Salud y Sexualidad

El trago amargo de la infidelidad


¿Te han sido infiel? Realmente es un golpe bajo. Sin embargo, algunas personas no han pasado ese trago amargo con sabor a purgante que nos arruga el corazón.
A veces uno se pone a pensar en las causas, realmente pueden ser muchas. Incluso nosotros podemos ser una. Mirémonos hacia adentro y podremos descubrir muchas cosas. Hay un dicho que dice, el que tiene tienda, que la atienda. Efectivo. Cuántas veces nosotros, teniendo a alguien a nuestro lado olvidamos el valor que tiene para nuestras vidas. El tiempo que le dedicamos es poco, las salidas por la noche son extintas, las expresiones de cariño son frías y ni hablar del sexo. Es lo peor.
Cuando tenemos ese comportamiento ante una persona que busca nuestro amor y simplemente nos bloqueamos, vamos yendo a un precipicio donde no se ve el final. Estamos empujando a nuestra pareja a ser susceptible ante otras palabras de amor. Alguien vendrá y le dirá las cosas que desea oír de nuestra boca. Si somos fríos propiciamos una infidelidad.
Creemos que los hombres son infieles por naturaleza. Pensamos que las mujeres son incapaces de ser infieles, soñamos al decir que la infidelidad se da porque queremos, pero no todo es blanco o negro. Muchas veces hay necesidad de sentir que nos aman, que nos desean. Es normal en el ser humano. Buscamos esa calidez en la persona que nos comprenda. Dice Freud que uno ama lo que quisiera ser, lo que uno fue o es.
Qué nos depara en una relación donde se nos señala, donde sentimos que no tenemos aire, que los celos nos están asfixiando, de hecho los celos son la causa más común. Cuando sin fundamentos juzgamos y atribuimos romances cuando no existen en la realidad, finalmente sí termina sucediendo.
Algunas de mis amigas me preguntan cómo saber si son engañadas. A ciencia cierta es difícil, pero cada mujer conoce a su hombre, lo mejor de todo es que la gran mayoría son pésimos mentirosos. Dicen que salieron con fulana a comer algo, que hicieron horas extras, que el tráfico, que el jefe, que la amiga le besó la camisa, que el perfume de sultana. Bla, bla.
Es un tema bastante complicado, sobre todo cuando estamos enamoradas y somos infieles sin involucrar sentimientos. Es decir, encuentros sexuales sin compromisos. Nadie se salva de ellos. Seamos honestos. Por alli andan muchos que entran a casa aflojándose la corbata fingiendo un día de trabajo duro cuando en realidad fue un “rapidín” ¿Por qué estar en una relación así? ¿Por los hijos? ¿Por el estatus?
Otro tipo de infidelidad, el peor, según mi opinión es cuando alguien ya no nos ama y no se atreve a decirlo y está fingiendo una relación hecha polvo que duele más cuando no se va por lástima. Esa relación no tendría pies y cabezas y pensar en una reconciliación es como un rompecabezas con piezas desiguales.
Lo que nos queda es aferrarnos a nosotros mismos. Ser sinceros. No engañarnos. Abrir los ojos y ver las cosas como realmente son. Generalmente sabemos cuando las cosas no van bien dentro de una relación, sobre todo por la falta de comunicación. Para evitar un largo camino con espinas es mejor afrontar al toro por los cuernos (ya que hablamos de cachos). Y lo importante que debemos tomar en cuánta es que no hay mejor cosa que la lealtad, al diablo con la fidelidad. Infieles podemos ser todos, pero leales, pocos.

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