Salud y Sexualidad

La unión libre


Dormir y despertar todos los días al lado de esa persona que nos hace palpitar a mil el corazón, forjar sueños y metas juntos, procrear hijos, ir de compras y que los gastos básicos sean un asunto compartido ya no es sólo cosa de esposos.
Con el tiempo, la tradicional idea de que las parejas pueden convivir juntas solo después del matrimonio o que es necesario estar casados para compartir una casa, una cama o una mesa se ha esfumado. Aunque la vida en pareja es tan relativa y no se limita ni se mide por años, edad, color o idioma.
Claro está que el matrimonio no garantiza la felicidad, tampoco la estabilidad. No significa que ambos se harán cenizas y serán enterrados juntos. Tampoco garantiza que el “hasta que la muerte nos separe” sea literalmente cierto. Puede ser más feliz aquella pareja que nunca pisó un altar o estuvo ante un juez. Como les decía, es relativo.
La unión libre o de hecho, como también es conocida, se da cuando una pareja vive como matrimonio estable, sin haberse casado. Se trata de uniones sin ningún vínculo institucional públicamente reconocido, civil o religioso.
El matrimonio es un gran paso, es difícil saber cómo nos irá. Una amiga decía que antes de casarse uno se debe preguntar: “¿estamos preparados para un divorcio y rehacer la vida después?”, si la respuesta es afirmativa entonces podemos dar un sí al Padre, ya que la unión marital no significa que uno le resolverá la vida al otro.
La doctrina católica es tajante con la unión libre, para ella esa situación se da “cuando una pareja vive como si estuviera casada, pero en realidad no lo está. No están casados ni por la Iglesia, ni por lo civil, pero viven en la misma casa y tienen relaciones sexuales”. El catolicismo señala que la unión libre afecta la sociedad y daña la imagen de la familia. Pero digan si uno en la vida estudia, trabaja, come o se enamora para complacer a la sociedad… qué ha hecho la sociedad por nosotros. Sólo nos queda ajustarnos los pantalones y seguir de frente.
Las parejas modernas han adoptado un estilo de vida diferente. Antes de casarse pasan mucho tiempo como novios, llegan a vivir juntos y lo comparten todo. Llevan una vida plena, no es color rosa, pero no sientan la necesidad de firmar un documento porque saben que eso no los hará más ni menos felices. Prefieren estar juntos y que el único compromiso sea la lealtad que hay entre ambos. Ese tiempo juntos les dirá si están preparados para dar el siguiente paso, estarán acostumbrados a hacerse compañía, les permite conocerse.
Mucha gente ve con malos ojos la unión libre porque se piensa que temen al compromiso, o son promiscuos, inmorales, etc., pero ¿cuántos matrimonios exitosos nacieron de noviazgos donde antes de ir al altar o al abogado civil tuvieron una vida de pareja?
Claro está que no significa que por ser una unión “libre” quiere decir que uno anda cambiando de pareja constantemente o se acuestan con cualquiera porque es una relación flexible. Eso tiene otro nombre.
Particularmente, y sé que muchos también consideran de vital importancia conocer bien al hombre o a la mujer con la que vas a compartir el resto de tu vida, con quien hay proyectos de vida, profesional y familiar, esto no se consigue con visitas dominicales vigiladas.
Hay matrimonios que no duran mucho precisamente porque se dan con la piedra en los dientes cuando descubren el compromiso real dentro de la vida en pareja. Otros, en el camino van aprendiendo a patadas, siempre los primeros años son difíciles. Seguramente saben de historias en las que él durante el noviazgo era lo mejor, muy atento, cariñoso, salían a fiestas, compartían con los amigos; se casan y la historia de amor comienza a desencajar.