paterna.
Estas familias forman parte de una realidad que es casi un mito, tabú para las sociedades latinoamericanas. Hace unas semanas una artista mexicana comentó que prefería que un niño muriera de hambre y no ser adoptado por una pareja homosexual. Aunque días después la famosa se retractó evidenció lo que muchas mentes opinan del tema.
Cuando se debate la temática de que los matrimonios del mismo sexo tengan la posibilidad de adoptar se escuchan comentarios como “tengo amigos gay pero no estoy a favor de que adopten”, “apoyo el matrimonio, pero no la adopción”, “si un niño es criado por homosexuales se harán gay también”, “los niños quedan afectados sicológicamente”, y a veces, y sobre todo después de ver la producción estadounidense, me preguntaba qué tan cierto será.
Algunas declaraciones no tienen fundamentos. ¿Cuántos de ustedes, que leyeron este artículo hoy son heterosexuales y tienen hijos con otra opción sexual? Tener una inclinación sexual no es como decidir el tinte del cabello. Vemos día a día en las noticias hijos maltratados e incluso asesinados por sus padres hetero. La violencia y los daños sicológicos no tienen que ver con ser gay o heterosexual. Al final de cuentas, lo que realmente importa es la estabilidad de los hijos, quienes necesitan a su alrededor mucho afecto y apoyo.
En las tres historias se evidenció que no eran los padres quienes afectaban a sus hijos, sino la sociedad junto a una de sus armas traicionera: la moral. Desde nuestra crítica podemos perjudicar, señalar, discriminar, causar daño a algo con lo que no nos identificamos. Esos jóvenes tuvieron una niñez y una adolescencia de lo más normal, sin embargo la insistencia de la sociedad que juzga lo “anormal” era lo que afectaba el desarrollo pleno de sus vidas.

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